Prisioneros de Sachsenhausen que vestían uniformes con insignias triangulares. De pie, en fila, bajo la supervisión de un guardia del campo. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (76278). Cortesía de la Administración Nacional de Archivos y Documentos, College Park.

El campo de concentración de Sachsenhausen, ubicado a 35 kilómetros al norte de Berlín, se estableció en abril de 1936. Los primeros prisioneros llegaron de los campos de Emsland. No fue un campo de exterminio pero miles de personas murieron por enfermedad, frío, hambre y abuso. Otros tantos, incluyendo grandes grupos de prisioneros de guerra soviéticos, fueron ejecutados allí. En un intento por escapar de  la llegada de los soviéticos en abril de 1945, los guardias del campo obligaron a más de 30.000 prisioneros a emprender las marchas de la muerte, donde miles y miles murieron. Cuando los soviéticos llegaron al campo el 22 de abril, sólo 3.000 reclusos enfermos y débiles habían logrado sobrevivir y fueron liberados. En 1946, los soviéticos transformaron el antiguo campo en uno de los campos de prisioneros más grandes de la Alemania ocupada. Más tarde, se convirtió en un gran espacio educativo y  conmemorativo.

Los prisioneros de Sachsenhausen trabajaban exhaustivamente y tenían mala alimentación, vestimenta y vivienda. La mayoría trabajaba para fábricas de armamento alemán, pero también en agricultura, construcción y tareas textiles. Sachsenhausen se destacó por sus arraigadas operaciones de falsificación: los prisioneros eran empleados a la fuerza para reproducir la moneda estadounidense y la británica. El campo se expandió continuamente y con el tiempo contó con docenas de subcampos. 

En un principio, Sachsenhausen albergaba fundamentalmente a prisioneros políticos alemanes; los reclusos judíos en ese momento eran detenidos con frecuencia por ser socialistas o comunistas, no directamente por ser judíos. Poco a poco, a medida que la red nazi se amplió, también se incrementó la cantidad de prisioneros: la población de 2.500 reclusos de 1937 se triplicó después del pogromo de la Kristallnacht en 1938, cuando miles de judíos fueron capturados. Finalmente, el campo incluyó una cantidad considerable de hombres homosexuales, judíos, Roma and Sinti, discapacitados y varios sacerdotes y prisioneros religiosos. Tras el estallido de la guerra en 1939, la población se volvió internacional, ya que sacaban muchos más prisioneros de tierras ocupadas. Una de las cuestiones más importantes relacionadas con la vida cultural del campo llegó con la detención de 1.200 estudiantes checos a fines de 1939. Muchos de ellos eran artistas o músicos y además nacionalistas, anti-fascistas y conscientes de la realidad política. 

Vista de las barracas de los prisioneros en Sachsenhausen con eslóganes nazis pintados en el frente. Posterior al 27 de abril de 1945. [Impresión de gran tamaño, una de las tres que conforman una vista panorámica]. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (45460). Cortesía del Museo de Sachsenhausen Gedenkstatte und.

Producción de música forzada

Uno de los elementos más destacados y atormentadores de la vida en Sachsenhausen fue la producción de música forzada. Un ex recluso recordó:

Como todo lo que hacían, las SS convirtieron el canto en una burla, un tormento para los prisioneros... aquellos que cantaban en voz demasiado baja o demasiado alta eran golpeados. Los hombres de las SS siempre encontraban una razón... cuando por la noche teníamos que arrastrar a nuestros compañeros muertos y asesinados de vuelta al campo, nos hacían cantar. Todo el tiempo teníamos que cantar, tanto bajo el sol ardiente o el frío extremo como con lluvia o en tormentas de nieve. Cuando tomaban lista en la plaza del campo nos teníamos que poner de pie y cantar sobre la chica de ojos marrón oscuro, el bosque o el urogallo. Mientras tanto nuestros compañeros muertos y moribundos yacían junto a nosotros en una manta de lana rasgada o en el suelo congelado o mojado.

Habitualmente obligaban a los prisioneros a cantar mientras realizaban trabajo físico forzado. También había una tarea de trabajo llamada "los caballos que cantan”, común a muchos otros campos: un grupo de hombres estaba atado a los carros que arrastraban por el campo y tenían que cantar todo el tiempo en máximo volumen. Además de la tradicional toma de lista y del canto durante las tareas laborales, los domingos las SS solían ordenarles a los internos que cantaran canciones alemanas, generalmente canciones contemporáneas populares, canciones folclóricas alemanas o himnos nazis. Esto era particularmente difícil para los reclusos extranjeros que a menudo no hablaban el idioma. El canto forzado no sólo era desmoralizador y agotador, sino también peligroso. El ex recluso y músico Eberhard Schmidt comentó que aquel prisionero "que no conocía la canción era golpeado; el que cantaba en voz muy baja era golpeado y el que cantaba en voz muy alta también era golpeado".

Las SS también pedían que cantaran canciones del campo que en ciertos momentos eran obligatorias para los internos. Karl Wloch, prisionero político alemán, creó Sachsenhausenlied (la canción de Sachsenhausen) en el invierno de 1936 junto a sus amigos comunistas Bernhard Bästlein y Karl Fischer. La canción se basaba en una melodía conocida de los trabajadores ‘Die Bauern wollten Freie sein' (Los campesinos quieren ser libres), y decidieron que debía ser utilizada como medio para fortalecer la unidad de los prisioneros y para reflejar un espíritu anti-fascista. Como sucedía con muchas canciones del campo, primero la aprobaron las SS y con frecuencia les ordenaban a los prisioneros que la cantaran. No obstante ello, la canción fue luego prohibida pero los prisioneros siguieron cantándola en secreto, con lo cual dejó de ser un canto forzado para pasar a ser canto voluntario. 

Música en forma voluntaria

La música iniciada por los prisioneros comenzó muy temprano en Sachsenhausen. Uno de los primeros eventos musicales tuvo lugar en la víspera de Navidad de 1936, cuando un grupo de prisioneros comunistas de Hamburgo se reunió en el campo y cantó canciones de viejos grupos juveniles izquierdistas. Entre los participantes se encontraban el sabio del campo, Harry Naujoks, y el co-compositor de la canción del campo, Bernhard Bästlein. Para este grupo de comunistas comprometidos, los primeros meses en Sachsenhausen fueron brutales y deprimentes pero existía el deseo de consolidar los lazos de la comunidad del campo y organizar la resistencia cuando fuera posible. La asistencia fue alta y, como era una fiesta religiosa, los prisioneros esperaban que las SS fueran más tolerantes. Un ex recluso recordaba que

esa noche cada persona que se encontraba allí absorbió la fuerza de la comunidad, lo cual les dio el poder para resistir incluso a los peores horrores. Los que participaron del encuentro transmitieron el espíritu de esa experiencia a los compañeros que no habían concurrido. Nuestras canciones resonaron a lo largo y a lo ancho para que las paredes cantaran.

Tal fue el éxito de ese primer encuentro que estos conciertos comunales o Schallerabende se convirtieron en eventos regulares y con el tiempo incluyeron a prisioneros que no eran alemanes también. Los reclusos de Sachsenhausen también llevaron esta tradición con ellos a otros campos. Los encuentros crecieron y se comenzaron a incluir recitaciones y poesía como así también discursos políticos. Sin embargo, la característica central era el canto comunitario y muchas canciones se escribieron para cantar allí. Cuanto más seguido tenían lugar los Schallerabende, más difícil era mantenerlos en secreto. De vez en cuando las SS ordenaban que se cantaran ciertas canciones oficialmente permitidas y en ocasiones los encuentros se prohibían temporalmente. No obstante ello, eran desalentados pero permitidos; percibidos como un entretenimiento más que como política.

Como sucedía en otros campos, los músicos individuales de Sachsenhausen, como Aleksander Kulisiewicz y Jan Vala, a menudo hacían presentaciones clandestinas para los reclusos en sus barracas durante su tiempo libre, por la noche o los fines de semana. También había una serie de grupos corales más formales. Había varios coros checos, un coro polaco, varios coros alemanes, un coro judío dirigido por Rosebery D'Arguto (también conocido como Martin Rosenberg), y otros grupos de canto. El grupo más activo musicalmente probablemente fue el de los 1.200 estudiantes checos deportados a Sachsenhausen en 1939. Durante sus primeros días en el campo se la pasaron cantando, incentivados por los alemanes anti-fascistas mayores y más experimentados. Después de haber vivenciado en carne propia el poder de los Schallerabende, los reclusos políticos alemanes impulsaron a los jóvenes checos a cantar con el fin de mejorar su ánimo y consolidar su fuerza. Surgieron dos grupos de canto importantes: un coro formalmente entrenado, fundado y dirigido por František Marusan y un grupo de estudiantes que cantaban canciones satíricas y políticas, que se hacían llamar "Sing Sing Boys”.

El grupo Marušan estaba compuesto originalmente por cinco o seis estudiantes de música cultos y rápidamente llegó a tener más de cuarenta miembros. A pesar de que no tenían papel, partituras, instrumentos ni diapasón, los cantantes lograron armar un repertorio impresionante, con obras de Smetana, Janacek y Dvorak. "Sing Sing Boys” estaba compuesto casi enteramente por músicos aficionados y tenía una inclinación más política. Bajo la dirección de Karel Štancl, los estudiantes vieron una oportunidad parar resistir a los nazis mientras se entretenían y se apoyaban mutuamente:

Ninguno de nosotros había estudiado música. Estábamos atados por el mismo destino y el mismo amor a la música y el canto... Cada día contábamos cientos de muertos. Nos congelábamos y nos moríamos de hambre pero por la noche cantábamos y componíamos música... no queríamos ser mártires. Queríamos sobrevivir y derrotar a la Alemania fascista para ser parte de ello de alguna manera.

Otra contribución importante que los estudiantes checos hicieron en la vida musical de Sachsenhausen fue la creación de cancioneros. En 1940 hubo un brote de escarlatina en las barracas checas y fueron puestos en cuarentena. Esto, irónicamente, terminó siendo un hecho positivo ya que fueron liberados de sus tareas laborales y se quedaron solos. Limitados a sus barracas, los estudiantes organizaban debates, discusiones políticas, recitación de poesía y sketches satíricos. El prisionero comunista Harry Naujoks les pidió que prepararan un cancionero. El folleto que armaron estaba tan bellamente ilustrado que recibió la admiración de todos. Pronto llegaron más pedidos y así se convirtió en un sistema regular de producción. Con el tiempo los prisioneros alemanes también comenzaron a elaborar cancioneros; una serie que sobrevivió a la guerra.

Si bien era más difícil de organizar que el canto, también había música instrumental en Sachsenhausen. Uno de los primeros conjuntos fue un cuarteto de cuerdas que se estableció en 1941. Estaba conformado por tres músicos checos - Bohumír Červinka (violín), Karel Stancl (violín), Jan Škorpík (viola)- y el prisionero alemán Eberhard Schmidt (chelo). En un principio se arreglaron obras para la función de František Marusan y luego recibieron partituras para obras de Beethoven, Brahms, Schumann, Borodin, Grieg y Dvorak. En 1940, bajo las órdenes de las SS, se formó una banda principalmente con prisioneros polacos. En 1942, se armó una orquesta sinfónica, dirigida por el director de orquesta militar Peter Adam.

A pesar de los numerosos eventos musicales que tuvieron lugar en Sachsenhausen, sólo llegaban a una minoría de los prisioneros. Atrapados en una lucha incesante por sobrevivir, muchos de los reclusos simplemente no tenían contacto con el mundo musical de Sachsenhausen, y muchos otros eran demasiado débiles o estaban demasiado enfermos para asistir a un concierto. 

Referencias

Fackler, G., 2000. "Des Lagers Stimme"– Musik im KZ. Alltag und Häftlingskultur in den Konzentrationslagern 1933 bis 1936, Bremen: Temmen.  

Gilbert, S., 2005. Music in the Holocaust: Confronting Life in the Nazi Ghettos and Camps, Oxford: Oxford University Press.  

Kuna, M., 1993. Musik an der Grenze des Lebens: Musikerinnen und Musiker aus Böhmischen Ländern in Nationalsozialistischen Konzentrationslagern und Gefängnissen, Frankfurt/M.: Zweitausendeins.  

Lammel, I., 1995. Das Sachsenhausen-Liederbuch. In G. Morsch, ed. Sachsenhausen-Liederbuch: Originalwiedergabe eines illegalen Häftlingsliederbuches aus dem Konzentrationslager Sachsenhausen. Berlin: Hentrich, pp. 14-31.  

Langbein, H., 1994. Against All Hope: Resistance in the Nazi Concentration Camps, 1938-45, New York: Paragon House.  

Stompor, S., 2001. Judisches Musik- und Theaterleben unter dem NS-Staat, Hannover: Europaisches Zentrum fur Judische Musik.  

1998. Zeugen Jehovas: Vergessene Opfer des Nationalsozialismus. , Vienna.