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Portrait of Fritz Löhner-Beda.

Einzi Stolz, esposa del compositor austríaco Robert Stolz, recordaba a Hermann Leopoldi de esta manera:

Leopoldi fue para todos nosotros un ser de otro planeta. Se salvó casi por milagro y sobrevivió a los horrores de los campos de concentración de Buchenwald y Dachau. Mantuvo su creencia en la bondad de la humanidad y siguió siendo un optimista, y dio coraje y confianza a muchos en tiempos difíciles.

Leopoldi fue uno de los pocos sobrevivientes judíos de la vibrante escena del cabaret de Viena en la década de 1920. Fue prisionero en dos de los campos más conocidos de la Alemania nazi, obtuvo su libertad a último momento, y retomó su carrera primero en Nueva York y después de la guerra en Austria.

Su padre, Leopold, era un artista y pianista comprometido, y tanto Hermann como su hermano mayor estaban destinados a dedicarse al mundo del espectáculo. Hermann nació el 15 de agosto de 1888 con el nombre Hersch Kohn. La familia cambió su apellido por Leopoldi en 1921, cuando Hermann ya tenía 33 años. Leopold le brindó una amplia capacitación musical a sus dos hijos. Cuando era adolescente, Hermann hacía acompañamientos musicales y era pianista de un bar. Interpretaba sus propios espectáculos en un estilo único de la comedia musical y acompañaba sus canciones en piano. Durante la guerra, Leopoldi se alistó en el ejército y trabajó como pianista y artista en espectáculos de variedades para los soldados que estaban en el frente.

En 1922, los dos hermanos Leopoldi, junto con Fritz Wiesenthal, abrieron el “Kabarett Leopoldi-Wiesenthal”. En una ciudad llena de cabarets, el de ellos fue reconocido como uno de los lugares más exitosos que recibía a famosos artistas austríacos de cabaret, entre los cuales estaba Fritz Grünbaum. Sin embargo, a pesar de las entusiastas críticas, el cabaret tuvo que cerrar en 1925 debido a las crecientes deudas. No obstante ello, Hermann logró continuar con su carrera y se fue de gira por Europa Central. Se convirtió en uno de los artistas más conocidos de la época, escribió la música para muchas canciones vienesas y francesas populares y trabajo con reconocidos artistas como Fritz Löhner-Beda.

El 11de marzo de 1938, Leopoldi viajó en tren hacia un espectáculo programado en Checoslovaquia. El tren, abarrotado de refugiados esperanzados, fue rechazado por los guardias checos de la frontera. Leopoldi y su mujer, conscientes de su precaria situación en la Austria anexada, habían estado preparando los papeles para emigrar a los EEUU.

Ya tenían todo preparado todo cuando, el 26 de abril, la policía llegó a su casa y se lo llevó para interrogarlo. Fue encarcelado e inmediatamente después lo enviaron a Dachau, donde otras estrellas del cabaret austríaco, incluyendo a Grünbaum y Löhner-Beda, también quedaron reclutadas. Luego, Hermann y muchos otros fueron trasladados a Buchenwald, y fue allí donde tuvo la máxima influencia en la vida cultural del campo.  Tocaba sus propias canciones para los otros prisioneros y además, como respuesta a un concurso iniciado por el comandante del campo, compuso ‘Buchenwaldlied’ (la canción de Buchenwald) con Löhner-Beda. Presentada por un kapo no judío, la canción fue elegida como la ganadora pero nunca entregaron el premio prometido. A pesar de su tono y letra optimistas, la canción tuvo éxito tanto con el personal del campo como con los prisioneros. Años después, Leopoldi recordó que la canción

le gustó mucho al comandante del campo; por su estupidez no se dio cuenta de cuán revolucionaria era la canción. A partir de ese día teníamos que cantar la marcha por la mañana, por la tarde y por la noche… A Rödl [el comandante del campo] le gustaba bailar al compás de la melodía; mientras de un lado sonaba la música del campo, del otro, azotaban a la gente… A través de nuestra colonia de trabajo, la canción llegó a los pueblos de los alrededores y pronto se hizo conocida por todos lados.

Mientras Leopoldi sufría en Buchenwald, su mujer y sus suegros intentaban desesperadamente conseguirle una visa para los Estados Unidos, donde ellos ya habían llegado. Luego de un soborno importante y mucha suerte, el 11 de abril de 1939 Leopoldi recibió una visa y fue liberado. Inmediatamente subió a un barco con destino a Nueva York, y cuando llegó su familia y periodistas neoyorquinos le dieron la bienvenida. Los artículos positivos que escribieron sobre su llegada a la Gran Manzana simplificaron su entrada en la vida cultural estadounidense. Poco común entre artistas de cabaret exiliados, Leopoldi prontamente se forjó una carrera exitosa en Nueva York.

Leopoldi interpretó con éxito versiones de su ‘Wiener Lieder’ en alemán y en inglés, e incluso dirigió un café musical llamado ‘Viennese Lantern’ (Farol vienés). Este café, que tuvo éxito entre los estadounidenses pero que estaba especialmente dirigido a la comunidad de artistas que huyeron del régimen nazi, fue según Einzi Stoltz “un oasis de la Viena auténtica en el centro de Nueva York, donde por algunas horas se puede soñar con una Viena que está muy lejos e inalcanzable, pero que sigue viva en tu corazón”. Este amor por su tierra natal, que continuó a pesar de su internamiento y la destrucción causada por la guerra, hizo que Leopoldi y su mujer volvieran a Viena en 1949. Allí colaboró para reconstruir la riqueza cultural que la ciudad había disfrutado veinte años atrás. Continuó con la carrera que tuvo que dejar en 1938, actuó e hizo gira por todo Suiza, Austria y la Alemania de la posguerra. Como un fuerte símbolo de la influencia transformadora que tuvo en la reconstrucción de Austria, en 1958 Leopoldi recibió la Medalla de Oro de Honor por el servicio a la República de Austria. Falleció de un infarto al corazón en Viena, en junio de 1959, cuando tenía 71 años.

Referencias

Kuna, M., 1993. Musik an der Grenze des Lebens: Musikerinnen und Musiker aus Böhmischen Ländern in Nationalsozialistischen Konzentrationslagern und Gefängnissen, Frankfurt/M.: Zweitausendeins.  

Silverman, J., 2002. The Undying Flame: Ballads and Songs of the Holocaust, Syracuse University Press.  

Stompor, S., 2001. Judisches Musik- und Theaterleben unter dem NS-Staat, Hannover: Europaisches Zentrum fur Judische Musik.