Jacques Stroumsa. Imagen de la Actividad Cultural de la Sociedad Literaria de Verona. http://www.societaletteraria.it/eventi/stroumsa.htm

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Grecia fue el hogar de una comunidad judía sólida y culturalmente vibrante. Después de la guerra, la comunidad fue exterminada casi por completo y sus miembros habían pasado por guetos y campos de concentración de Europa Central y Oriental, donde murieron de hambre y enfermedades o fueron asesinados. Jacques Stroumsa, ingeniero y violinista de Salónica, fue uno de los pocos judíos de allí que sobrevivió a la guerra. Fue trasladado a Auschwitz en un vagón de ganado con su toda familia y su violín, pero los nazis le arrebataron ambas cosas. Sin embargo, fue su habilidad musical lo que lo salvó a su llegada. Esa habilidad se la pasó a sus hijos y a sus nietos, junto con las historias de las glorias perdidas de la comunidad judía griega.

Stroumsa nació en Salónica en 1913. Era hijo de un maestro distinguido y de una sombrerera talentosa. Era el mayor de cuatro hermanos y mostró talento musical a edad temprana. Después de completar la escuela secundaria, fue a Marsella (Francia) para estudiar ingeniería y al mismo tiempo tomaba clases de violín en el Lycée Musicale. Cuando terminó, se mudó a París, donde continuó sus estudios de ingeniería y de música. Regresó a Grecia en 1935 para hacer el servicio militar. Allí daba clases de francés y de violín en la orquesta militar. Luego comenzó a trabajar en producción industrial, con motores diesel importados de Alemania. Era perseverante a la hora de expandir sus habilidades lingüísticas: tomaba cursos nocturnos de alemán, algo que le resultaría muy útil años más tarde. 

En el momento de la ocupación alemana, en abril de 1941, alrededor de 50.000 judíos vivían en Salónica solamente. La situación de los judíos poco a poco fue empeorando. Durante el primer año, los judíos eran acosados o insultados al azar, arrestados o les confiscaban sus pertenencias. Sin embargo, pensaban que se les iba a permitir permanecer en su país hasta el final de la guerra. Gradualmente, los nazis comenzaron a imponer una serie de "leyes para judíos", que limitan las actividades y el empleo de los judíos griegos. En marzo de 1943, comenzaron los traslados a Auschwitz. 

Stroumsa y su esposa Nora (que estaba embarazada), sus dos hermanas, su hermano, sus padres, sus suegros y muchos primos, tíos y tías fueron trasladados en abril de 1943. Para cuando Stroumsa fue evacuado de Auschwitz a Mauthausen, todos menos sus dos hermanas habían muerto. Su hermana Julie, que como él era una talentosa violinista, se unió a la orquesta de mujeres de Birkenau. Sobrevivió a su estadía allí, pero murió de tifus en Bergen-Belsen unas semanas antes de la liberación. Bella, su hermana menor, fue enviada a trabajar en 'Canadá', donde se clasificaba la ropa de las víctimas de la cámara de gas. Gracias al relativo "privilegio" de esa tarea, también sobrevivió. 

Stroumsa and his pregnant wife Nora, his two sisters and brother, his parents and parents-in-law, and many cousins, aunts and uncles, were transported in April 1943.  By the time Stroumsa was evacuated from Auschwitz to Mauthausen, all but his two sisters were dead.  His sister Julie, like himself a talented violinist, joined the women’s orchestra in Birkenau.  She survived her time there, but died of typhus in Bergen-Belsen just weeks before liberation.  Bella, the youngest sister, was assigned to work at ‘Canada’, where the clothes of the gassed victims were sorted.  Thanks to the relative ‘privilege’ of this job, she also survived.

A su llegada a Birkenau y después de la selección, Stroumsa fue tatuado. Le asignaron ropa nueva con una estrella amarilla y fue enviado a una barraca con los hombres sobrevivientes del transporte de Salónica. Todavía en estado de shock por los horrores que había soportado, se sorprendió cuando el Kapo polaco preguntó si alguien tocaba instrumentos. Él habló con timidez de su habilidad con el violín. El Kapo consiguió un violín y le ordenó que tocara. Tocó por más de veinte minutos y "todos parecían muy conmovidos, todos recordaban su vida libre en Salónica. Esa música, dadas las circunstancias, parecía completamente irreal". El Kapo lo llevó a una audición para la orquesta de hombres de Birkenau, donde la educación musical de Stroumsa impresionó tanto al director francés que lo designaron para ser primer violín, sin tener que interpretar una pieza de audición.

Stroumsa estuvo poco tiempo como violinista principal de la orquesta de Birkenau. Recordaba que tocaban un repertorio de música bastante variado, arreglado habitualmente por el director de orquesta y violinista Szymon Laks. Sus recuerdos más fuertes y más desagradables eran las interminables marchas que tocaban todos los días mientras los prisioneros entraban y salían del campo. También recordaba que los domingos algunos músicos tocaban en el hospital del campo. 

Después de algunos pocos meses, Stroumsa fue trasladado para trabajar en una fábrica de metales, donde se aseguró un puesto de ingeniero en la planta principal. Allí permaneció dieciocho meses. Debido a la importancia de la labor que llevaba adelante, lo trataban mejor que a la mayoría y también recibía mejor comida y vestimenta. Además, con el consentimiento tácito de su jefe, logró conseguir puestos de trabajo en la planta para algunos amigos y para su hermana Bella. En ese momento, la música dejó de ser parte de la vida Stroumsa, por primera vez desde su infancia (a excepción de la odiosa y agotadora canción que él y los demás trabajadores debían cantar cuando marchaban hacia el trabajo y cuando retornaban). 

El 19 de enero de 1945 Stroumsa fue enviado a una marcha de la muerte a Mauthausen, en la que los prisioneros llegaron seis días después. Como la guerra estaba llegando a su fin, el campo se volvió un caos: apenas si había comida y agua y hubo una feroz epidemia de tifus. Ése era el estado de situación cuando los tanques norteamericanos llegaron al campo el 8 de mayo de 1945.

Después de su propia recuperación de tifus, Stroumsa volvió a París. Nunca más volvió a vivir en Grecia. Continuó tocando el violín mientras trabajaba como ingeniero profesionalmente y, después de varias décadas en Francia, él y su segunda esposa se mudaron a Israel para estar con sus hijos. Sus memorias, Violinist in Auschwitz: From Salonika to Jerusalem 1913-1967 (El violinista de Auschwitz: De Salónica a Jerusalem, 1913-1967), concluyen con sus reflexiones sobre la naturaleza cíclica de la historia y el poder de la música: 

Hoy en día, muchas veces me siento a escuchar a mi nieta de dieciséis años, Dafna, mientras toca el violín en su casa en Jerusalem. Me recuerda a mí mismo, a esa misma edad, mientras tocaba en Salónica. ¿Cómo podía imaginar entonces que mi amor por este pequeño y a la vez tan poderoso instrumento algún día salvaría mi vida?

 

Referencias

Stroumsa, J., 1996. Violinist in Auschwitz: From Salonika to Jerusalem 1913-1967, Konstanz: Hartung-Gorre Verlag.