Kate Ostermai, izquierdista de toda la vida, docente y amante de la música, pasó más de un año en Ravensbrück. Sus experiencias allí consolidaron tanto sus convicciones políticas como su creencia en el poder de la música. Ostermai nació el 11 de mayo de 1913 en la ciudad sajona de Colditz. De niña se sentía atraída por la música y tocaba piano y violín de oído. Luego tomó varias clases de música. Soñaba con convertirse en cantante de ópera pero la situación financiera de su familia hizo que fuera imposible (empeoró después de que su padre fuera despedido de su trabajo por pertenecer al Partido Comunista). Sus padres también eran conservadores en su opinión con relación al hecho de que las mujeres trabajaran y, por lo tanto, preferían que se capacitara en tareas más prácticas, como coser, cocinar y limpiar. Irritada por el entorno restrictivo de la casa de sus padres, Ostermai se fue en 1939 hacia la ciudad de Gera, donde encontró un trabajo como asistente de oficina y vendedora en el departamento de suministros musicales y grabaciones de una gran empresa de pianos.

Sin embargo, cuando comenzó la guerra, el director de la empresa fue reclutado por el ejército y sus márgenes de ganancia cayeron a un ritmo constante. Las ventas estaban disminuyendo y la paga semanal de Ostermai apenas le alcanzaba para sobrevivir. En 1943 se mudó a Weimar por un empleo mejor pago en Daimler-Benz, y ahí dijo "todo el desastre comenzó". Mientras trabajaba en Daimler-Benz, Ostermai entró en contacto por primera vez con una gran cantidad de trabajadores forzados de Polonia y Francia. Si bien restringía sus conversaciones con ellos a temas laborales, los espías de la empresa la denunciaron por tener "relaciones excesivas" con ellos. Estas acusaciones probablemente se basaron en su negativa a unirse a alguna organización nazi: "Nunca lo voy a hacer –dijo- porque estoy en contra de la guerra". Fue arrestada el 10 de marzo de 1944 por ser "políticamente poco confiable" y enviada a los campos de trabajo Breitenau. Unos meses después fue trasladada a Ravensbrück, donde usaba el triángulo rojo de los prisioneros políticos. Después de trabajar en diferentes puestos del campo, trabajó en la oficina del departamento de construcción de las SS. Se hizo amiga de varias artistas checas y en ocasiones las ayudaba a ingresar de contrabando en el campo sus pequeños álbumes ilustrados.

Uno de los recuerdos más fuertes que le quedaron a Ostermai de Ravensbrück fue su primera Navidad. Hacia fines de 1944, en el campo había unos quinientos niños de dieciocho países diferentes, la mayoría de los cuales habían llegado con sus madres y habían sido integrados al campo de la misma manera que las prisioneras adultas, con números y trabajos asignados. Ostermai, poco después de su liberación, describió la trágica impresión que estos niños dejaron en ella:

Despreciable es su ropa, sin alegría es su vida en el campo. Ellos no conocen el mundo exterior que está detrás del muro, muchos incluso nacieron en el campo. No disfrutan de los años dorados de la infancia; sólo conocen la miseria y la necesidad.

Muchas mujeres se sintieron profundamente conmovidas por el dolor de la vida de estos niños y decidieron montar un espectáculo de Navidad para ellos. Ostermai fue la responsable de juntar donaciones, en forma de vales de comida. Afortunadamente la barraca 2 había adquirido de alguna manera un acordeón y ella acompañaba a varias mujeres que cantaban mientras recorrían las barracas donde estaban encerradas las prisioneros alemanas. Tenía el formato del denominado ‘concierto de los deseos': una prisionera podía pedir una canción especial (por lo general grandes éxitos populares de la época) y a cambio donaba algo para el festival, que iba desde un trozo de pan, a una manzana o un dulce de su ración. El concierto comenzó por la tarde del 23 de diciembre de 1944. Un pequeño coro interpretó "O Tannenbaum" y luego hubo un espectáculo de marionetas para los niños. Sorprendentemente las SS toleraron esta actividad e incluso le dieron permiso a las mujeres para que utilizaran la barraca 22. Ostermai cree que ya se habían dado cuenta de que la guerra estaba llegando a su fin y el clima en el campo estaba más relajado.

Cuando las tropas rusas se acercaron en la primavera de 1945, la disciplina disminuyó, las rutinas se desbarataron y se evacuaban prisioneras regularmente desde Ravensbrück. Ostermai fue enviada con la última marcha de evacuación, un grupo de unas cincuenta mujeres acompañadas por once guardias. Ella logró huir saltando a un camión de soldados que pasaba por allí. Viajó a pie, en tren, coche y bicicleta en la dirección de Colditz y recibió ayuda en el camino de otros prisioneros que se habían escapado, grajeros y soldados rusos. En una oportunidad en una posada cerca de Wittenberg, pasó la noche en una sala llena de otros refugiados. Alguien le preguntó si sabía tocar el piano y, a la luz de las velas, entretuvo a sus compañeros con éxitos de los años de la preguerra.

El 14 de julio de 1945 llegó a Colditz, donde comenzó a trabajar en una estación de cuidado temporal para los refugiados enfermos y heridos que habían caído en la zona. Para animar a estos hombres y mujeres enfermos, Ostermai nuevamente recurrió a la música. Con su pequeño acordeón, recorrió las habitaciones cantando canciones folclóricas y melodías populares. 

Tras sus vivencias bajo el régimen nazi, que solidificaron su compromiso político, se convirtió en una militante comunista en la Alemania Oriental de la posguerra, escribió sus memorias y fue muy activa en la escena política femenina. También recibió varios premios por parte del Estado de Alemania del Este por su trabajo y participación política como docente. Dictó clases en hogares de ancianos y hospitales, donde cantaba para brindar alivio y distracción a los ancianos y enfermos. Ostermai falleció en Leipzig en febrero de 2003, firme en su creencia de que "por encima de todo, tienes que luchar por la dignidad humana".

Referencias

Knapp, G., 2003. Frauenstimmen: Musikerinnen erinnern an Ravensbrueck, Berlin: Metropol-Verlag.