La posición política ambivalente de España durante la guerra y su falta de apoyo hacia las fuerzas aliadas generaron tensión en la relación con Gran Bretaña. Sin embargo, la música y el arte se convirtieron en un puente entre las dos naciones y se usaron como una herramienta política para estimular a España a permanecer neutral en lugar de colaborar con los nazis. Una gran parte de esta influencia política surgió a partir del establecimiento del Instituto Británico en Madrid y la incansable labor de Walter Starkie.

Starkie comenzó su carrera como músico y estudió violín en la Real Academia Irlandesa de Música con Archille Simonetti, gran alumno del reconocido violinista Paganini. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Starkie se unió a la Young Men’s Christian Association (conocida por sus siglas YMCA en inglés o Asociación Cristiana de Jóvenes en español), que brindaba entretenimiento a las tropas británicas en Italia. Mientras estuvo en Italia, Starkie estableció algunas relaciones amistosas importantes. Asentado en Montebello Vicentino, se hizo amigo de cinco prisioneros de guerra húngaros, con quienes comenzó a construir violines con piezas de madera irregulares que iban recogiendo. Luego, en el norte de Italia, conoció a Augusta Porchietti, una enfermera italiana de la Cruz Roja que le cantaba a soldados en el hospital de Génova y quien posteriormente se convirtió en su esposa. Estos dos encuentros prepararon la escena de su relación con la música y con los refugiados Roma y Sinti, esta vez en España durante la Segunda Guerra Mundial.

El Instituto Británico de Madrid, o ‘El Británico’ (como se lo conoció), fue creado en 1940 por el Consejo Británico con el objetivo de ejercer influencia sobre las decisiones políticas de España a través de la cultura. En su discurso inaugural como director del Instituto en agosto de 1940, Walter Starkie habló de “la actitud del Consejo Británico hacia las relaciones culturales” y estableció paralelismos entre la Gran Bretaña de Shakespeare y la España de Cervantes para resaltar las similitudes culturales entre ambos países. Según el informe que envió a Londres, el mega evento musical de inauguración atrajo a “todo el público musical” y reunió a “los principales compositores, directores de orquesta, pianistas, instrumentistas de cuerdas y a los críticos musicales de todos los periódicos. El auditorio del Instituto Británico, donde se llevó a cabo el recital, estaba atestado de gente y también llenamos el palco de arriba. Había más de 220 personas presente”.

Desde el principio, el objetivo de Starkie era poner de relieve los grandes logros culturales de Europa, con un énfasis particular en Inglaterra y en España. Para conseguirlo, se las arregló para traer a su Instituto algunas figuras reconocidas. En octubre de 1940, el pianista checo Rudolf Firkušný tocó antes de ir a los Estados Unidos y el compositor español Joaquín Rodrigo se convirtió en una figura frecuente. En 1941 se presentaron los famosos cantantes de flamenco Gracia de Triana y El Niño de Almadén y el guitarrista Manolo de Badajoz. También hubo baile gitano, una fiesta flamenca y un recital de danzas españolas. En 1943, había una tertulia cada quince días, conciertos de música de cámara y recitales de gramófono. Todos estos eventos les daban a los españoles y a los británicos una forma de relacionarse unos con otros de una manera (en la superficie) apolítica. En la realidad, el entretenimiento que se brindaba a través de la música estaba lejos de ser apolítico ya que mostrando la compatibilidad de los estilos británicos y españoles y fomentando una aprecio mutuo por la cultura de cada uno, el Instituto Británico esperaba que España recordara su cariño por Gran Bretaña y de esa manera no colaborara con los nazis.

No sólo se utilizó música en vivo para este propósito. La musicología también desempeñó un papel en todo esto, junto con una serie de conferencias, incluyendo una que el mismo Starkie dio: “Música, magia y juglaría: algunas experiencias de un folclorista”. Allí interpretó melodías de violín que había recogido en sus viajes por España, Hungría, Rumania y Grecia. Las películas también se convirtieron en otra forma popular de promover la cultura británica a través de las frecuentes noches de cine. Algunos actores clave fueron elegidos como eje central de estos eventos, incluyendo a Greer Garson, conocida por sus actuaciones en “La señora Miniver” y “Adios, Mister Chips”, y Laurence Olivier, reconocido por su papel protagónico en “Orgullo y prejuicio”. Las proyecciones se repitieron con el fin de que las grandes audiencias deseosas de verlas pudieron hacerlo.

Sin importar si los españoles vieron la agenda política del Instituto o no, la popularidad de estos eventos rápidamente se reflejó en la cantidad de miembros. Casi 500 alumnos se inscribieron a principios de diciembre de 1941, y seis meses después ése número aumentó a 762, con 408 miembros adultos adicionales y cerca de 100 alumnos de primaria. Hacia el final de la guerra, la cantidad de alumnos llegó a 1.500. Starkie le informó a Inglaterra que el Instituto estaba “desbordado de gente interesada en nuestro trabajo”. Starkie pronto expandió el Instituto y estableció conexiones con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, con un monasterio benedictino de Montserrat en las montañas de Cataluña y abrió una nueva sede en Barcelona.

El Instituto rápidamente se convirtió en un barco con otros fines que no eran las artes. Se envió un boletín médico mensual desde Inglaterra y una cantidad de médicos se registraron como miembros. El Dr. H. W. B. Cairns, especialista en cerebro, viajó a España para presentar una ponencia sobre abscesos cerebrales y se proyectó una película sobre transfusión de sangre a 75 médicos y estudiantes de medicina. La Iglesia también se involucró, ya que Starkie organizó un evento para conmemorar el cuarto centenario del nacimiento del místico del Renacimiento de España, San Juan de la Cruz, en 1942. Destacadas figuras eclesiásticas demostraron su lealtad para con el Instituto, incluyendo al Obispo Leopoldo Eijo y Garay de Madrid-alcalá y al padre jesuita vasco Nemesio Otaño, Director del Real Conservatorio de Música y Declamación. En 1942, Starkie invitó también a varios profesores universitarios para hablar en el Instituto.

No todos los eventos del Instituto eran tan sutiles en sus agendas políticas. En mayo de 1943, el actor Leslie Howard dio una conferencia sobre Hamlet y, en un intento por hacer que los españoles no apoyaran a los nazis, comparó el argumento de asesinato, engaño y locura de la obra con el accionar de Hitler. Howard era conocido por estar en contra de los nazis y se presume que habría estado involucrado con el Servicio de Inteligencia Británico. En su regreso a Londres, el avión de Howard fue derribado por la Luftwaffe (fuerza aérea alemana). En el mismo avión, regresando de una visita al Instituto, estaba el activista judío Wilfred B. Israel, quien había colaborado en el rescate de 10.000 niños judíos como parte del movimiento Kindertransport antes del estallido de la guerra. El Instituto se convirtió también en un apoyo para los refugiados de España. En 1941, la Cruz Roja Americana abasteció con harina y leche a 400 familias necesitadas; una operación que fue coordinada por la esposa de Starkie. Luego, cada martes, alrededor de 50 mujeres españolas y británicas iban al Instituto para convertir las bolsas de tela que se habían utilizado para transportar alimentos en ropa para niños indigentes. El mismo Starkie ayudó a los aviadores británicos que habían sido derribados en Francia a encontrar una vía de escape a través de los Pirineos, utilizando su propio departamento en la Calle del Prado 24 como una casa segura.

Si bien el Instituto estaba separado de la Embajada Británica y por lo tanto no era institución abiertamente política, todavía atraía a figuras políticas que incluían: representantes de los Estados Unidos, de las embajadas de Holanda, Polonia, Turquía, Egipto y Checoslovaquia y otras figuras públicas destacadas. El 8 de enero de 1944, Starkie fue invitado para conocer al General Franco en su residencia oficial de Caudillo. Franco le expresó su interés en el desarrollo de las relaciones culturales en el extranjero y esperaba crear un Instituto Español en Londres para formalizar el intercambio cultural. Después de esto, en julio de 1944, Starkie fue convocado para conocer a José Ibáñez Martín, Ministro Español de Educación, con el fin de conversar sobre el lugar del idioma inglés en el Bachillerato nacional. La ley en aquel momento decretaba que el idioma inglés no debía estar disponible para el estudio, pero Starkie convenció al Ministro para que la modificara. El 12 de agosto, una nueva resolución le dio a los alumnos la posibilidad de elegir entre el idioma inglés y el alemán. Starkie le informó a Inglaterra: “Tuve una importante victoria con el idioma inglés en España y destruí una de las principales ventajas de los alemanes aquí”.

Con el fin de la guerra, el lugar de Starkie en el Instituto se tornó incierto. En 1946, un artículo publicado en la Revista Nacional de Educación elogiaba los esfuerzos de Starkie y declaraba que “España lamenta profundamente la partida de Walter Starkie. Tanto es así que comenzaron las negociaciones con la idea de asegurar que el gran profesor pueda permanecer con nosotros. Los círculos intelectuales de España verán la presencia continua de su cordial e ilustre amigo con verdadera satisfacción”. En diciembre de 1946, el contrato de Starkie fue renovado, pero era una época de gran agitación política en España. En febrero de 1946, Francia y España tenían cerradas las fronteras y, en abril, Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos rechazaron formalmente el régimen de Franco. Para cuando Starkie fue restablecido en su puesto, las Naciones Unidas habían alentado a otras naciones miembro a retirar a sus embajadores y ministros. No obstante ello, Starkie no se desanimó frente al creciente aislamiento de España y programó una vibrante serie de eventos para la temporada de 1947. No se retiró de su puesto hasta 1954. Douglas Brown, actual miembro del Consejo Británico, quizá fue quien mejor resumió los esfuerzos de Starkie al escribir: “Durante la guerra, las simpatías subyacentes entre españoles e ingleses de todos los niveles se mantuvieron vivas en el clima cordial del Instituto Británico”.

Por Daisy Fancourt

Referencias

Tony Norman, 'Professor Walter Starkie and the early years of the British Council in Spain' (British Council, 2010)