Paul Kling ya había aprendido cincuenta y dos conciertos de violín cuando los nazis invadieron su casa de Berno, en Moravia. A los siete años ya había realizado un concierto de violín de Mozart en La mayor y un concierto de violín de Bach en La menor con la Orquesta Sinfónica de Viena. En 1941, varios meses antes de cumplir los trece años, Kling iba a recibir el equivalente a un título de grado pero fue expulsado de la institución por ser un "elemento indeseable".

Cuando Paul Kling llegó a Theresienstadt (Terezín) el 9 de abril de 1943, a los quince años, las actividades musicales del campo estaban en pleno apogeo. Kling ocultó su violín entre las sábanas que llevó consigo y se sintió afortunado de que no se lo confiscaran a su llegada. No llevó ninguna partitura con él ya que, como dijo en una entrevista en 2002, "había memorizado todo, y no estaba pensando en permanecer allí para pasar unas vacaciones largas”. Cuando llegó, lo designaron para hacer tareas manuales a la intemperie. Sólo recuerda que era un trabajo que no tenía ninguna finalidad y que no le hacía bien a las manos. Tras haber experimentado la versión checa de las leyes de Nuremberg por varios años, las restricciones de Theresienstadt no lo sorprendieron demasiado.

Poco después de su llegada, Kling fue trasladado a un edificio que albergaba sólo gente joven. Esa política del Consejo Judío fue pensada para que los jóvenes pudieran sobrevivir. En Theresienstadt, el Jugendfürsorge (Departamento de Asistencia Juvenil) se estableció con ese propósito. Karel Reiner, un compositor que fue designado para el Departamento de Asistencia Juvenil, supo que Kling era violinista y arregló todo para que Kling se involucrara en las actividades musicales del campo a través del Freizeitgestaltung (Comité de Recreación).

Las SS establecieron el Freizeitgestaltung en el otoño de 1942. Funcionaba como un departamento cultural que desarrollaba programas, proveía instrumentos a los músicos, agendaba conciertos, recitales, cabarets y lecturas de poesía, e incluso organizaba lugares y horarios de práctica para los artistas. Estas actividades culturales estaban permitidas pero eran cuidadosamente supervisadas por el Dr. Friedrich Seidl, el comandante de las SS en Theresienstadt. En su apogeo, el Freizeitgestaltung tuvo 276 miembros, una pequeña minoría de la población total del campo. Charlotte Opfermann, autora de The Art of Darkness (“El arte de la oscuridad”), dudaba de la libertad que el Freizeitgestaltung les daba a los judíos y lo describía como un espejismo supuestamente llevado a cabo por los prisioneros y para ellos. Sin embargo, el establecimiento del Freizeitgestaltung claramente permitió que la vida cultural continuara y que recibiera una plataforma.

Para convertirse en miembros del Freizeitgestaltung, los prisioneros debían presentar una solicitud. Si eran aceptados, tenían derecho a una vivienda especial, a raciones de alimentos adicionales y a menos trabajo arduo. La experiencia de Kling en Theresienstadt, antes de sumarse al Freizeitgestaltung, fue parecida a la de la mayoría de los prisioneros del campo. Sin embargo, cuando Kling tuvo la suerte de ser elegido para el Freizeitgestaltung, pudo pasar sus días practicando, ensayando y tocando en distintos conjuntos. Fue uno de los pocos prisioneros que tuvo el privilegio de desarrollar su talento artístico todo el tiempo, sin que se le exigiera ninguna otra tarea.

Antes de llegar al campo, el repertorio de Kling había sido limitado a presentaciones, conciertos de violín y algunos solos de Bach, incluyendo La Chacona, Fuga en Sol menor y Preludio en Mi mayor. Su sonata se limitaba a la Sonata de Beethoven para piano y violín en La mayor ("Kreutzer") y a la Sonata de Brahms para violín y piano en Sol mayor. En Theresienstadt, Kling dividió su tiempo entre las prácticas a solas y los ensayos con conjuntos y orquestas de cámara. Comenzó a tocar con la orquesta de entretenimiento que se presentaba en la cafetería y también con la orquesta de cuerdas, la orquesta de la ópera y con varios conjuntos de cámara. Cuando más tarde le preguntaron por qué continuaba practicando en ese entorno respondió: "Practicaba para un futuro desconocido... practicaba para mejorar."

Kling tuvo una relación especial y admiración por el pianista Gideon Klein. Klein era alto, buen mozo y "un poco demoníaco", según Kling, que dijo era "una figura fascinante y maravillosa para trabajar en conjunto: un Bernstein checo. Tenía el don de explicar las cosas". Kling tuvo el honor de ser invitado a tocar en un trío de piano con Klein y con Freidrich Mark, un chelista talentoso. Kling tenía poca experiencia en música de cámara, pero Klein estaba comprometido a fomentar el crecimiento de los músicos jóvenes. Juntos tocaron en tríos con piano la obra Opus 70 n° 2 de Beethoven en Mi bemol mayor y la obra Opus 8 de Brahms en Si mayor. "Para mí esos tríos todavía son el plato fuerte -señaló Kling-. Todavía amo tocar Brahms en Si mayor". Viktor Ullmann, compositor y crítico musical de Theresienstadt, evaluó la presentación de los dos tríos con piano y dijo:

La presentación es sobresaliente por su excelente preparación, llevada a cabo por Gideon Klein, quien se ocupó de la parte difícil del piano con el ímpetu y el sentimiento dignos del estilo. Paul Kling hizo un gran debut con el violín; está progresando y es muy talentoso. Freidrich Mark ya demostró varias veces que es un espléndido músico de cámara.

Kling fue también miembro de la Stadtkapelle (la orquesta de la ciudad) dirigida por Peter Deutsch, ex director de la Orquesta Real de Copenhague. Kling recuerda que tocaba "música de entretenimiento" con esta orquesta en la glorieta de la plaza principal. Los alemanes filmaron ese concierto y lo incorporaron en su película de propaganda, Theresienstadt - ein Dokumentarfilm aus dem judische Siedlungsgebiet (“Theresienstadt: un documental del asentamiento judío”). Kling interpretó un popurrí de melodías de Dvorak arregladas para orquesta, incluyendo un extracto del quinteto en La mayor y otras piezas de "salón". Esta orquesta se creó específicamente como parte del embellecimiento del campo durante los preparativos para la visita de la Cruz Roja. "Recuerdo, como si fuera hoy, que sentí que me degradaba tener que tocar en ese marco".

Kling fue el violinista elegido para tocar en la ópera “El Emperador de la Atlántida” de Viktor Ullmann. Fue elegido, según sus propios cálculos, porque "era muy solicitado". Quizás otros violinistas no creían que era lo suficientemente virtuoso o quizás querían "que Kling sufiera con esa obra", dijo a modo de reflexión. Finalmente, la ópera nunca se interpretó en Theresienstadt y terminó siendo el último trabajo en un conjunto musical de Kling, antes de ser enviado a Auschwitz el 28 de septiembre de 1944.

Hay una idea popular que indica que los compositores escribían música como una forma de resistencia contra los nazis. Kling siente que la resistencia no estaba en la mente de ninguno de los compositores de Theresienstadt. Confiesa que su juventud pudo haber hecho que fuera demasiado ingenuo como para reconocer esto en aquel entonces, pero incluso mirando hacia atrás, no cree que ése fuera el propósito detrás de las composiciones.

David Bloch, un musicólogo de la Universidad de Tel Aviv que se especializa en música de Theresienstadt, le preguntó Kling cómo continuó ensayando y tocando en medio de esas terribles condiciones, el hambre y la amenaza de los traslados hacia el Este. Kling respondió que prefería no hablar de la historia y la política de aquella época, que prefería recordar Theresienstadt como una etapa en su desarrollo como violinista. “Por supuesto, yo era tan egocéntrico como cualquiera, profesionalmente hablando, así que lo único que me importaba era poder practicar. Y practicaba en sótanos y tenía amigos que se aseguraban de que yo tuviera un lugar donde practicar”.

Además, agregó Kling,

Creo que especialmente en esos momentos en que uno no sabe cómo será el futuro, hace lo más posible para satisfacerse a sí mismo… Evidentemente era muy joven y optimista por lo que creo habría caído en la categoría de las personas que suponían que existía una vida después de Theresienstadt.

Continuó explicando

No había felicidad. Era supervivencia como ya sabrás. La cultura a menudo es un mecanismo de supervivencia de las naciones, como lo es para los grupos más pequeños… Porque, después de todo, todo el mundo sentía que quizás había más posibilidades de sobrevivir si uno estaba bien de espíritu al menos…

En otra entrevista manifestó: "La gente tenía que sostener una vida civilizada en esas condiciones y necesitaba algo más aparte del idioma. Se necesitaba cultura”.

Paul Kling fue uno de los pocos afortunados que sobrevivieron al Holocausto. Cuando Kling regresó a Praga después de la guerra, ingresó en la Academia de Música de Praga y practicó "como un loco". En 1947, a los 19 años, le pidieron a último momento que sustituyera al solista con la Orquesta Sinfónica de Praga en el concierto de Brahms en Re mayor. Esa exitosa función llevó su carrera a un nuevo nivel. Pronto lo invitaron para que se convirtiera en el concertino de la Orquesta Sinfónica NHK de Tokio y luego en el primer violín de la Sinfónica de Louisville. En 1977 se convirtió en profesor y eventualmente en decano de música de la Universidad de Victoria. Con los años se desempeñó como solista en muchas orquestas en los Estados Unidos y en el extranjero, y recibió muy buenas críticas. En el New York Herald Tribune, se publicó lo siguiente sobre un concierto realizado en el Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York en 1961:

El recital del violinista Paul Kling en el Ayuntamiento se destacó por su belleza de tono, elegancia de fraseo y franqueza total. El Sr. Kling interpretó a Brahms con un claro respeto por su carácter romántico, y sin embargo, sin la más mínima sugerencia de banalidad. La calma y la fluidez del recital dieron fe de la afinidad del violinista por recrear una línea melódica sin perder de vista de las diversas exigencias técnicas necesarias para mantener todo en su lugar. Lo mismo se puede decir de la Sonata "Kreutzer" de Beethoven, salvo que el trabajo es mucho más exigente en su contenido emocional. Pero el Sr. Kling fue parejo con todas las necesidades: tocó con una mano firme y atenta a los detalles y el tipo de perspicacia que hace que uno continuamente se incorpore y escuche. ¡Un hermoso espectáculo!

En 1998, el Presidente de la República de Austria le entregó a Kling la Cruz de Honor de Austria de Artes y Letras. Antes de jubilarse, Kling enseñó en la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá. Paul Kling falleció en 2005. Su esposa, Taka Kling de 50 años, y su hija, Karen Kling, viven.

La siguiente reflexión de Kling sobre su vida subestima su talento, pero enfatiza (quizá con razón) el papel que juega la suerte en la carrera de cualquier artista:

Tuve suerte con todo, seamos realistas. Con toda mi mala suerte, tuve suerte [en Theresienstadt]. Tuve suerte en Auschwitz. Tuve suerte con mi carrera después de la guerra, cuando reemplacé a un solista ausente en el concierto de Brahms con 36 horas de preaviso; no tuve tiempo de ponerme nervioso y recibí buenas críticas. Suerte. Suerte de tener un violín Guarneri, suerte de conseguir trabajos que nunca pedí. Fui a Viena cuando salí de Checoslovaquia, en realidad estúpidamente, no pensé que el mundo no estaba esperando a que Kling fuera a tocar el concierto de Paganini.

 

Por Aleeza Wadler

Referencias

Paul Kling, interview by author, 2 September 2002, Vancouver, Canada, mini-disk recording, in author’s possession.

Paul Kling, interview by David Bloch, 12 October 1989, Victoria, British Columbia, in the possession of the interviewer.

Elena Makarova, Serei Makarov and Victor Kuperman, University Over The Abyss.

Charlotte Opfermann, The Art of Darkness (Houston:  University Trace Press, 2002),

Joža Karas, Music in Terezín 1941-1945 (New York: Beaufort Book Publishers, in association with Pendragon  Press, 1985

Review of Paul Kling Recital, by Judith Robinson (Town Hall, New York), New York Herald Tribune, 1 January 1961, 6.