Prisioneros custodiados por los hombres de las SA hacen fila en el patio del campo de concentración de Oranienburg, cerca del río Havel de Alemania. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (77559A). Cortesía de la Administración Nacional de Archivos y Documentos.
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El cuartel general del campo de concentración de Oranienburg –que se abrió el 21 de marzo de 1933 bajo el control de las SA (división 208), pasó al mando de las SS en 1934 y se cerró a principios de 1935- fue muy activo en lo que se refiere a propaganda. Esto respondía a la proximidad del campo a la capital, Berlín, y a la personalidad y decisión del comandante del campo (SA-Sturmbannführer), Werner Schäfer. Por propia convicción y por presión de sus superiores, Schäfer desacreditó informes sobre Oranienburg de prisioneros liberados y de aquellos que escaparon y los catalogó como ‘propaganda extranjera’. Los actos de violencia fueron negados y justificados y, con promesas para demostrar la humanidad del campo, Schäfer hizo amenazas intimidantes. La intención detrás de todo esto era contrarrestar la cobertura negativa sobre el régimen nazi con una gran cantidad de corresponsales extranjeros en Berlín y evitar que esto volviera a pasar en el futuro.

 

Recorridos, comunicados de prensa

y documentales

De abril a agosto de 1933, las autoridades del campo llevaron de recorrida por los campos a varios periodistas y fotógrafos como parte de las medidas de propaganda del régimen. Además, la oficina de asuntos exteriores intentó lanzar contra-artículos a través de periodistas extranjeros amables. Asimismo, las salas de cine de Berlín y Oranienburg estrenaron en las semanas subsiguientes un documental corto denominado Die neuesten Aufnahmen aus dem Konzentrationslager Oranienburg (Las últimas imágenes del campo de concentración de Oranienburg), que se tomaron el 13 de abril de 1933. La intención de la película era insinuar que a los prisioneros de los campos de concentración se los trataba humanamente. Para dicho propósito, se puso especial énfasis en las actividades culturales de los prisioneros, lo cual explica la breve escena en la que se enfoca a un grupo de reclusos con sus instrumentos y en la que están parados libremente en un círculo alrededor de sus compañeros y tocando música en el  campo. Los nazis querían hacer circular entre el público esta imagen idealizada de la vida en el campo a través de estas imágenes, presuntamente auténticas y de naturaleza documental. La idea era que estos alegres prisioneros-compositores sirvieran como prueba del respeto que las autoridades del campo tenían por la identidad cultural de los detenidos.

 

La defensa del comandante del campo

En la prensa extranjera y de exiliados, se levantaron acusaciones bien fundadas contra los crímenes cometidos por los nazis en los campos. A ellas pertenecen el informe de 1934 de Gerhart Seger, quien escapó de Oranienburg, y sobre todo el 'Libro Marrón sobre el incendio del Reichstag y el terror de Hitler', Basilea, 1933 ("Braunbuch über Reichtagsbrand und Hitlerterror"), ampliamente distribuido. El comandante Schäfer reaccionó rápidamente a esto en su libro de disculpa 'El campo de concentración Oranienburg: el anti-libro marrón del primer campo de concentración alemán', Berlín, 1934 ("Das Anti-Braunbuch über das erste deutsche Konzentrationslager"). Este libro representa el único caso de un escrito contemporáneo donde un comandante de campo se defiende, incluso vacila entre auto-propaganda y propaganda nazi. Se distribuyeron dos mil copias en las agencias alemanas extranjeras por pedido del Ministerio de Propaganda y se reimprimieron algunos fragmentos del texto en periódicos alemanes.

En su texto descarado, Schäfer comenzó por endulzar la realidad y hacer que las condiciones de su campo parecieran inofensivas. Con relación a esto, hizo referencia a las actividades musicales, sin preocuparse por los errores puesto que contribuía con la propaganda. También mencionó que se componía música alegremente por las tardes, como prueba del buen ánimo que reinaba en el campo. Escribió:

Un día, luego de las cálidas jornadas de mayo, mientras los prisioneros estaban descansando en el prado, detrás de la fábrica del campo, luego del trabajo, se escuchó un violín y una guitarra. Sonaron melodías folclóricas alemanas y canciones alemanas. Y nadie había dado ni recibido una orden para hacerlo… […].

Schäfer alegó incluso que los prisioneros “[comenzaron a cantar] espontáneamente el himno nacional alemán” mientras estaban reunidos en el patio, luego de que Hitler anunciara que Alemania había abandonado la Liga de las Naciones. En su “Anti-libro marrón”, reinterpretó descaradamente las canciones que cantaban los prisioneros durante las marchas desde el campo y hacia él, como un buen gesto de su parte hacia los reclusos y como concesión de las autoridades del campo en respuesta a un requerimiento directo de los prisioneros:

A última hora de la tarde, el aire de verano llevaba al campo fragmentos de melodías de marchas viejas y canciones folclóricas, que provenían de reclusos que marchaban por la ciudad. Los prisioneros volvían cantando al campo de concentración ‘de mala fama’. Todo aquel al que le interese debe saber que eran los mismos reclusos quienes expresaban su deseo de cantar por las tardes luego del trabajo. El deseo también fue concedido.

Incluso si no todos los prisioneros tomaban esta orden de cantar como coerción directa o intimidación, ésta era una medida disciplinaria cuya intención era demostrar, al menos, que el guardia a cargo controlaba a sus reclusos. Combinado con el paso de ganso, el canto no sólo era útil para la corrección e instrucción militar, sino también para marcar obediencia y orden. Se suponía que con estos valores iban a engañar al público sobre el trato respetable de los prisioneros. Según Henry Marx:

Hubo cuatro divisiones de trabajo que partieron una después de la otra, luego de recontar personas y conformar al grupo de guardias que nos acompañaron. Esto sucedió mientras cantábamos canciones bastante lindas […]. Como una multitud salvaje, transitamos por tierra hacia un camino rural. Estábamos listos para hablar. El espíritu necesita su sustento luego del trabajo físico. Muchas conversaciones comenzaron de esta manera; en algunas de ellas, participé. Luego se formó una procesión y nuestras conversaciones se estancaron o avanzaron hacia un canto disciplinado, que es lo que sucedía habitualmente. Se oían canciones muy conocidas. Por supuesto, ‘Lore’, ‘Wenn wir schreiten Seit’ an Seit’ [Cuando viajamos uno al lado del otro] o ‘Mein Schlesierland’ [Mi Silesia]. También cantábamos canciones importadas de Papenburgo y una que terminaba con la siguiente copla: ‘Somos los soldados de la turbera y vamos con la pala a la turbera’ [primera frase de la ‘Canción de los soldados de la turbera’]. Nuestra reserva de canciones habitualmente alcanzaba hasta que llegábamos de vuelta al campo. Los doscientos últimos metros se hacían a paso de ganso y de esa manera entrábamos al patio pedregoso del campo.

Se obligaba a los reclusos a componer música forzosamente en grupos permanentes, lo cual servía como evidencia para ilustrar las condiciones aparentemente civilizadas de los campos de concentración. En 1933, por indicación del comandante del campo, se formó una pequeña banda del campo, que probablemente estaba conformada por cinco o seis músicos (violín, guitarra y mandolina). Una de sus tareas era presentar conciertos nocturnos. Además, se creó también un coro del campo que, según el informe de Seger, “también tenía que actuar por las noches”. Aún cuando los prisioneros supieran que las actuaciones vocales e instrumentales resultantes tenían la finalidad de engañar a los ciudadanos involucrados, a los residentes y a los extranjeros con relación a los acontecimientos que tenían lugar dentro de los muros del campo de concentración, no podían escapar a la explotación por parte de las SS.

Werner Schäfer aprovechó este tipo de composición de música y la utilizó para hacer propaganda en su “Anti-libro marrón”, aunque no directamente. En cambio, incluyó una cita de una supuesta carta de un prisionero para el periódico Dortmunder Generalanzeiger del 8 de febrero de 1934. Eso lo hizo para refutar un “informe difamatorio sobre el campo de concentración de Oranienburg” del periódico Vorwärts, del órgano central del Partido Socialdemócrata de Alemania. También se hacía mención de las actividades musicales en esta carta; sin mencionar, claro está, su naturaleza forzada.

Que la vida en el campo no podía ser mala queda demostrado por lo siguiente: cada noche los prisioneros realizan un concierto y también cantan. Entonces, nos preguntamos: ¿podría alguien bromear y reirse si las condiciones aquí fueran como las describe la gente? Nosotros creemos que no.
 

La transmisión de radio desde el campo

Las medidas de propaganda en Oranienburg encontraron otra forma de expresión en la transmisión de radio desde el campo. Si bien hay muchos informes de programas de radio de sobrevivientes transmitidos en los campos, éste es el único ejemplo conocido de un reporte radial generado dentro de un campo nazi. Para esta ocasión, el comandante Schäfer en persona llevó a un periodista al campo el 30 de septiembre de 1933. En ese momento, el reporte quedó registrado en nueve grabaciones y luego fue transcripto por Muriel Favre en 1998. Al principio el informe enfatiza su propio objetivo:

La Alemania Nacional Socialista joven se defiende contra las mentiras e informes difamatorios que se divulgaron en algunos medios de prensa extranjeros […]. Es por eso que hoy les mostramos una parte representativa de la vida en el campo de concentración de la gran Berlín. Vinimos con nuestros micrófonos a Oranienburg y queremos acercarles a ustedes y a todo el mundo la verdad, un relfejo de la vida y de todos los acontecimientos del campo de concentración. Oiremos a los detenidos, a aquellos confundidos, perseguidos y ahora a ciudadanos culpables.

El recorrido por el campo de concentración comenzó con la distribución de la comida en el patio. Luego, vimos el salón comedor en el edificio de la administración, las habitaciones donde dormían con sus tablas duras de madera y un baño con duchas: “todo seguía el orden militar”. Luego de “los ejercicios matinales”, “del café” y de la distribución de trabajadores, la charla se focalizaba en la rutina diaria de los prisioneros. En el edificio de la administración, se ocupaban del trámite burocrático de recibir a las nuevas admisiones, que debían ser meticulosamente registradas en ficheros. Otras estaciones de la recorrida incluyeron la sala de primeros auxilios, el área restringida de hospital y la sala común de los guardias. Se decía que el personal no guardaba ni “una pizca de venganza”. En muchas ocasiones, los prisioneros se  acercaban para hablar. Le respondieron al periodista casi con reticencia, quien incluso llegó a preguntar: - “Estás temblando. ¿Tienes miedo?”.

En el intento de mostrar que las condiciones del campo eran humanas, el periodista preguntó sobre la banda del campo: “Uno de los compañeros dijo que los prisioneros habían creado incluso su propia banda musical y que tocaban luego de la jornada de trabajo. ¿Será posible escuchar en el transcurso del día ensayos de ese grupo?”. Ante lo cual, Schäfer respondió:

Sí, veré qué puedo hacer. Se lo prometo pero no en un 100% porque no sé si todos los artistas de la banda están en el campo. Como te comenté hace un momento, mucha gente tiene trabajo adicional fuera del campo. Por lo tanto, hay una posibilidad de que algunos de ellos estén afuera, ya que de lo contrario estarían tocando sus viejas guitarras comunistas.

No hay nada más en los registros restantes sobre las funciones musicales. Sin embargo, a través de Gerhart Seger, un prisionero de Oranienburg de ese momento, sabemos que la banda de reclusos y el coro participaron de la visita de propaganda:

Cuando la transmisión radial anteriormente mencionada se llevó a cabo, el comandante del campo dio un informe correcto y extremadamente solapado. En el cierre de la transmisión, la banda de prisioneros tuvo que tocar y el coro tuvo que cantar. Está demás mencionar que afuera de la transmisión quedaron la queja de los reclusos maltratados, la descripción de las celdas de arresto… o sea, la verdad sobre el infierno que se vivía en Oranienburg. En lugar de eso, el comandante del campo cerró el reportaje radial con una oración que golpeó a los reclusos como una cachetada en la cara. Dijo: - “Con esto termina nuestra transmisión. Ya vieron el detrás de escena del campo de concentración musical y artístico de Oranienburg”. ¡Realmente el comandante no pudo haber sido más desfachatado!

Nuevamente la música se convirtió en un componente típico de la estrategia (cínica y detalladamente calculada para su efecto) para endulzar la realidad y hacer que las autoridades del campo parecieran inofensivas. Hoy en día, ciertamente se desconoce si los oyentes del informe radial en realidad compraron esto o si incluso fue transmitido, puesto que no hay ningún tipo de detalle al respecto en los periódicos alemanes. Sin embargo, el informe figura en la sección de difusión extranjera del catálogo de las estaciones de onda corta de la Sociedad Radiofónica del Reich (Reichsrundfunkgesellschaft). De esto se puede asumir que el informe fue efectivamente transmitido y que, de una u otra forma, estaba dirigido principalmente a oyentes extranjeros y alemanes que vivían en el exterior. De todos modos, esta curiosa transmisión de radio refleja, por otra parte, la presión que sentían los nazis por defender sus acciones frente al mundo exterior. Bajo su visión, las interpretaciones musicales podían utilizarse como un instrumento de propaganda convincente, que se podía aplicar para disipar cualquier duda eventual del pueblo. Por otra parte, esta transmisión también deja en claro cuán fácil les resultó a los nazis encarcelar a oponentes políticos con poca justificación legal.
 

Por Guido Fackler

 

Referencias

Braunbuch über Reichstagsbrand und Hitler-Terror. Vorwort von Lord Marley. Basel 1933.

Fackler, G., 2000. "Des Lagers Stimme"– Musik im KZ. Alltag und Häftlingskultur in den Konzentrationslagern 1933 bis 1936, Bremen: Temmen.  

Fackler, G., 1998. „... den Gefangenen die nationalen Flötentöne beibringen.“ Musikbeschallung im frühen KZ Dachau. . Jahrbuch des Vereins „Gegen Vergessen – Für Demokratie, 2, 170-174.  

Favre, M., 1998. Wir können vielleicht die Schlafräume besichtigen”. Originalton einer Reportage aus dem KZ Oranienburg (1933). Rundfunk und Geschichte, 24, 164-170; .  

Marx, Henry: „Am Anfang, da hatte man doch nicht so die tödliche Routine“. Im Konzentrationslager Oranienburg. Tagebuchauszüge. In: Wer sich nicht erinnern will … ist gezwungen die Geschichte noch ein­mal zu erleben. Kiezgeschichte Berlin 1933. Hg. von der Arbeitsgruppe „Kiezgeschichte – Berlin 1933“ im Rahmen des Projekts des Berliner Kulturrats „Zerstörung der Demokratie – Machtübergabe und Wider­stand“. Berlin 1983, S. 12-19, quote on 15-16 (see also in: Biereigel, Hans: Mit der S-Bahn in die Hölle. Wahrheiten und Lügen über das erste Nazi-KZ. Berlin 1994, S. 235-238).

Morsch, G. ed., 1994. Konzentrationslager Oranienburg (Schriftenreihe der Stiftung Brandenburgische Gedenkstätten, Nr. 3)., Berlin.  

Schäfer, Werner: Konzentrationslager Oranienburg. Das Anti-Braunbuch über das erste deutsche Konzentrationslager. Berlin 1934, quotes on 29, 42-43, 76, 162-163, 167. This book is the camp’s commandant written response to publications by released and escaped prisoners from Dachau.  Though there is some doubt concerning Schäfer’s authorship, there is no doubt that he provided much of the information contained within the book.

Seger, Gerhart: Oranienburg. Erster authentischer Bericht eines aus dem Konzentrationslager Geflüchteten. Mit einem Geleitwort von Heinrich Mann und Stimmen von Walter Mehring und Kurt Hiller zur Ermordung Erich Mühsams nebst Nazidokumenten im Anhang. Berlin 1979, quote on 29 (Erstausgabe: Karlsbad 1934 mit einem Geleitwort von Heinrich Mann).

Widmaier, T., 1997. KZ-Radio. Lautsprecherübertragene Musik in nazistischen Konzentrationslagern. In H. Heister, ed. Musik / Revolution. Festschrift für Georg Knepler zum 90. Geburtstag.

Hamburg, pp. 315-324.  

Excerpts of the radio report about Oranienburg discussed in this piece can be found online at: www.dra.de/online/dokument/1998/september.html ; The recordings survived in a Czech radio archive and in 1995 were re-edited by the Deutsche Rundfunkarchiv in Frankfurt am Main, where they are located at call number 2955807/2).

A VHS copy of the propaganda film Die neuesten Aufhanmen aus dem Konzentrationslager Oranienburg (The Latest Shots from the Concentration Camp Oranienburg) from 1933 is housed at the video archive of the Sachsenhausen memorial at Oranienburg (call number VHS-Videokassette 74).