Ravensbrück concentration camp prisoner Irma Trksak speaking about the make-up of the camp.

Nacida en Viena el 2 de octubre de 1917, Irma Trksak fue la segunda de cuatro hermanos nacidos en el seno de una familia de clase trabajadora de Eslovaquia, la cual había abandonado su patria por Austria, que tenía una economía más fuerte y mejores opciones de empleo. Su madre era ama de casa y cuidaba a los niños y su padre trabajaba en una fábrica. El dinero apenas les alcanzaba para vivir y los seis miembros de la familia vivían en un departamento de una sola habitación. Sin embargo, esos tiempos difíciles fortalecieron el compromiso de su padre hacia el socialismo. Era un reconocido librepensador e infundía en sus hijos una fuerte creencia en la humanidad, la solidaridad y la justicia social. Su política tuvo una fuerte influencia en su hija. Por suerte para sus hijos, también valoraba mucho la educación y, a pesar de la pobreza de la familia, los cuatro niños fueron a la escuela, lo que permitió que Trksak pudiera perseguir su sueño de convertirse en maestra. Su primer trabajo de maestra no lo encontró en Austria sino en Praga, donde obtuvo su título docente. De niños, ella y sus hermanos, pasaban sus vacaciones en Bohemia y Eslovaquia, y así desarrolló una fuerte conexión con la zona. Después de su permanencia en Praga, volvió con sus padres a Viena, donde consiguió puestos de docente en escuelas de lengua checas y eslovacas. Este trabajo duró hasta la anexión nazi de Austria (1938), momento en que las escuelas fueron cerradas. Ahí, por primera vez, Trksak se enfrentó con el racismo en el núcleo de la ideología nazi. A pesar de que se reconocía sobre todo como austríaca (aunque con corazón checo y eslovaco), según los nazis su sangre la hizo una eslava. Según sus propias palabras,

Entonces en tercer lugar, después de los judíos y los gitanos, veníamos nosotros, los eslavos. No teníamos sangre alemana en nuestras venas, no valíamos nada, fuimos juzgados en base a lo que Hitler había escrito en Mein Kampf.

En lugar de debilitar su sentido de lealtad para con su patria étnica, la experiencia del racismo nazi fortaleció esos lazos. En 1940 se inscribió en la universidad para especializarse en estudios eslavos y mantuvo sus conexiones con la comunidad eslava y los grupos de patrimonio cultural.

Desde la infancia, Trksak estuvo involucrada en grupos checos culturales, teatrales y musicales. En su juventud se presentó públicamente con un grupo de cantantes y compitió en un club de gimnasia izquierdista. Cuando los nazis cerraron ese club, los miembros checos crearon un club de gimnasia independiente, que eventualmente funcionó como camuflaje para la resistencia anti-nazi. Los miembros jóvenes llevaron a cabo muchos actos de resistencia, propaganda en contra y sabotaje. Con una máquina copiadora escondida, imprimieron y distribuyeron panfletos que criticaban a los nazis y volantes que alentaban a los jóvenes de Austria a negarse a servir en el ejército alemán. Incluso llevaron a cabo con éxito ataques a instalaciones de almacenamiento alemán, donde se acumulaba armamento. Sin embargo, su suerte se acabó pronto y en el otoño de 1941 alguien los traicionó.

El 29 de septiembre Trksak fue arrestada por la Gestapo, juzgada y condenada a un año de aislamiento. Ese período atormentador terminó cuando la juntaron con otra prisionera política. Trksak recordó que,

cantar en ese momento (y yo diría, siempre) me salvó la vida. Era parte de mi naturaleza. Siempre y en cada situación cantar me ayudó.

A principios de octubre de 1942, fue enviada junto con otras doce mujeres checas a Ravensbrück. Allí, luego de un período inicial de cuarentena, le asignaron una serie de trabajos físicos agotadores y sin sentido, como mover piedras. Tras un golpe de suerte, fue trasladada desde el principio a una barraca 'elite' donde había prisioneras políticas. Las mujeres tenían sus propios catres, sus propias frazadas y un poco más de espacio. También tenían un líder de barraca comprensivo que hablaba checo. Trksak logró que le asignaran un trabajo mucho mejor. Después de aprobar una prueba de coordinación, le asignaron la cinta transportadora en la fábrica Siemens. Unas semanas después, fue ascendida a secretaria y traductora (hablaba cinco idiomas: alemán, ruso, francés, checo y eslovaco).

Luego de su experiencia en el campo se convenció de que la música era una forma valiosa de preservar la cordura y el corazón. Estableció conexiones con un grupo informal de mujeres checas que contaba con muchas artistas profesionales. Estas mujeres componían, ensayaban e interpretaban obras musicales y teatrales. Trksak también se unió por poco tiempo a Vera Hozakova en un coro checo. Recuerda que con ellas cantaba obras de compositores eslavos como Dvorak y Smetana. También estuvo con un grupo musical de mujeres austríacas y alemanas. Practicaban los domingos por la mañana, por lo general en la esquina de una barraca o detrás de ella para no ser descubiertas por los guardias. A diferencia del grupo checo altamente capacitado, el grupo austriaco-alemán no era tan profesional y cantaba principalmente canciones folclóricas austríacas y éxitos vieneses para su propio disfrute. 

A fines de 1944, las SS levantaron nuevas barracas para los trabajadores de Siemens. Una amiga de Trksak consiguió que la nombraran autoridad en una de estas barracas nuevas, que le garantizaba una notable mejora en su ‘calidad de vida’ dentro del campo. Las mujeres que estaban a su cargo eran rusas, francesas, polacas, noruegas y de otras nacionalidades, y muchas de ellas estaban conectadas por experiencias compartidas en la oposición. Trksak las incitó activamente a cantar juntas y montar espectáculos. Sin embargo, había una espía en su grupo y Trksak fue traicionada. Como castigo, fue removida de su posición "privilegiada" y trasladada al pequeño campo de Uckermark. 

Si bien su experiencia en Ravensbrück había sido dura, no se podía comparar con el 'infierno' de Uckermark. Allí, 

no teníamos el valor para cantar. Allí lo único que importaba era salvar vidas humanas, advirtiéndoles, ocultándolas. Esa fue la única tarea al final.

Después de varios meses difíciles, Trksak fue enviada a una marcha de evacuación el 29 de abril de 1945. Milagrosamente logró huir la primera noche junto con otras mujeres. En un golpe de suerte, se encontraron con un soldado ruso que les dio los documentos de identidad necesarios y para fines de mayo de 1945 llegaron a Viena, que estaba destruida.

No obstante ello, las dificultades de Trksak no terminaron en su regreso a casa. Aunque encontró a sus padres y hermana con vida, sus dos hermanos habían fallecido, uno en un campo y el otro en el frente. Su novio había muerto en Mauthausen. La madre de Trksak estaba devastada por tantas pérdidas: decidió ignorar el doloroso pasado y se negó a hablar con su hija de lo que vivió. Pocos estaban interesados en la historia de sufrimiento de Trksak y eso la llevó a formar un grupo de sobrevivientes de Ravensbrück. Poco después del fin de la guerra sus padres y su hermana decidieron regresar a Eslovaquia pero Trksak decidió quedarse. A pesar de que mantenía sus conexiones políticas con el Partido Comunista después de la guerra, se volvió cada vez más crítica de la corrupción y el engaño en los niveles más altos del Partido, y como ella insistía en hablar abiertamente, fue criticada, recibió una reprimenda y finalmente dejó el partido en el 1968. Gradualmente también fue perdiendo la amistad de varias mujeres de Ravensbrück, que había permanecido fieles al Comunismo. 

A pesar de estas dificultades, se las arregló para criar a su hijo como madre soltera. También se convirtió en un miembro activo del grupo de Ravensbrück y pasó mucho tiempo hablando con grupos de jóvenes sobre sus experiencias en el campo. Además de su labor educativa, Irma Trksak fue seleccionada y obtuvo numerosos premios alemanes y austríacos. Asimismo fue entrevistada y su caso se presentó en películas y libros sobre la resistencia de las mujeres combatientes y sobrevivientes de Ravensbrück. 

Referencias

Knapp, G., 2003. Frauenstimmen: Musikerinnen erinnern an Ravensbrueck, Berlin: Metropol-Verlag.