Texto manuscrito a color de la canción de 'Borgemoor' o 'Moorsoldatensong' del campo de concentración Börgemoor, 1933.

Ya en marzo de 1933, a medida que los primeros campos de concentración se llenaban rápidamente, el Ministerio del Interior de Prusia comenzó a buscar nuevas ubicaciones para los campos. A principios de junio de 1933, en las ciudades de Börgermoor, Esterwegen y Neususturm (todas al noroeste de la zona turbera de Alemania), se construyeron las primeras barracas de los campos. Se eligió dicha zona porque estaba ubicada fuera de centros industriales y porque ofrecía suficientes oportunidades para hacer trabajar a los prisioneros en presuntos proyectos de obras públicas que involucraban el cultivo de los terrenos baldíos circundantes. En cuanto a la capacidad de hospedaje, los campos de Esterwegen y Börgermoor, que fueron terminados en agosto de 1933, estaban entre los más grandes de Alemania, aunque eran más pequeños que el campo de concentración bávaro de Dachau.

Cantar por obligación

Börgermoor fue originalmente construido en junio de 1933 para mil reclusos y se cerró como campo de concentración al año siguiente. La mayoría de los reclusos eran miembros del movimiento político de trabajadores, principalmente de las regiones del Ruhr y de Renania. Si bien los nazis los tildaron de “traidores” (“Vaterlandsverräter”), muchos de estos prisioneros eran obligados por los guardias a cantar canciones “patrióticas” o canciones nazis como un acto de humillación. Tenían que cantar mientras marchaban hacia el campo o cuando llegaban. Como escribió Wolfgang Langhoff, muchos recién llegados oían la siguiente afirmación en alusión al saludo ritual musical: “¡Esto es un infierno! ¿Ya te enseñaron a cantar?”. De hecho, la vida en el campo de Börgermoor demostró ser un infierno musical para muchos prisioneros. Mientras tomaban lista, mientras marchaban, durante los ejercicios o en medio del trabajo forzado, los guardias habitualmente les ordenaban que cantaran canciones como en sus propias tradiciones militares. Hermann Laupsien recordaba en una carta que “cada vez que marchábamos para entrar o salir” los prisioneros teníamos que empezar a cantar. “La canción acompañaba nuestra marcha de paso rápido hacia el lugar de trabajo” –comentó Eugen Eggerath en una carta que le escribió a su esposa el 16 de agosto de 1933, que trataba sobre el canto obligatorio que les imponían a los prisioneros en su camino hacia sus tareas de cultivo en el páramo de Emsland o en su trayecto de retorno. También, durante las extensas y kilométricas marchas, los interrumpían con otras chicanas: obligaban a los prisioneros a arrastrarse por el suelo con herramientas en sus manos.

En varias ocasiones, los guardias intencionalmente les ordenaban a los prisioneros políticos que cantaran la canción de los trabajadores, “La Internacional”. Se suponía que los cantantes iban a deshonrar la gran tradición de la canción del movimiento obrero por el entorno en que la cantaban. Dichas órdenes también presentaban la oportunidad para el maltrato por parte de los guardias. Luego de obedecer tal orden, el prisionero se encontraba con un rápido trompazo en la cara que iba acompañado de un consejo: le decían que era mejor para él que aprendiera la canción de Horst Wessel de memoria. Otro ejemplo era la canción satírica “Ich bin ein Jude, kennt ihr meine Nase?” (Soy judío. ¿Ves mi nariz?), que era una variación antisemita del himno nacional de Prusia, ‘Preußenlied’ (“Canción de Prusia’), escrito por B.H. Thiersch en 1830. Los hacían cantar esa canción con la intención de denigrar a los prisioneros judíos. En 1933, un vendedor mayor judío tuvo que cantarla mientras estaba arrodillado en las barracas de detención. Luego tuvo que recitar un texto obsceno en forma de plegaria. Las canciones de tono subido con contenido obsceno, además, tenían la finalidad de mofarse del pudor de los prisioneros, en particular de los hombres casados y los padres. Cantaron, por ejemplo, ‘Lore’ con la hija de un solitario trabajador forestal. O la canción ‘In dem Wasser schwimmt ein Fisch’ (Un pez nada en el agua): “Vuelve a la tierra natal/ una nueva vida comienza/ abusan de una mujer/ Santa Claus trae pequeños niños”. Sin embargo, algunos oficiales de las SS simplemente les pedían que cantaran por puro aburrimiento. Langhoff contaba:

Habitualmente había guardias apostados cerca del alambre de púas, quienes solían gritarnos: ¡Ven y cántame una buena canción! ¡Algo lindo!”. Y dependiendo de qué nos parecía el guardia o cuánto lo conocíamos, solíamos cantar canciones de la tierra natal a tres voces, mientras permanecía allí y oía. Un experto en pintura de Aquisgrán era nuestro ‘director de orquesta’.

La necesidad de la canción y su uso como una fuente de fortaleza

Este tipo de canto por obligación, a través del cual los guardias se burlaban y humillaban a los prisioneros, se puede contrastar con el canto voluntario del tiempo libre y los momentos donde no había supervisión. Dicho canto no sólo les otorgaba a los prisioneros un sentido de comunidad e identidad, sino que también se convertía en una fuente de fortaleza. Incluso las melodías más sencillas generaban el efecto psicológico positivo de cantar. A través de la canción, los prisioneros designados para pintar el interior del hospital del campo podían expresar su alegría de vivir y optimismo, a pesar de las condiciones del mismo. Según Rudi Goguel, “cantaban y silbaban de la mañana a la noche mientras trabajaban”. La mayoría de las canciones que elegían los prisioneros se remontaban a melodías y canciones conocidas de la época previa a su encierro. Como recordaba Armin T. Wegner, cuando los prisioneros cantaban por la tarde el estribillo optimista “El sol nunca se oculta para nosotros” de la canción “Wilde Gesellen” (Amigos salvajes), brotaban recuerdos de viajes anteriores que habían hecho juntos y también los ayudaba a darse ánimo unos a otros.

Sin embargo, los prisioneros conmemoraban a las víctimas asesinadas por los nazis a través de canciones como ‘Ich hatt’ einen Kameraden’ (“Yo tenía un camarada”), escrita por Ludwig Uhland en septiembre de 1809. Ésta también fue una forma explícita de expresar su crítica contra el régimen. En Börgermoor, los prisioneros comenzaron a cantar esta canción en 1933 luego de que las SS le dispararan a un prisionero en el cercano campo de concentración de Esterwegen. Cantaron esta canción junto con la canción ‘Moorsoldatenlied’ (“Canción de los soldados de la turbera”) en protesta por la noticia que señalaba que seis comunistas habían sido ejecutados en Colonia el 30 de noviembre de 1933 (era más peligroso cantar estas canciones que las canciones políticas y del movimiento obrero). Dichas obras musicales eran muy importantes para la identidad cultural de la mayoría de los prisioneros de Börgermoor. Por lo tanto, a pesar del peligro, las cantaban en secreto. Los recién llegados a la barraca, inseguros y todavía abrumados por el shock del encierro, se encontraban al final de la tarde con el canto suave de ‘Moorsoldatenlied’ o canciones familiares de los trabajadores, en ocasiones acompañadas por una guitarra. Estos sonidos conocidos servían para manifestar su solidaridad y predisposición por ayudar a sus compañeros. Los prisioneros estaban particularmente orgullosos de canciones como ‘Moorsoldatenlied’, que había sido creada por sus propios camaradas.

A veces pasaba que algunos pocos prisioneros se juntaban para tocar música con cierta frecuencia. De acuerdo con la tradición de los clubes de canto de los trabajadores (“Arbeitergesangvereine”), incluso había un coro, fundado en Börgermoor. Como señaló Eggerath irónicamente en su carta: “Como en cualquier grupo de alemanes, se había inaugurado un club de ajedrez y un club de canto“. Hermann Lausien manifiestó lo mismo en una carta y dijo que había un pequeño grupo que tocaba al estilo del movimiento juvenil (“Jugendbewegung”):

Tres camaradas formaron un grupo musical con guitarras y mandolinas. Por las tardes, en las barracas, el grupo interpretaba canciones de la guerra de los campesinos, canciones de excursiones, canciones de infantería y canciones folclóricas.

Eventos de la barraca y del campo

Aparte de todo esto, y a pesar de las restricciones en su libertad y las extremas condiciones del campo, los prisioneros lograban organizar con éxito eventos de música independientes. Muchas presentaciones se llevaban a cabo en las barracas donde se hospedaban: o sea, en una barraca con una gran cantidad de participantes. Esos eventos tenían lugar por la noche por lo general, cuando los guardias estaban fuera del campo de prisioneros propiamente dicho. Las denominadas “fiestas de despedida de las barracas” se realizaron en otoño de 1933 en Börgermoor para aquellos reclusos que iban a ser liberados. La noche anterior a la liberación, el prisionero más antiguo daba un discurso, todos cantaban en conjunto, entregaban regalos de despedida y le pedían al prisionero que iba a ser liberado que les diera mensajes a los amigos y a la familia que estaban ‘afuera’. En la fiesta de despedida de Wolfgang Langhoff, antes de ser transferido de Börgermoor al campo de concentración de Lichtenburg el 1º de diciembre de 1933, incluso tocó una banda y cantaron ‘Börgermoorlied’ (luego llamada ‘Moorsoldatenlied’ o “Canción de los soldados de la turbera”), de la cual él era coautor. Sin embargo, los eventos de las barracas motivados políticamente sólo se podían llevar a cabo en el mayor de los secretos. Por ejemplo, el comité ilegal de prisioneros de Börgermoor organizó pequeñas fiestas en diez barracas antes del tomado de lista vespertino para celebrar el 16º aniversario de la Revolución Rusa el 7 de noviembre de 1933. A pesar de su breve existencia, esos eventos de poesía, discursos y canciones revolucionarias dejaron una impresión duradera en todos los participantes.

Luego de que los prisioneros obtuvieran el permiso para realizar eventos en el campo para todos los prisioneros bajo el formato de funciones de circo (por ejemplo, “Zirkus Konzentrazani”), una autoridad del campo les prometió que también se les permitiría llevar adelante “noches de conferencias”. Éstas estaban planificadas y coordinadas por la oficina central del campo, aunque Langhoff tenía un papel fundamental. En intervalos regulares, cada programa se repetía en diez barracas. Las presentaciones consistían en canciones, piezas musicales, lectura de poesía y prosa e interpretaciones de un pequeño grupo instrumental que había surgido hacía poco tiempo. Había un cierre de comedia, durante el cual los prisioneros se esforzaban por contar chistes y anécdotas. Esto iba seguido de una canción que cantaban todos en conjunto y el anuncio de las barracas en las cuales se llevarían a cabo los siguientes eventos. Los prisioneros adoraban las “noches de conferencias”, e incluso en ocasiones había miembros de las SS entre el público. A través de exitosas combinaciones de obras de entretenimiento cortas y de agotadoras presentaciones educativas, lograron, según Langhoff, “influenciar, levantar el ánimo y educar ilegalmente a los camaradas”. Apuntaban a fortalecer a la sociedad prisionera moral y espiritualmente, pero también a promover la cohesión (política).

Junto con la coordinación de los contenidos del programa, un equipo entero de ayudantes colaboró con el vestuario, las partituras, a encontrar artistas, con la planificación y también ayudó para garantizar los tiempos y los lugares de ensayo. Más apoyo indirecto y práctico llegó a través del comité ilegal de prisioneros, el cual se conformó unas semanas después de la apertura de Börgermoor y trabajó con influencia desde la sombra. Asimismo, los eventos culturales se usaban como camuflaje para encuentros secretos. Finalmente, es probable que los miembros principales de las diez barracas apoyaran las funciones sin reservas. En Börgermoor, la relación positiva de los funcionarios prisioneros quedaba asegurada por el hecho de que, a diferencia de otros campos, el “autogobierno de prisioneros” (“Häftlingsselbstverwaltung”) no estaba designado por las SS.  En cambio, los reclusos de todas las barracas votaban por recomendación, que luego sería enviada a los líderes del campo. Según Heinrich Pakullis, luego en las diferentes barracas de Börgermoor incluso votaban para elegir a los “encargados de los eventos y sus comités”. Para ello, los miembros del comité responsable de la “cultura” coordinaban las presentaciones culturales. A través de los esfuerzos coordinados del comité ilegal del campo, de los funcionarios prisioneros bien intencionados y de los prisioneros talentosos artísticamente y activos (quienes solían conocerse de la época anterior a su encierro), el campo de concentración Börgermoor estableció una vida cultural para el verano de 1933, que fue excepcional tanto cualitativa como cuantitativamente en la primera fase del sistema campos de concentración.

Por Guido Fackler

 

Referencias

Ausländer, Fietje / Brandt, Susanne / Fackler, Guido: Das Lied der Moorsoldaten 1933 bis 2000. Bearbeitungen – Nutzungen – Nachwirkungen. Ed. by Dokumentations- und Informationszentrum (DIZ) Emslandlager, Papenburg, in cooperation with Stiftung Deutsches Rundfunkarchiv, Frankfurt a.M. and Potsdam-Babelsberg. Papenburg: DIZ Emslandlager, 2002 (http://www.diz-emslandlager.de/cd02.htm, mail@diz-emslandlager.de). – Double-cd-set with different recordings of „The Sing of the Peat Bog Soldiers” from 1937 until 1999 and booklet, where this essay is published in full length.

Boldt, W. & Suhr, E., 1985. Lager im Emsland 1933–1945. Geschichte und Gedenken., Oldenburg.  

Drobisch, K. & Wieland, G., 1993. System der NS-Konzentrationslager 1933-1939, Berlin: Akademie Verlag.  

Fackler, G., 2000. "Des Lagers Stimme"– Musik im KZ. Alltag und Häftlingskultur in den Konzentrationslagern 1933 bis 1936, Bremen: Temmen.  

Langhoff, W., 1988. Die Moorsoldaten, Köln .  

Lieder aus den faschistischen Konzentrationslagern. Zusammengestellt von Inge Lammel und Günter Hofmeyer. Veröffentlichung der Deutschen Akademie der Künste zu Berlin, Sektion Musik, Abteilung Arbeiterlied (Das Lied – Im Kampf geboren, Heft 7). Leipzig 1962, report of Rudi Goguel (14-18) and quotes on 16

Landau, L. & Wegner, A.T., 1999. Welt vorbei“. Abschied von den sieben Wäldern. Die KZ-Briefe 1933/34 T. Hartwig, ed., Berlin.  

Suhr, E., 1985. Die Emslandlager. Die politische und wirtschaftliche Bedeutung der emsländischen Konzentrations- und Strafgefangenenlager 1933–1945., Bremen.

1934. Revolutionsfeier hinter Stacheldraht.Wie wir den 16. Jahrestag der Oktober-Revolution im Konzentrationslager Börgermoor feierten. Der Gegen-Angriff, 5.hrestag der Oktober-Revolution im Konzentrationslager Börgermoor feierten. In: Der Gegen-Angriff, Nr. 45, 7.11.1934, S. 5.