Fotografía aérea de Auschwitz que muestra una vista parcial de la planta I.G. Farben y del campo de trabajo forzado Monowitz (Auschwitz III). Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (04350). Cortesía de la Administración Nacional de Archivos y Documentos, College Park.

Buna-Monowitz, también conocido como Auschwitz III, fue el campo de trabajo esclavo más grande del complejo de Auschwitz. Allí cientos de miles de prisioneros pasaron semanas e incluso años trabajando en condiciones criminales. Miles de personas murieron en el mismo campo como consecuencia del trabajo forzado y de condiciones inhóspitas; miles más fueron enviados a Birkenau, donde encontraron la muerte. La idea de un gran campo de trabajo central que colaborara en la lucha nazi contra la Unión Soviética existió desde los primeros meses de la guerra y Buna-Monowitz abrió sus puertas en el otoño de 1942.

La empresa alemana I.G. Farben había establecido una fábrica de caucho grande cerca de la ciudad polaca Monowice (Monowitz), y el campo Buna-Monowitz fue construido para albergar a los trabajadores esclavos de dicha fábrica. Entre los prisioneros había judíos y no judíos de toda Europa.

Se creó una orquesta en el campo de Buna durante sus primeros meses de operación. El núcleo original de la banda estaba conformado por un grupo de músicos polacos, pero también pasaron reclusos de otras nacionalidades. Inicialmente, los músicos eran liberados de sus tareas laborales y se les permitía practicar todo el día, pero pronto eso se terminó y tuvieron que volver a sus tareas habituales. A pesar del esfuerzo físico de la semana de trabajo, habitualmente con jornadas de 12 horas además de los ensayos diarios y los conciertos, la calidad de su música mejoró. Los músicos no sólo eran obligados a tocar marchas en las puertas del campo durante la entrada y la salida diaria de los trabajadores, sino que también debían dar conciertos privados para las SS. Aunque no eran aplaudidos por su público, eventualmente eran recompensados con sopa extra o cigarrillos.

Los músicos también eran obligados a tocar en las ejecuciones del campo. Éstas por lo general se llevaban a cabo con los prisioneros que habían intentado escapar pero que finalmente eran capturados. Estos hombres eran cubiertos con carteles que decían "¡Hurra! ¡Hurra! Ya estoy de vuelta"; un eslogan que también tenían que gritar por todo el campo mientras tocaban un tambor. Eran ahorcados con el acompañamiento de la música de desfile de la banda. En sus memorias sobre su paso por la orquesta de Buna, el trompetista Hermann Sachnowitz recordaba vívidamente

esta macabra obra de teatro provenía del alto mando. A nuestro alrededor había soldados de las SS con armas cargadas. Para nosotros [los músicos y los reclusos], los gritos del hombre condenado a muerte eran sonidos de un grito de victoria.

Además de las actividades de la orquesta oficial, también había música informal y espontánea. Por ejemplo, un grupo de prisioneros judíos organizaba conciertos clandestinos de poesía y música judía. Entre los participantes había escritores, actores, profesores y periodistas de toda Europa. Al reflexionar sobre la esperanza que dicha actividad cultural podía brindarles a los artistas, uno de los participantes dijo: "como ya hemos atravesado todo para cantar en el campo, viviremos para ver el Mesías".

Toda la actividad musical terminó con la evacuación del campo en el invierno de 1944-45. Como sucedió con los otros campos de Auschwitz, muchos miembros de la orquesta fueron deportados a Bergen-Belsen antes de las últimas marchas de la muerte a fines de enero. Allí tuvo lugar el concierto más memorable de la orquesta de Buna. Los pocos músicos que quedaron, que apenas lograron sobrevivir las últimas semanas, se reunieron después de su liberación:

Algunos pocos miembros de la antigua orquesta de Buna se reunieron en nuestra barraca... Muy pocos instrumentos lograron llegar de Buna a Bergen-Belsen... Tocamos juntos, como camaradas de Buna, por última vez. ¿Podríamos tocar? La miseria en la que estábamos inmersos nos había robado toda la fuerza y la energía... Muchos de nosotros se habían ido... y luego nos quedamos parados en la plaza principal y tocamos juntos por última vez el himno nacional estadounidense, el inglés, el francés, el ruso… No me acuerdo de todo, tampoco cómo sonaba – no pudo haber sido una excelente interpretación musical. Habían pasado demasiadas cosas en las últimas horas. Nos quedamos allí, parados y llorando.

El Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler, visita la obra en construcción de Buna-Monowitz en compañía de oficiales de las SS e ingenieros de I.G. Farben. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (50774). Cortesía de Instytut Pamieci Narodowej.

Referencias

Fackler, G., 2003. “We all feel this Music is infernal ...”: Music on Command in Auschwitz. In D. Mickenberg, C. Granof, & P. Hayes, eds. The Last Expression. Art and Auschwitz. Chicago: Mary and Leigh Block Museum of Art, Northwestern University., pp. 114-125.  

Fackler, G., 2000. "Des Lagers Stimme"– Musik im KZ. Alltag und Häftlingskultur in den Konzentrationslagern 1933 bis 1936, Bremen: Temmen.  

Kuna, M., 1993. Musik an der Grenze des Lebens: Musikerinnen und Musiker aus Böhmischen Ländern in Nationalsozialistischen Konzentrationslagern und Gefängnissen, Frankfurt/M.: Zweitausendeins.  

Stompor, S., 2001. Judisches Musik- und Theaterleben unter dem NS-Staat, Hannover: Europaisches Zentrum fur Judische Musik.  

Turkov, Y., 1999. Latvia and Auschwitz. In Theatrical Performance during the Holocaust: Texts, Documents, Memoirs. ed. Rovit, R. and A. Goldfarb. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press.