Hans Krasa nació en Praga el 30 de noviembre de 1899. Su familia, que era adinerada, lo incentivó y generosamente pagó por sus estudios musicales. Su padre incluso contrató conjuntos instrumentales para que Hans escuchara sus composiciones. Krasa estudió con Alexander Zemlinsky en Praga y, en 1921, incluso antes de terminar allí sus estudios en la Academia de Música de Alemania, comenzó a trabajar como entrenador vocal de la Nueva Ópera Alemana. Pasó bastante tiempo en París, donde aprendió a admirar, entre otras cosas, las obras de Igor Stravinsky. Krasa tuvo algunas presentaciones en los Estados Unidos y en Francia en la década de 1920 y varias de sus composiciones fueron publicadas en Viena y en París. Un contacto cercano o incluso casual con sus obras pone de manifiesto a un compositor de excepcional belleza musical y se merece la atención de los intérpretes, del público y de los musicólogos. Krasa tuvo un estilo de vida bastante bohemio y le faltaron oportunidades para escribir más obras, pero eso se contrarresta con la calidad de las piezas que fueron preservadas. De hecho, si Krasa hubiera muerto antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, su nombre merecería el reconocimiento de un artista que enriqueció la música de nuestra época con una serie de composiciones nuevas, originales y significativas. Sin embargo, Krasa no murió antes de la guerra. Después de pasar varios años en Theresienstadt, donde tuvo un rol activo en su vida musical, fue a Auschwitz el 16 de octubre de 1944 (junto con Viktor Ullmann, Pavel Haas y Gideon Klein) y murió inmediatamente en una cámara de gas.

Las obras de Krasa datan de la década de 1920 y 1930 e incluyen varios ciclos de canciones, tanto orquestal como con piano, una sinfonía para orquestas pequeñas, un cuarteto de cuerdas, una cantata, Die Erde ist des Herrn, una ópera, Verlobung in Traum (para un cuento de Dostoevsky) y una pieza de cámara para clavicordio y siete instrumentos.

Aunque hay pocos escritos existentes del compositor, hay un comentario sobre su ópera en el folleto del programa de su única actuación en Praga que también aplica a su música en general:

Si digo que fui influenciado por Schönberg es para subrayar aún más el hecho de que estoy tratando de evitar el vacío que tanto se honra. Trato de escribir de tal manera de que cada compás, cada recitado y cada nota sea necesariamente una parte sólida del todo. Esta lógica, sin la cual toda composición carece de espíritu, puede sin embargo degenerarse en una música científico-matemática si no se le presta atención a la ley de hierro de la ópera, es decir que el sentido y el objetivo de la ópera es el canto. Como compositor moderno, soy lo suficientemente atrevido para escribir música melódica. Esto refleja mi actitud hacia la música, ya sea moderna o cualquier otro estilo. Mi música se basa estrictamente en el concepto de carácter melódico accesible.

Si bien esta calidad melódica es evidente en toda la música de Krasa, en su trabajo hubo desde un principio una tendencia distintiva hacia lo grotesco y una especie de ingenio inclasificable. Esto se refleja no sólo en su elección de los textos de sus canciones orquestales (Opus 1, 1919), en los poemas de Christian Morgenstern, sino también en su don excepcional para la instrumentación, donde la sonoridad, las combinaciones, el uso de percusión e instrumentos solistas crean y mejoran las texturas imaginativas y coloridas, el complejo poliritmo, el ostinato y un sinfín de otras ideas y técnicas notables que se combinan de una manera muy personal. Para ver cómo se percibía su música temprana, se pueden analizar las críticas de su sinfonía de 1923, que obtuvo una serie de actuaciones parciales en Europa y en los Estados Unidos.

Tras la actuación de la Orquesta Sinfónica de Boston, dirigida por Serge Koussevitzky en 1926, Paul Rosenfeld en el Boston Globe caracterizó al compositor como:

un músico checo, veinteañero, de notable individualidad y habilidad... La música de Krasa está escrita en un lenguaje moderno, original y personal pero no forzado. Es curioso que un hombre tan joven pensara y sintiera sin la influencia de los demás.

La singularidad de la música de Krasa se percibe aún más hoy en día, ya que sus composiciones se hicieron conocidas en los últimos años a través numerosas actuaciones y grabaciones y por las publicaciones de sus partituras.