Los obreros forzados trabajan sobre la base de piedra en la zona donde se toma lista en Mauthausen. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (11927). Cortesía de Archiv der KZ-Gedenkstaette Mauthausen.

Una de las técnicas más perniciosas de la máquina genocida nazi fue la política de Vernichtung durch Arbeit (“exterminio a través del trabajo”), que intentaba combinar la matanza masiva con el fortalecimiento económico y militar del Reich. Se establecieron cientos y cientos de campos de trabajo y de concentración, donde los prisioneros eran obligados a construir equipamiento militar, a trabajar para fábricas locales y granjas, o a edificar y mantener los campos ellos mismos. Uno de los más notorios fue Mauthausen y su red de sub-campos.

Mauthausen fue el primer campo que se construyó fuera del territorio alemán. Se creó poco después de la anexión de Austria (“Anschluss“) en marzo de 1938 cerca de una cantera de piedras a casi cinco kilómetros de la pequeña localidad de Mauthausen, en Alta Austria. La construcción comenzó en el verano y prontamente los primeros reclusos fueron trasladados allí. Durante el primer año de su funcionamiento, la mayoría de los prisioneros eran criminales y "asociales" enviados desde Dachau para satisfacer la amplia y creciente demanda del Reich por el granito. En diciembre de 1939, había alrededor de 3.000 prisioneros (la mayoría alemanes) y con el comienzo de la guerra la población del campo aumentó drásticamente.

Alrededor del campo principal se crearon docenas de pequeños sub-campos, en un intento de hacer frente a la enorme afluencia de prisioneros. Además de la gran cantidad de prisioneros de guerra españoles republicanos (que habían huido a Francia y fueron detenidos por el régimen de Vichy) y las transferencias de campos de concentración alemanes, hubo un creciente número de reclusos checos, yugoslavos, griegos y franceses, como así también miembros de la resistencia polaca. En un sector del campo independiente se encontraban los prisioneros de guerra soviéticos, que inundaron el campo después de que el pacto Hitler-Stalin se rompiera. Al principio, había pocos prisioneros judíos. Recién en la primavera de 1944, cuando comenzaron las evacuaciones de los campos en el este, la cantidad de prisioneros judíos comenzó a aumentar. Para cuando los norteamericanos liberaron el campo el 5 de mayo de 1945 aproximadamente 200.000 reclusos habían ingresado en él y 119.000 habían muerto, de los cuales alrededor de 38.000 eran judíos.

Dadas las condiciones de Mauthausen, es notable que hubiera un mundo musical allí también. En los primeros años del campo, el clima general desesperanzado empeoró por una prohibición oficial que les impedía a los reclusos hablar de composición musical. En esos años, las presentaciones musicales públicas se limitaban casi exclusivamente a diversas formas de tortura musical: un ex recluso, por ejemplo, recordó cuando lo obligaron a cantar ‘O head full of blood and wounds’ mientras las SS lo golpeaban. Como en muchos otros campos de concentración nazi, los prisioneros que intentaban escapar habitualmente eran guiados hacia su ejecución por una banda; los acordeones y los violines tocaban la alegre melodía ‘All the Little Birds are Already Here’. Además, el comandante del campo les permitía a algunos Roma y Sinti que tocaran cuando venían visitas importantes.

A medida que la guerra avanzó y aumentaron las victorias alemanas, las condiciones mejoraron ligeramente y se les permitió a los reclusos dormir más y hablar más libremente. Los prisioneros podían cantar y eventualmente les permitían mandar a buscar instrumentos de sus hogares. En 1942 varios Roma y Sinti formaron una banda que interpretaba para los demás reclusos. El comandante del campo decidió, sin embargo, que el campo necesitaba su propia "orquesta real" y fue reemplazada por músicos de formación clásica, principalmente de Polonia y Checoslovaquia. La orden original le llegó a un kapo en el verano de 1942. Él eligió a un músico checo para que armara una orquesta de siete músicos checos que trabajaban en tareas de construcción. La banda creció rápidamente: en 1943 había treinta miembros y un año después, más de sesenta. Los músicos a menudo recibían trabajos "privilegiados" en tareas de desinfección, lo que les permitía contrabandear ropa y otros productos para los reclusos necesitados. Los miembros de la banda que tocaban en fiestas de cumpleaños y celebraciones privadas también recibían raciones extra u otros privilegios. En sus conciertos, a los cuales asistía casi exclusivamente el personal y la elite del campo, la banda interpretaba obras de Beethoven, Schubert, Smetana y Bruckner, como así también de otros compositores clásicos populares. 

A principios de 1944, el desempeño de la banda mejoró con la llegada de veinte músicos de la Filarmónica de Varsovia; la orquesta ahora estaba en condiciones de realizar obras orquestales completas. Si bien la orquesta se disolvió oficialmente en la primavera de 1944, se honró la visita de Himmler en enero de 1945 con una presentación. Además de esta orquesta principal, los instrumentos de viento fueron agrupados en una banda de música independiente, la cual se vio obligada a tocar en la puerta del campo por las mañanas y las noches, cuando los reclusos entraban y salían de allí.

Si bien los conciertos de la orquesta eran un deleite casi totalmente inaccesible para los prisioneros, había algunos grupos musicales más pequeños que preparaban conciertos chicos o que recorrían las barracas. A partir del verano de 1943, los grupos de prisioneros de izquierda organizaron encuentros culturales de poesía y canto. Ese mismo año se creó un coro de veinticinco hombres checos. También se cantaban muchas canciones de la resistencia checa en las barracas y, de forma espontánea, en la plaza principal del campo. Los músicos checos de vez en cuando visitaban a los reclusos enfermos y tocaban individualmente para los cumpleaños de los prisioneros. En el verano de 1944, se conformó una pequeña banda de jazz con un grupo internacional de músicos y un cuarteto de cuerdas compuesto por miembros de la orquesta del campo. Asimismo, los prisioneros en el campo compusieron varias canciones que habitualmente describían las condiciones de la vida cotidiana.

Cuando los norteamericanos llegaron al campo el 5 de mayo de 1945, los prisioneros que quedaban estaban casi muertos de hambre; muchos otros murieron las primeras semanas después de la liberación por enfermedad y desnutrición. A pesar de estas condiciones, los días de la liberación de Mauthausen estuvieron marcados por una explosión de música. Entre el 5 y el 15 de mayo, se llevaron a cabo conciertos varias veces al día, que incluían himnos nacionales de los diversos prisioneros que habían pasado por el campo. La última noche, la orquesta (que se conformó apresuradamente) tocó un extracto de “Heroica” de Beethoven en memoria de aquellos que habían muerto en el campo.

Mauthausen continuó inspirando composiciones después de la guerra. Una de las piezas más conocidas es Mauthausen Trilogy (“La trilogía de Mauthausen”) del compositor griego Mikis Theodorakis, basada en poemas del ex recluso judío Kambanellis Iacovos. Se hizo popular en Israel y ha sido utilizada para promover la paz y la cooperación internacional en tiempos de conflictos violentos.

Vista de la puerta principal del campo de concentración de Mauthausen. Julio de 1945. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (74451). Cortesía del coronel Robert P. Seibel.

Referencias

Baaske, A., 1991. Musik in Konzentrationslagern, Freiburg im Breidgau: The Projektgruppe.

Kuna, M., 1993. Musik an der Grenze des Lebens: Musikerinnen und Musiker aus Böhmischen Ländern in Nationalsozialistischen Konzentrationslagern und Gefängnissen, Frankfurt/M.: Zweitausendeins.  

Langbein, H., 1994. Against All Hope: Resistance in the Nazi Concentration Camps, 1938-45, New York: Paragon House.  

Silverman, J., 2002. The Undying Flame: Ballads and Songs of the Holocaust, Syracuse University Press.  

Stompor, S., 2001. Judisches Musik- und Theaterleben unter dem NS-Staat, Hannover: Europaisches Zentrum fur Judische Musik.  

Weinreich, R. ed., 2002. Verachtet, verfolgt, vergessen:Leiden und Widerstand der Zeugen Jehovas in der Grenzregion am Hochrhein im "Dritten Reich", Hausern: Signum Design.