Los campos de refugiados de la Europa de la posguerra ocupada eran el hogar de una gran variedad de actividades musicales. En las zonas de ocupación norteamericanas y británicas de Alemania en particular, donde se establecieron varios campos para refugiados judíos exclusivamente, las víctimas sobrevivientes del genocidio nazi usaban la música como medio para asentar lo que habían vivido, para levantar el estado de ánimo y para imaginar cómo sería el futuro luego de la catástrofe.

Una gran cantidad de artistas judíos prominentes viajaron a los campos de refugiados, entre ellos el violinista Yehudi Menuhin, el compositor británico y pianista Benjamin Britten, la cantante norteamericana Emma Schaver y el director de orquesta norteamericano Leonard Bernstein. Muchos músicos que iban de visita desde los Estados Unidos, Europa y Palestina brindaban conciertos adicionales. Una enfermera que estuvo en uno de los conciertos de Menuhin y Britten en Bergen-Belsen recordaba que:

Fue inspirador ver a esos dos hombres compasivos, vestidos simplemente con camiseta y pantalones cortos, creando una melodía gloriosa. Se desplazaron entre la multitud de personas de la barraca e intentaron sacarlas del estado de letargo mental provocado por las privaciones y los horrores que habían atravesado. En algunos casos lograron con éxito traerlos a la vida, darles esperanza y dar comienzo [sic] a la curación mental y física.

En su libro Mir Zaynen Do!, escrito luego de su visita a los campos de refugiados, la cantante Emma Schaver describió el sentido de responsabilidad que sintió hacia su gente:

Quería al menos pagar mi deuda a la gente, darles a esas desafortunadas personas alegría, placer, disfrute espiritual. Quería revivir para ellos las casi olvidadas canciones en idish y en hebreo, acercarles a través del sonido el aroma de Eretz Israel, que anhelaban con todo su corazón. Deseaba refrescarles las canciones que habían oído de sus madres durante su infancia. […] Y cuanto más cantaba y veía el brillo en sus ojos y los escuchaba suspirar, más profunda era mi sensación de que se los debía.

Los mismos refugiados también organizaban una amplia variedad de actividades musicales en los campos, incluyendo varios grupos artísticos que viajaban a diversos campos y centros de refugiados. Michael Hofmekler creó una orquesta junto con otros ocho ex miembros de la orquesta del gueto de Kaunas en St. Ottilien, un monasterio que se utilizó como hospital judío y campo de refugiados desde abril de 1945 hasta noviembre de 1948. Originariamente se llamó “Orquesta St. Ottilien”, luego “Orquesta del ex campo de concentración” y finalmente se convirtió en “Orquesta representativa de She’erit Hapletah”. El grupo se presentó en el Concierto de la Liberación, el primer encuentro oficial de los sobrevivientes judíos que se llevó a cabo el 27 de mayo de 1945 en St. Ottilien. En Bergen-Belsen, el ex recluso Samy Feder organizó una compañía teatral de 30 miembros llamada Kazet-Teater (“Teatro del campo de concentración”), que presentaba obras y canciones en idish, en un principio en Belsen y luego en otros campos y hospitales de Alemania, Francia y Bélgica. La banda popular The Happy Boys (Los chicos alegres), dirigida por Chaim (Henry) Baigelman, estaba compuesta por ocho músicos sobrevivientes de Lodz y viajó por todos los campos de refugiados de zonas norteamericanas entre 1945 y 1949. Los músicos de esta banda presentaban una gran variedad de música instrumental y vocal, desde canciones folclóricas judías hasta opereta y jazz.

Pronto los refugiados judíos del momento comenzaron a crear un pequeño pero sólido repertorio de canciones nuevas que trataban varios temas de interés: desde la pérdida, la soledad y la situación de los refugiados hasta la añoranza por Palestina y los peligros de la inmigración ilegal. Asimismo, afirmaban con orgullo y rebeldía la existencia del pueblo judío y, a través de discursos satíricos, trataban de bajarle los humos a las agencias de ayuda como el Joint, la Organización para la Rehabilitación por el Trabajo (ORT) y la Administración de las Naciones Unidas para el Socorro y la Rehabilitación (UNRRA).

Aparte de las actividades artísticas, la música también tenía un papel importante en varios proyectos lanzados por los refugiados para documentar la época nazi y preservar el recuerdo de las víctimas. Si bien aquellos involucrados en estas iniciativas de recolección ponían énfasis en los testimonios, muchos también manifestaban su interés por las canciones, los relatos, los chistes y otras huellas culturales de las comunidades que querían recordar. Las canciones jugaban un papel valioso, no sólo como recursos históricos que permitirían a futuros investigadores reconstruir lo que había sucedido, sino también como instrumentos que podrían preservar las voces de las víctimas y, por ende, el recuerdo de ellas. Tres de las iniciativas de recolección más importantes fueron el trabajo de Shmerke Katsherginski en Lituania y Polonia fundamentalmente, el de la Comisión Histórica Central de Munich y el proyecto de entrevistas llevado a cabo por el psicólogo David Boder en Italia, Francia, Alemania y Suiza. En los tres casos, se tomaba a la música como una parte importante de una misión más amplia (la de documentar y preservar), más que como una iniciativa en sí misma. Muchos de los involucrados en la recolección comentaron explícitamente que sentían que las canciones que habían recolectado podrían ayudar en el proyecto de registrar y recordar lo que había sucedido. Katsherginski, por ejemplo, sentía profundamente que las canciones no revelaban que las víctimas se tomaban como objetos pasivos, sino las formas en que vivieron activamente bajo la ocupación nazi y respondieron a lo que estaba pasando:

Pocos documentos podrían mostrar parcialmente la existencia oficial y el estilo de vida de los judíos en los territorios ocupados. Por lo tanto, creo que las canciones que los judíos de los guetos y de los campos de exterminio y los partisanos cantaban con profundo dolor serán una gran contribución para la historia del martirio y lucha judía. […] La vida cotidiana judía en el gueto con todos los fenómenos que la acompañaban, como los arrestos, la muerte, el trabajo, la Gestapo, los controladores de judíos, el estilo de vida interno, etc., se reflejan perfectamente en este sangriento folclore, que ayudará a los futuros escritores de la historia, a investigadores y también a los lectores a entender el alma de nuestro pueblo.

 

Referencias

Fetthauer, S. et al., 2005. Musik in DP-Camps: Bericht über ein laufendes Projekt der Arbeitsgruppe Exilmusik. In T. Knipper et al., eds. Form Follows Function: Zwischen Musik, Form und Funktion: Beiträge zum 18. internationalen studentischen Symposium des DVSM (Dachverband der Studierenden der Musikwissenschaft) in Hamburg 2003. Hamburg: von Bockel Verlag.  

Gay, R., 2002. Safe Among the Germans: Liberated Jews After World War II, New Haven and London: Yale University Press.  

Gilbert, S., 2008. Buried Monuments: Yiddish Songs and Holocaust Memory. History Workshop Journal, 66, 107-128.  

Gilbert, S., “Es benkt zikh nokh a haym”: Songs and Survival amongst Jewish DPs. In A. J. Patt & M. Berkowitz, eds. "We Are Here": New Approaches to Jewish Displaced Persons in Postwar Germany. Detroit: Wayne State University Press.  

Katsherginski, S. & Leivick, H. eds., Lider fun di Getos un Lagern, New York: Alveltlekher Yidisher Kultur-Kongres.  

Schaver, E., 1948. Mir zaynen do! Ayndrukn un batrakhtungen fun a bazukh bay der sha'arit ha-peletah, New York.

United States Holocaust Memorial Museum Archive: 1996.A.0403 (concert programs and other ephemera relating to Happy Boys); photo archive #N03182, #NO3183, #N03184.

Voices of the Holocaust Project (David Boder), http://voices.iit.edu/