Para la mayoría de los músicos que vivían bajo el régimen nazi, la amenaza de desempleo y censura artística, el miedo por sus vidas y las de sus seres queridos y la sensación de aislamiento y debilidad evitaba que incluso aquellos que se oponían ideológicamente al nazismo adoptaran una postura activa. Una de las excepciones de esta regla fue Kurt Huber, mentor y miembro activo de uno de los movimientos de resistencia estudiantil más famosos: la Rosa Blanca de Munich. Su convicción y ejecución en 1943 generaron reacciones en todo el mundo y terminó siendo un mártir de la izquierda.

Kurt Huber nació el 24 de octubre de 1893 en Suiza. Cuando era muy chico, su familia se mudó a Stuttgart y, luego de la muerte de su padre, volvieron a mudarse, esta vez a Munich. Su familia apoyaba su amor por la música de niño y cuando ingresó en la universidad decidió estudiar música, psicología y filosofía. Sus primeros intentos por conseguir un trabajo como profesor de psicología se vieron frustrados por las acusaciones nazis, que señalaban una discapacidad neurológica causada por una enfermedad durante su infancia. En esos primeros años de dificultades financieras, Huber (recién casado y padre de familia) adoptó una actitud activa para revivir la música popular alemana, especialmente la música bávara. Organizó festivales de música popular, incentivó la transmisión de tradiciones de dicha música, y acumuló y grabó canciones y melodías. Puesto que estas iniciativas tuvieron éxito, en 1927 le ofrecieron un puesto de musicólogo en Berlín. Dado que todavía no tenía el puesto fijo que deseaba, Huber (junto a su esposa e hijos) retornó a Munich, donde lo tomaron como profesor de música folclórica. Se hizo amigo de Carl Orff, realizó publicaciones y dio conferencias sobre la tradición popular bávara. 

Si bien no estaba involucrado en la agenda fascista, Huber rechazaba el Comunismo enérgicamente e inicialmente esperaba que los Nazis protegieran al país de la ‘amenaza bolchevique’. Recibió un gran apoyo del Estado para investigación por su fuerte compromiso con la ‘cultura popular’ alemana. A mediados de 1930, comenzó a participar con frecuencia de los debates nazis sobre música popular alemana y se convirtió en escritor del periódico nazi Deutsche Musikkultur.

Sin embargo, su gran éxito llegó acompañado por un creciente escepticismo con relación a los métodos y objetivos del nazismo. En una conferencia de música a fines e 1930, Huber atacó el enfoque racial, que era el eje de la musicología alemana. En apariencia continuó siendo conformista y se unió al Partido Nazi en 1940. A pesar de ello, luego de escuchar las historias de los alumnos que habían vuelto del frente ruso, se convenció de que “todo alemán debe preocuparse por la derrota del Partido Nacionalsocialista, no por la victoria militar sobre el bolchevismo”. Esto alegaba la Rosa Blanca, el pequeño grupo de alumnos de Munich que se había hecho conocido por distribuir panfletos de propaganda contra el nazismo y pintar paredes y edificios con aerosol, donde incluían eslóganes contra los nazis. Varios miembros del grupo buscaron a Huber, conscientes de su opinión política por sutiles comentarios que él hacía cuando daba clases. Lo convencieron de que se uniera a su lucha y Huber aceptó ayudarlos y escribió un panfleto a través del cual condenaba a Hitler y al Partido Nazi.

Una noche, mientras distribuían los panfletos por toda la Universidad de Munich, los hermanos Hans y Sophie Scholl (los dos miembros fundadores del grupo) fueron atrapados. Huber y los otros miembros, que eran alumnos, fueron arrestados y ejecutados luego de un juicio sumario. Huber murió el 13 de julio de 1943.

Huber sigue siendo uno de los pocos profesores dentro de Alemania que protestó activamente contra el régimen nazi; una figura extraña en un mundo académico alemán pasivo o activamente colaboracionista. Tal era su reputación, que incluso una mínima asociación con él podía salvar la reputación de otros luego de la guerra. Después de la derrota de Alemania, Carl Orff (ex amigo de Huber) estuvo bajo sospecha por colaborar con los nazis. Puesto que tenía miedo por sí mismo y por su carrera, Orff le contó a un agente de inteligencia norteamericano, que lo estaba interrogando a principios de 1946, que él había sido uno de los miembros fundadores de la Rosa Blanca. Esta historia, que el gobierno ocupante de los Estados Unidos creyó sin cuestionamientos, limpió el nombre de Orff y permitió que su carrera prosperara luego de la guerra. Sin embargo, las viudas de Huber y Orff niegan este relato con vehemencia. Si bien ambos compartieron una breve amistad, Orff nunca se involucró con el activismo de Huber, ni corrió riesgo de encarcelamiento y mucho menos de ser ejecutado.

 

Referencias

Kater, M.H., 1997. The Twisted Muse: Musicians and their Music in the Third Reich, Oxford: Oxford University Press.  

Meyer, M., 1993. The Politics of Music in the Third Reich, New York: Peter Lang.  

Potter, P., 1998. Most German of the Arts: Musicology and Society from the Weimar Republic to the end of Hitler's Reich, New Haven: Yale University Press.