Kurt Singer (1885-1944) fue director de orquesta, músico, musicólogo y neurólogo. Aunque su hija Margot Wachsmann-Singer lo describía como “el más alemán de los alemanes”, fue despedido por ser judío de sus puestos de trabajo en la vida musical alemana después de que Hitler subiera al poder en 1933. Luego se volcó a emprendimientos ‘judíos’ y, de 1933 a 1938, dirigió la Jüdischer Kulturbund (“Asociación Cultural Judía”) de Berlín, una organización dedicada a la cultura judía, para judíos y representada por ellos. Esta organización, que existió de 1933 a 1941, fue lo más importante en la vida de Singer, quien murió por intentar salvarla.

Singer nació el 11 de octubre de 1885 en Coblenza y era hijo de un rabino. Estudió medicina y musicología en Berlín, donde se recibió de neurólogo. Para combinar sus intereses por la medicina y la música, en 1912 fundó el Berliner Aerztechor (“El Coro del Doctor”), que también dirigió. Durante la Primera Guerra Mundial, fue médico militar y obtuvo una Cruz de Hierro por su servicio. Luego de la guerra, se desempeñó como editor musical del periódico Vorwärts de Berlín, el órgano central del Partido Social Democrático de Alemania. También escribió y publicó trabajos como Wesen und Heilwirkung der Musik (“El poder curativo de la música”) y Berufskrankheiten der Musiker (“La enfermedad profesional de los músicos”), y condujo valiosas investigaciones sobre la música folclórica alemana y los compositores Richard Wagner y Anton Bruckner. En 1927, sus diversos logros musicales lo llevaron a ocupar el puesto de Intendente en el Städtische Oper (Teatro de la Ópera Municipal) de Charlottenburg, Berlin, bajo la dirección de Heinz Tietjen.

Cuando los nazis subieron al poder, Singer perdió su puesto. Uno de los primeros decretos del régimen fue la Gesetz zur Weiderherstellung des Berufsbeamtentums (“Ley para la Restauración de la Administración Pública Profesional”) del 7 de abril de 1933, seis días después del boicot a emprendimientos judíos. A través del párrafo ario de la ley, “los funcionarios que no son de origen ario” debían ser despedidos. Con esta medida, los que no eran arios no podían ocupar ningún puesto en el sector público, en especial en instituciones culturales como conservatorios de música estatales, teatros de ópera, salas de concierto y teatros. En respuesta a esta legislación nazi, al creciente antisemitismo y por simples cálculos matemáticos (Berlín tenía una importante cantidad de población judía), Kurt Baumann, quien había trabajado como asistente de Singer en el Teatro de la Ópera Municipal de 1930 a 1932, preparó un proyecto detallado para una asociación cultural judía y contactó a Singer. Baumann fue astuto al contactarlo. Singer había soñado con una organización similar y, como veterano de combate y respetada figura en los círculos nacionales alemanes, se convirtió en el vocero perfecto de dicha iniciativa. Baumann y Singer revisaron el proyecto inicial de la Asociación Cultural Judía y luego reclutaron a otros líderes judíos, como el Gran Rabino de Berlín, Leo Baeck, el periodista Werner Levie y el director de orquesta Joseph Rosenstock, quien había sido removido de su puesto de director de música en el Teatro Nacional de Mannheim. Cuando Baumann se acercó al crítico de teatro Julius Bab con el proyecto, éste último –con justificado escepticismo- preguntó: “¿Nos permiten hacer esto?” Ciertamente no quedaba claro cómo la organización obtendría el apoyo del gobierno nazi.

Singer fue un líder nato y, según se lo describió, fue un hombre carismático y de gran personalidad. Para generar interés en varias oficinas gubernamentales recurría a estos atributos. Eventualmente lo invitaron a reunirse con Hans Hinkel, quien había sido designado Jefe de la Comisión del Teatro de Prusia por el nuevo ministro prusiano Hermann Göring inmediatamente después del ascenso de Hitler al poder. En abril de 1933, Hinkel comenzó a negociar con Singer los términos operativos de la creación de la Kulturbund. A mediados de mayo, Hinkel convocó a Singer a un encuentro final con Göring, quien advirtió: “Si todos hacen las cosas bien y obedecen a Herr Hinkel, entonces todo saldrá bien. Si se portan mal, entonces habrá problemas y lo saben”. Así, la Kulturbund recibió la “bendición” del gobierno nazi y una de las sociedades más paradójicas de la historia alemana comenzó.

Durante el período en que funcionó la Kulturbund, Singer hizo todo lo posible por satisfacer las demandas de la heterogénea comunidad judía, a través de un repertorio familiar y ‘judío’. También luchó por mantener la organización a pesar de las dificultades económicas y la emigración. Para ello, Singer se contactó con Kurt Sommerfeld, un ex músico de la Kulturbund, quien se había ido en 1936 para participar de la recientemente fundada Orquesta Palestina. En una carta de 1937, le pidió a Sommerfeld que evitara que más músicos emigraran para unirse a la Orquesta. Aunque Singer habitualmente ayudaba a miembros de la Kulturbund para que dejaran Alemania, su devoción por la Kulturbund por momentos rozaba lo ilusorio mientras la situación de los judíos de Alemania empeoraba. Esta disociación de la realidad se volvió más peligrosa al año siguiente.

En 1938, Singer viajó a los Estados Unidos, donde visitó a su hermana y dio clases en la Universidad de Harvard. Ernest Lenart, el caballero templario de la actuación inaugural de la Kulturbund (1933) en la obra “Nathan, el sabio” de Gotthold Lessing y emigrante desde 1938, visitó a Singer durante su viaje. Lenart le contó sobre la Kristallnacht, los pogromos catastróficos del 9 al 10 de noviembre, y lo instó a quedarse en Norteamérica. Singer respondió: “Estimado Lenart, debo volver”. A pesar de que le ofrecieron un puesto en la universidad durante su estadía en los Estados Unidos, por lealtad y por la importancia que le daba a la Kulturbund, Singer se negó a quedarse. Cuando se enteró de la Kristallnacht, Singer volvió a Europa para -según sus propias palabras- “salvar lo que se pueda salvar”. En camino a Rotterdam, amigos y conocidos intercedieron y persuadieron a Singer para que suspendiera su regreso a casa. En pocos días se dio cuenta de que la Kulturbund no podría funcionar más en la Alemania nazi. Permaneció en Holanda y, hasta que se dio cuenta de la severidad de la situación, participó hasta cierto punto de sus actividades musicales, incluyendo conciertos en el Joodsche Schouwburg (Teatro Judío), que los nazis fundaron en 1941, tomando como modelo la Asociación Cultural Judía de Berlín. Con la ocupación nazi de Holanda, Singer intentó volver a los Estados Unidos pero dependía del otorgamiento de una visa. Sin embargo, no aparecería ninguna forma de escapar. El 15 de julio de 1942, comenzaron las primeras deportaciones de Ámsterdam a Auschwitz. Entre agosto de 1942 y noviembre de 1943, el Teatro Judío (de todas las regiones) se usó como centro de deportaciones y los judíos de la región, Singer incluido, se presentaron allí para esperar su traslado. Debido a su “sobresaliente servicio para la comunidad artística de Alemania”, Singer fue enviado al campo de concentración “modelo” de Theresienstadt, donde murió en enero de 1944. El 11 de octubre de 1997, se colocó una placa conmemorativa en honor a Singer en Mommsenstrasse, Charlottenburg.

Por Lily E. Hirsch

Referencias

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