Invitación para un baile de chicos, escrita con lápices de colores. El baile fue organizado por Irena Schwarz, una niña judía que vivía escondida en Skarzysko Kamienna, Polonia. Se llevó a cabo en el departamento de su salvadora, Janina Sycz. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (N08174). Cortesía de Irena Schwarz.
Krystina Zywulska. Taken from the cover of "I Came Back", 1951 Dennis Dobson, IgSI.

El 6 de septiembre de 1939, los nazis tomaron el control de una fábrica de municiones situada en la ciudad principal del sudeste de Polonia: Skarzysko-Kamienna. Originalmente, los alemanes étnicos, los ucranianos y los polacos eran empleados para proveer al ejército alemán de las municiones necesarias. Sin embargo, en 1941, la escasez de trabajo en el Reich hizo que las autoridades del campo incorporaran cada vez más mano de obra esclava judía. La cantidad de trabajadores judíos creció rápidamente y, en agosto de 1942, la fábrica se convirtió oficialmente en un campo de trabajo con el fin de hacer frente a las necesidades. El traslado hacia Skarzysko-Kamienna casi siempre era un camino lento hacia la muerte, ya que los reclusos trabajaban en condiciones extremadamente duras. Como uno de los sobrevivientes judíos explicó,

tuve algunos momentos muy difíciles durante la guerra, pero ninguno dejó una huella tan profunda en mí como mis primeros tiempos en la planta de Hasag [en Skarzysko-Kamienna]: las enormes salas de producción, el ruido ensordecedor de las prensas y las enormes máquinas, los cartuchos candentes que los prisioneros atrapaban en el aire… los reclusos que parecían enanos al lado de los gigantes hornos.

Tales eran las miserias del campo que se crearon varias canciones para advertir a los trabajadores. Una comenzaba: "Werk C, el peor de todos! Miles ya encontraron la muerte aquí". Otro suplicaba por la misericordia de Dios, mientras trabajaba "en el campo Skarzysko… un mundo amargo". 

Como en muchos otros campos de concentración nazi, el sufrimiento de los reclusos aumentaba con la tortura musical. Las selecciones frecuentes, por ejemplo, con frecuencia tenían acompañamiento musical. En una ocasión, después de haber disparado a un grupo de prisioneros enfermos en un bosque cercano, algunos guardias les indicaron a los que habían sido seleccionados como sepultureros que tomaran un cuerpo y danzaran alrededor de la fosa que habían cavado mientras cantaban en idish. Cuando se daba la señal todos tenían que tirar los cuerpos en el pozo al unísono. Esas escenas perversas eran parte de la vida cotidiana del campo.

Sin embargo, el amplio mundo cultural y musical clandestino que se desarrollaba en Skarzysko-Kamienna era más frecuente y más poderoso para los prisioneros. Excepcionalmente, se toleraba la actividad religiosa en la medida en que no interfiriera con la productividad. En la víspera del shabat, los judíos ortodoxos se reunían en la barraca del rabino Yitzhak Finkler, que había llegado en marzo de 1943, para escuchar sus historias y cantar los cánticos del shabat. El ex prisionero Jeszajahu Rechter recordó el seder de Pesaj de 1944, cuando

horneamos matzot en el horno de la barraca... Usamos café en lugar de vino y papas y remolacha en lugar de todos los platos festivos... Treinta reclusos estaban sentados a la mesa... había un silencio absoluto y entonces mi hijo se levantó y comenzó a cantar "¿por qué esta noche es diferente de todas las otras noches?"... nunca escuchamos el resto. Después de esas palabras, todos se pusieron a llorar. Ésa fue la Hagadá que los judíos recitamos en el seder del campo.

Los prisioneros cantaban canciones folclóricas, por lo general en idish y también en polaco. De vez en cuando, en la barraca de las mujeres, había actuaciones de solistas y la persona que cantaba obtenía una rebanada de pan o una papa extra. Además, había canto comunitario relacionado con los movimientos de resistencia y el Bund. Un género único también desarrollado en el campo de las ‘coplas’: versos cortos que se adaptaban a melodías familiares (con frecuencia, eran vulgares y pragmáticos más que poéticos). Servían como un medio importante de transmisión de chismes, hechos de actualidad y noticias de la guerra entre los prisioneros; era como una especie de "diario". El recluso Heisi Reisler era muy querido como compositor de varias de estas pocas coplas, cuya escritura era divertida e incluían breves canciones críticas sobre los guardias, la administración y otros prisioneros. Además de estas actividades clandestinas, se sabía que en las barracas de policía frecuentemente había fiestas y se componía música; y los músicos del campo eran llevados allí para entretener a las "elites" del campo.

Hubo al menos un intento de organizar un concierto público para los reclusos a fines del otoño de 1943. El objetivo del espectáculo (planeado por el comité de rescate clandestino) era aumentar la reserva de comida y ropa para los prisioneros que estaban en condiciones especialmente malas. Sin embargo, los eventos formales de este tipo recién se volvieron parte de la vida del campo para la primavera de 1944. En ese momento, un numeroso grupo de mujeres llegó de Majdanek, entre las cuales había algunas artistas que querían crear un conjunto artístico. Organizaron conciertos en las barracas y también recibieron permiso para presentar conciertos los domingos en un "escenario" construido cerca de la valla del campo. Cantaban en idish y en polaco y además recitaban.

Hacia fines de mayo de 1944, los nazis comenzaron lentamente a liquidar el campo y tomaron medidas severas contra la clandestinidad y cualquier judío ‘innecesario’. Los cuerpos eran arrastrados hasta el bosque y quemados en fosas comunes. En medio de esa carnicería, el comandante del campo ordenó la construcción de una pista de baile para que una banda tocara y para que los judíos de la "elite" danzaran. El grupo también fue obligado a cantar canciones en hebreo y en idish.

En julio de 1944, comenzaron las selecciones a gran escala. Un pequeño grupo planificó un escape, pero cientos de otros prisioneros vieron el agujero que habían hecho en la valla del campo y lo utilizaron a la fuerza. La escena terminó en una espantosa masacre masiva en el bosque. Los pocos sobrevivientes fueron deportados a Buchenwald y a varios campos más pequeños.

 

 

Referencias

Karay, F., 1996. Death Comes in Yellow: Skarzysko-Kamienna Slave Labour Camp, Chur: Harwood Academic Publishers.