Niños judíos en una calle del gueto de Varsovia, 1940. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (08160). Cortesía de Interpress, Varsovia.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en 1939, la población judía de Varsovia era la más grande de Europa y socialmente la más diversa. Sus 380.000 habitantes conformaban casi un tercio de la población total de la ciudad y. para cuando el gueto se estableció, en noviembre de 1940, superaba los 400.000 habitantes. La población estaba concentrada dentro de los muros del gueto, en una fracción del espacio de la ciudad y bajo condiciones de vida cada vez más insoportables. La comunidad organizaba y llevaba una vida cultural rica y diversa. Además del ‘gueto modelo’ de Theresienstadt, el gueto de Varsovia ofrecía más actuaciones, con más variedad de estilos y temas, y en más lugares que cualquier otro centro de concentración nazi. Tenía una orquesta sinfónica, cinco teatros, grupos de cámara, coros y cafés, y se realizaban numerosos conciertos y eventos musicales informales.

Gran cantidad de judíos camina por una calle del gueto de Varsovia, 1940-42. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (67419). Cortesía de Instytut Pamieci Narodowej.

Incluso antes de que el gueto quedara sellado, habían surgido una gran variedad de espectáculos musicales para satisfacer las necesidades de la comunidad. Se abrieron varios cafés y clubes que brindaban entretenimiento musical en vivo. La calle Leszno se denominaba humorísticamente "la Broadway del gueto de Varsovia". El periódico del gueto informó que:

La demanda de artistas es grande... Cada cafetería, cada bar y restaurante… publicita su propio gran programa de atracciones sensacionales.

En el gueto también funcionaban cinco teatros profesionales, tanto idish como polacos. Tenían ofertas teatrales serias y también espectáculos de revista ligeros, donde había canto coral, danzas, comedia musical y otros sketches. Estas revistas se basaban fundamentalmente en un repertorio musical preexistente: música de películas, ragtime estadounidense, cabarets, tangos, operetas y musicales; en contraste con guetos como el de Vilna, donde los programas de revista brindaban material original casi en su totalidad.

Además de los teatros, una de las primeras iniciativas culturales del gueto fue la creación de la Orquesta Sinfónica Judía hacia fines de 1940. Entre noviembre de 1940 y abril de 1942, tuvo cuatro directores permanentes: Marian Neuteikh, Adam Furmanski, Szymon Pullman y Israel Hamerman. El primer concierto, dirigido por Neuteikh, se llevó a cabo el 25 de noviembre de 1940 e incluía obras de Beethoven y Grieg. En general, la orquesta interpretaba un repertorio sinfónico estándar, con obras de Mozart, Schubert y especialmente de Beethoven, aunque después de la llegada de Pullman en 1941 el repertorio se amplió un poco más. Si bien los músicos tocaban en condiciones difíciles (iluminación deficiente, mala acústica, escenarios desmoronados, calefacción insuficiente), los conciertos eran baratos y contaban con bastante público.

También había conciertos instrumentales y vocales. Algunos de los intérpretes más populares incluían a Diana Blumenfeld, Helena Markowitz, Liliana Roman y la soprano Marysia Ayznshtat (de 20 años), conocida como el “ruiseñor del gueto".

Aunque gran parte de la actividad musical del gueto de Varsovia recurrió a un repertorio preexistente, se compusieron muchas nuevas canciones en respuesta a los hechos, como las de Paulina Braun. Algunas fueron escritas para darle ánimo a los reclusos de gueto o les rendían homenaje al heroísmo de ciertos personajes del gueto; otras criticaban a las autoridades judías. La expresión popular entre ellos estaba relacionada con la pérdida (del hogar, del sustento, de comunidad y de la familia) y su espíritu transmitía tristeza, desesperanza y cinismo.

Las deportaciones del gueto de Varsovia hacia el campo de muerte de Treblinka comenzaron el 22 de julio de 1942 y, en siete semanas, aproximadamente 300.000 personas (el 75% de la población), fueron deportadas y encontraron la muerte.

In addition to the theatres, one of the earliest cultural initiatives in the ghetto was the establishment of the Jewish Symphony Orchestra in late 1940. Between November 1940 and April 1942, it had four permanent conductors: Marian Neuteikh, Adam Furmanski, Szymon Pullman, and Israel Hamerman. The first concert, conducted by Neuteikh, took place on 25 November 1940, and included works by Beethoven and Grieg. In general, the orchestra performed standard symphonic repertoire, with works by Mozart, Schubert, and particularly Beethoven dominating programmes, although after Pullman’s arrival in 1941 the repertoire was expanded somewhat. Although the musicians performed in challenging conditions -- inadequate lighting, bad acoustics, crumbling venues, insufficient heat -- the concerts were cheap and relatively well attended.

Instrumental and vocal concerts were also regularly held. Some of the most popular performers included Diana Blumenfeld, Helena Markowitz, Liliana Roman, and the 20-year-old soprano Marysia Eisenstadt, known as the ‘nightingale of the ghetto’.

Although much of the musical activity that took place in the Warsaw ghetto drew on pre-existing repertoire, many new songs were also composed in response to the events, such as those by Paulina Braun. Some were written to provide encouragement to the ghetto inmates, some paid tribute to the heroism of certain ghetto characters, while others criticized the Jewish authorities. The pervading expression among them was one of loss – of home, livelihood, community, and family – and their spirit was most often one of sadness, despair, and cynicism.

Niños y adultos esperan su turno para recibir comida para los judíos ortodoxos en una cocina pública ubicada en la calle Nalewki 21 del gueto de Varsovia, 1940. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (15970). Cortesía de Zydowski Instytut Historyczny Instytut Naukowo-Badawczy.

 

 

Referencias

 

Gilbert, S., 2005. Music in the Holocaust: Confronting Life in the Nazi Ghettos and Camps, Oxford: Oxford University Press.  

Kalisch, S. & Meister, B., 1985. Yes, We Sang! Songs of the Ghettos and Concentration Camps, New York: Harper and Row.  

Rovit, R. & Goldfarb, A., 1999. Theatrical Performance during the Holocaust: Texts, Documents, Memoirs, Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press.