Primer plano de una pareja de gitanos sentados en un área abierta del campo de concentración de Belzec. Julio, 1940. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos. Cortesía de Jerzy Ficowski.

Semanas y meses después de la rendición alemana, los sobrevivientes de cientos de campos de concentración nazis lentamente volvieron a sus hogares para reencontrarse con familiares y amigos que habían dejado atrás. Hubo dos grandes excepciones a esta regla. La primera es conocida: dos tercios de los judíos de Europa fueron asesinados en el Holocausto y, luego de la guerra, sólo a unos pocos les quedaban familiares vivos o deseos por volver a sus ex hogares. Hubo otro grupo quizás menos conocido, que también fue objetivo del genocidio nazi y se encontró en una situación similar desesperada luego de la liberación: los gitanos o ‘roma y sinti’. En el campo de refugiados Feldafing, un prisionero judío recordó que se introdujo una gran cantidad de gitanos en el campo. Tras haber perdido muchos amigos y parientes lamentó que:

Esta pequeña banda de gitanos es la única que conocí desde la liberación. Es un grupo triste y visten trajes de civil demasiado grandes y sombreros negros. Este desafortunado grupo representa la tragedia que vivió el pueblo gitano; un pueblo que alguna vez fue libre, colorido y salvaje. Su despiadada aniquilación en Europa en mano de los nazis sólo se puede comparar con la exterminación de los judíos. Un hecho cruel y duro persiste: Europa nunca más verá grupos coloridos de gitanos, ni escuchará su música rapsódica o sus asombrosos relatos.

Si bien el origen de los roma se remonta a India del siglo XIII y XIV, hubo pequeñas y grandes comunidades dispersas por Europa Central y Europa Oriental que hablaban distintos dialectos y tenían diferentes estilos de vida, tradiciones artísticas y niveles de integración en la cultura dominante. La mayoría, aunque no todos, eran en parte nómades. Si bien no se conoce el número exacto de las víctimas roma, se estima que aproximadamente 250.000 (un cuarto de la población europea del período de la preguerra) fueron asesinados por el régimen nazi. Además de tener que reconstruir sus vidas luego de la guerra, muchos se enfrentaron nuevamente con el racismo y el prejuicio, que continúa hasta hoy en día. Aún cuando se conoce bastante sobre el sufrimiento de los judíos en el Holocausto y cada vez se le presta más atención a otros grupos víctimas (como los homosexuales, los Testigos de Jehová y los discapacitados), la historia de los roma europeos permanece sin investigarse demasiado y sin documentarse. 

Cuando los Nazis subieron al poder a principios de 1933, la persecución de los roma ya se había expandido por Alemania y otras partes de Europa donde había grandes comunidades. Sin embargo, con Hitler, lo que antes eran formas de opresión desorganizadas y esporádicas, ahora se habían organizado y consolidado. Se aprobaron leyes que limitaban sus derechos y actividades, y los ataques violentos se tornaron cada vez más comunes. Al igual que los judíos, los roma eran considerados una amenaza para la pureza de la ‘raza aria’; por lo tanto, no sólo se les prohibió que se casaran con alemanes, sino que también a muchos les provocaron esterilidad. Con el estallido de la guerra, la tasa de mortalidad aumentó drásticamente. Miles fueron asesinados a tiros por soldados nazis y grupos de las SS que patrullaban y otros tantos murieron en campos de concentración.

La vida musical de los roma durante el Holocausto tampoco fue registrada. Esto es irónico dado que muchas comunidades europeas de romas fueron reconocidas por su talento musical; muchas familias, por ejemplo, se ganaban la vida en compañías de entretenimiento profesional. Los sobrevivientes de los guetos y los campos nazis habitualmente recordaban a los cantantes y músicos roma, pero los detalles concretos escasean y son difíciles de encontrar. Los registros nazis del genocidio de los roma están incompletos o bien fueron destruidos y, además, hace poco tiempo que los historiadores comenzaron a mostrar un poco interés por explorar aquellos registros que lograron sobrevivir.

La información fragmentaria que tenemos de la música gitana durante el Holocausto proviene de fuentes limitadas, que incluyen los registros de los campos de concentración y los recuerdos de los sobrevivientes, en muchos casos de pueblos no gitanos. En Buchenwald, por ejemplo, la primera banda del campo, organizada por orden del comandante del campo Rödl en 1938, estaba compuesta principalmente por músicos gitanos. El ex recluso Eugen Kogon recordó esta banda, que no sólo tocaba bajo las órdenes de las SS, sino que también tocaba por las noches para ellos mismos y sus familias. Contó que una noche, mientras caminaba por el campo,  

De repente, se oyó el sonido de un violín gitano que provenía de una barraca, lejos, como de aquellos años felices, canciones de las estepas húngaras, melodías de Viena y Budapest, canciones del propio hogar..

La primera banda de Mauthausen, creada en 1942, también estaba compuesta por gitanos. En ambos casos, estos músicos fueron prontamente reemplazados por prisioneros que habían sido capacitados formalmente en música clásica.

Miles y miles de gitanos fueron deportados de Austria a Lodz, el segundo gueto más grande de Polonia. Los encerraban en un sector cercado del gueto, donde atravesaban condiciones de vida severas y enfermedades persistentes. El músico judío Dovid Beygelman escribió una canción sobre sus vivencias intitulada simplemente “Canción gitana”. La canción termina con la siguiente letra: “Los gitanos sufren/ como nadie/ pronto estaremos muertos/ incluso nos falta pan”. Los roma que no murieron en Lodz fueron enviados a Auschwitz

En el pequeño campo de concentración de Taucha, un comandante de las SS le ordenó a Ruth Elias que armara un cabaret en diez días. Bajo amenaza de muerte, trabajó desesperadamente para reunir a un grupo de artistas mujeres y preparar un espectáculo. Ruth quedó impresionada con las talentosas cantantes gitanas que encontró. El éxito de su función, en especial entre los guardias, se lo atribuyó al talento y la solidaridad de las mujeres: “las gitanas estuvieron particularmente increíbles. Y nuestro mayor placer fue lograr que las SS aplaudieran”.

Quizás el campo más ligado al destino inevitable de los roma europeos fue Birkenau. Éste fue el único campo donde los nazis establecieron un “campo gitano” separado. Sin embargo, aunque se les permitía permanecer en grupos familiares, atravesaron condiciones inhumanas y casi todos murieron allí. Existe poca información precisa, pero los registros fragmentarios y las referencias indican que había una orquesta y varios grupos más pequeños. Ex reclusos recordaban a un talentoso violinista gitano que tocaba en la orquesta del campo; asimismo, en el sub-campo de Buna había un violinista conocido como Jakob 'Zigan' o Jacob, ‘el gitano’. Como en otros lados, los reclusos roma también componían música informalmente en sus barracas. Por la noche, luego de trabajar y los domingos, el sonido de su música resonaba desde el campo gitano hasta las barracas vecinas. El sobreviviente Roman Frister todavía recuerda sus “primeros días en Auschwitz. Me quedaba dormido con la música y el canto de los gitanos. Tocaban hasta la noche tarde. Creo que los nazis lo disfrutaban”. 

 

Referencias

Elias, R., 1998. Triumph of Hope: From Theresienstadt and Auschwitz to Israel, New York: John Wiley. 

Fackler, G., 2000. "Des Lagers Stimme"– Musik im KZ. Alltag und Häftlingskultur in den Konzentrationslagern 1933 bis 1936, Bremen: Temmen.

Kalisch, S. & Meister, B., 1985. Yes, We Sang! Songs of the Ghettos and Concentration Camps, New York: Harper and Row.  

Kogon, E., 1950. The Theory and Practice of Hell: The German Concentration Camps and the System Behind Them, London: Secker and Warburg.  

Silverman, J., 2002. The Undying Flame: Ballads and Songs of the Holocaust, Syracuse University Press.  

Schochet, S., 1983. Feldafing, Vancouver: November House.  

Stompor, S., 2001. Judisches Musik- und Theaterleben unter dem NS-Staat, Hannover: Europaisches Zentrum fur Judische Musik.  

Weinreich, R. ed., 2002. Verachtet, verfolgt, vergessen:Leiden und Widerstand der Zeugen Jehovas in der Grenzregion am Hochrhein im "Dritten Reich", Hausern: Signum Design.