Cartel de la estación de tren de Sobibor, alrededor de 1930. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (N00943.01). Cortesía de Polskie Koleje Panstwow S.A.

Sobibor fue un campo de exterminio donde fueron asesinados principalmente alrededor de 250.000 judíos, hombres, mujeres y niños, de Polonia, Holanda, Francia, Eslovaquia, Alemania y Austria. También allí tuvo lugar uno de los actos de resistencia más notables que se llevó a cabo en un campo de exterminio nazi. El 14 de octubre de 1943, promovido por algunos prisioneros de guerra soviéticos que habían llegado al campo hacía poco tiempo, varios centenares de reclusos sobrevivientes se enfrentaron con la fuerza superior y las armas de las SS y de los guardias ucranianos. Robaron todas las armas que pudieron agarrar y el grupo logró así matar a once nazis y a una cantidad desconocida de guardias. La mayoría de los que se fugaron murió en los días siguientes, asesinados en los campos minados de los alrededores del campo o tras haber recibido disparos de los guardias que inspeccionaban la zona en busca de sobrevivientes. Sin embargo, cincuenta hombres y mujeres sobrevivieron hasta el final de la guerra y sus relatos revelan una cantidad sorprendente de información sobre la vida cultural que existía en Sobibor.

Al comienzo de su operación, y a diferencia de los otros campos de la Operación Reinhard -Treblinka y Belzec-, Sobibor no tenía una orquesta de campo. En su lugar, los trenes que llegaban se encontraban con la música que provenía de los altoparlantes. No obstante ello, parecería que se creó una orquesta más tarde. Como recordaba el sobreviviente Dov Freiberg cuando llegó a Sobibor: “había llantos de mujeres y niños, gritos y risas salvajes de los hombres de las SS, ruidos de un motor de trabajo y música que tocaba una orquesta". Como solía suceder en los campos de exterminio nazi, se seleccionaba de cada transporte a un puñado de reclusos sanos para organizar el proceso de matanzas. Esos prisioneros, que quizás vivían semanas o incluso meses, en ocasiones eran obligados a participar de ‘actividades culturales'. Cuando no había voluntarios para participar de un coro, por ejemplo, los guardias le ordenaban a un grupo de hombres y mujeres que cantaran. Eventualmente se desarrolló un coro real bajo la dirección de un director voluntario. Cuando los prisioneros marchaban para ir a trabajar, también los hacían cantar, generalmente marchas militares en alemán, polaco, ucraniano o ruso.

Había usos más abusivos de la música. Los guardias forzaban a los prisioneros judíos para que cantaran canciones antisemitas. Al final de la ‘actuación’, hacían que los prisioneros se arrodillaran y dijeran 'Amén'. En otras ocasiones, los reclusos eran obligados a recostarse en ataúdes mientras las SS cantaban versos antisemitas, o también eran obligados a bailar juntos. Con frecuencia tenían que cantar una canción irónica compuesta en Sobibor, cuyo estribillo decía: "nuestra vida es feliz aquí/ recibimos buena comida/ qué felices estamos en el bosque verde/ donde nos quedamos". Un ex recluso, que participó en la revuelta siguiente, creía que:

la música, el baile y las mujeres, todo tenía un objetivo: matar cualquier pensamiento de liberación que los prisioneros pudieran tener. Ellos [los alemanes] querían convertirlos en instrumentos no pensantes.

Sin embargo, también había momentos de confort musical y cooperación. Los que tenían la ‘suerte’ de ser asignados a una barraca, en lugar de ser enviados directamente a las cámaras de gas, intentaban encontrar consuelo de cualquier manera: muchos se volcaban a su fe y rezaban juntos por la noche; también cantaban espontáneamente en las barracas por las tardes, cuando terminaba la jornada de trabajo. Una sobreviviente, por ejemplo, recordaba la hermosa voz de una judía holandesa que llegó en el verano de 1943. Ella describió cómo una noche

una joven y hermosa chica de Holanda entró en la barraca. Comenzó a cantar la conocida canción 'Madre'. Su voz era fuerte, agradable, y la palabra "madre" la expresaba con tristeza y emoción. Ésa fue la única palabra que entendí... Quería llorar. Había perdido a mis padres sólo unos días antes.

Retrato de un grupo de participantes en el levantamiento del campo de exterminio de Sobibor. Fotografía 10625

 

Referencias
 

Arad, Y., 1987. Belzec, Sobibór, Treblinka: The Operation Reinhard Extermination Camps, Bloomington and Indiananapolis: Indiana University Press.  

Fackler, G., 2000. "Des Lagers Stimme"– Musik im KZ. Alltag und Häftlingskultur in den Konzentrationslagern 1933 bis 1936, Bremen: Temmen.  

Langbein, H., 1994. Against All Hope: Resistance in the Nazi Concentration Camps, 1938-45, New York: Paragon House.