En la imaginación nazi, la música tenía un significado único y poder para seducir e influenciar a las multitudes. El Partido hizo amplio uso de la música en su publicidad y la música tuvo un papel principal en reuniones y otros eventos públicos. La canción 'The Horst Wessellied' (de Horst Wessel) era popular y cantada masivamente. Muchas canciones de propaganda apuntaban a los jóvenes, y Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas) desarrollaron un elaborado programa de música.
“Jonny Spielt Auf" de Introducción a la Música Degenerada. Cortesía de Decca Classics.
En la imaginación nazi, la música tenía un significado único y poder para seducir e influenciar a las multitudes. El Partido hizo amplio uso de la música en su publicidad y la música tuvo un papel principal en reuniones y otros eventos públicos. La canción 'The Horst Wessellied' (de Horst Wessel) era popular y cantada masivamente. Muchas canciones de propaganda apuntaban a los jóvenes, y Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas) desarrollaron un elaborado programa de música.
En 1938, se montó la infame exhibición Entartete Musik (Música Degenerada) para mostrar al público alemán cuál era la música degenerada, cuáles eran sus peligros y celebrar su purgación de la sociedad alemana. El liderazgo nazi hizo un gran esfuerzo para remover “indeseables” del mundo de la música en Alemania. Desde el principio, el jazz y la música ‘judía’ (y sus músicos) en particular se convirtieron en blanco de ataque y censura.
La búsqueda nazi por purificar y reconstruir el mundo de la música alemán motivó una enorme cantidad de actividades, planificación y generación de políticas. El Reichsmusikkammer (Consejo de Música del Reich) se fundó meses después del acceso nazi al poder con la intención de “limpiar” la escena musical de judíos, extranjeros, izquierdistas políticos, y mejorar la situación de los músicos “de la raza aria”. La Jüdischer Kulturbund (Asociación Cultural Judía), por contraste, era una organización exclusivamente judía que intentaba emplear temporariamente a los miles de judíos que habían sido despedidos por la legislación nazi.
La música también se explotó deliberadamente con la finalidad de hacer propaganda. El liderazgo nazi apoyaba a la Kulturbund (Asociación Cultural Judía) en parte porque podría presentarse como prueba de que los judíos no eran maltratados. Asimismo, la vibrante vida cultural de Theresienstadt era una efectiva herramienta para hacer propaganda, ya que reforzaba la imagen del campo como un asentamiento judío “modelo”. En el verano de 1944, hubo una visita de un oficial de la Cruz Roja y se presentó la obra Réquiem de Verdi y la ópera infantil Brundibár.