Cuando estalló la guerra en septiembre de 1939, el gobierno británico estableció tribunales para evaluar el posible riesgo de seguridad de todos los ciudadanos alemanes y austríacos residentes. De los 73.000 casos analizados, sólo 569 fueron considerados como “riesgo importante” (conocidos como “categoría A”); los casos de riesgo mínimo fueron catalogados como “categoría B”; y la gran mayoría, aproximadamente 66.000, fueron clasificados como “categoría C” (no presentaban ningún riesgo). Alrededor de 55.000 casos de la "categoría C" eran refugiados de la opresión nazi y de ellos casi 49.500 eran refugiados judíos.

Para mayo de 1940, la guerra había alcanzado un punto crítico y Gran Bretaña corría el riesgo de ser invadida. En respuesta a la presión pública y a pesar de los primeros resultados del tribunal, el gobierno británico comenzó a recluir a todos los hombres alemanes y austríacos entre 16 y 60 años de edad, incluyendo a los refugiados de la ‘categoría C’. Se ubicaron campos de internamiento por todo el Reino Unido pero muchos se encontraban en la Isla de Man, en el mar de Irlanda. Con el tiempo hubo alrededor de 25.000 hombres alemanes y austríacos y 3.000 mujeres. Además, para agosto de 1940, se habían deportaron alrededor de 4.000 hombres a Canadá y 2.000 a Australia.

Las estadísticas que reflejaban exactamente quiénes eran los internos ya no existen. Se pasaba lista dos veces al día pero los resultados no coincidían, los internos a veces intercambiaban identidades cuando había traslados y los registros oficiales eran desprolijos o se perdían. Cualquier debate sobre identidad colectiva se basa, en cambio, en casos de los que se tiene conocimiento, que son coherentes, aunque ciertamente es evidencia poco científica.

A pesar de la gran diversidad, una increíble cantidad de refugiados eran académicos y profesionales sólidos. Estas personas solían emigrar a Gran Bretaña en primera instancia a través de sus conexiones personales o profesionales. La mayoría de los refugiados eran judíos austríacos y alemanes de clase media completamente asimilados y a veces se describían como “más alemanes que judíos”. Muchos pasaron a ser mayores de edad justo antes de la República de Weimar o durante la misma (1918-1933). Como cuenta el historiador Meter Gay en su texto clásico Weimar Culture: The Outsider as Insider (“La cultura Weimar: el forastero como nativo”):

Aunque la República de Weimar les dio a los judíos una importancia sin precedentes en varios aspectos, no era una república ‘judía’ como solían decir muchos de sus enemigos. No habría sido peor si hubiera sido así, pero los judíos que tenían un papel importante en la cultura alemana estaban totalmente asimilados. Eran alemanes. El trabajo de Ernst Cassirer sobre Kant no era sobre un ‘Kant judío’; Beethoven de Bruno Walter no era un ‘Beethoven judío’.

El estado de los campos de internamiento variaba considerablemente. El campo de Bury era uno de los peores: no había baños (los internos usaban baldes), el techo tenía pérdidas de agua y no había muebles. Distinto era el caso del campo Hutchinson (en la ciudad de Douglas, en la Isla de Man), donde las condiciones físicas eran bastante decentes. El director administrativo de este campo, el capitán H. O Daniel, generosamente brindó materiales y espacio para los artistas e incluso decidió hacer construir un gran salón que servía como lugar de encuentro y sala de conciertos.

A pesar de la gran variedad de condiciones, algunas cosas eran comunes a todos los internos. Primero, el interno (a diferencia del criminal, a quien le daban una fecha de salida) no tenía idea de cuándo podrían soltarlo. Esta incertidumbre es opresiva a nivel psicológico. Segundo, la visión permanente del alambre de púas creaba un estrés psicológico importante. La separación de la familia agravaba aún más ese estrés (y, en 1940, la mayoría de las familias de los internos estaban en grave peligro: en el continente, por el fascismo y, en Londres, por los bombardeos). Tercero, esta población había atravesado mucho sufrimiento recientemente bajo el régimen nazi; por lo tanto, el estrés adicional de este internamiento británico habitualmente se magnificaba. Sin embargo, la administración británica de esa época obviamente no comprendía la realidad política que enfrentaban estos internos y esta falta de empatía era todavía más frustrante y deprimente para los reclusos. Finalmente, y lo más importante, el internamiento significaba una pérdida total de la libertad individual.

Inicialmente se confiscaron libros, partituras e instrumentos musicales. Sin embargo, cuando las condiciones se flexibilizaron, estos campos se colmaron de pasatiempos culturales de todo tipo, particularmente de composición de música clásica. Comúnmente se armaban pequeños grupos (dúos o tríos), ya que era lo más fácil de organizar. No obstante ello, en Hutchinson había una orquesta de cámara amateur, dirigida por el Prof. Kästner. El concertino, o violinista principal, sería el sobrino de Thomas Mann. En general, las obras de los compositores austríacos y alemanes de renombre como Bach, Mozart, Schubert, Beethoven y Brahms eran especialmente populares. Dado que este estilo de música clásica había sido una característica significativa en las vidas de estos refugiados en la preguerra, es natural que la cultura del campo de internamiento reflejara dicha importancia.

Hans Gál fue un compositor austríaco que tuvo gran éxito profesional antes de 1933. Cuando los nazis llegaron al poder, Gál estaba trabajando como director del Conservatorio de Mainz. Fue despedido de su puesto por ser judío y se prohibió la publicación y puesta en escena de su obra. Volvió a Austria y finalmente emigró a Gran Bretaña poco tiempo después de la Anschluss, o sea de la anexión nazi de Austria en 1938.

Gál justo había comenzado a restablecerse como compositor en Edimburgo cuando fue encerrado abruptamente. La familia Gál había decidido asentarse en Gran Bretaña, permitiendo voluntariamente que se venciera su VISA norteamericana. Este internamiento, llevado a cabo de la forma en que se hizo por un país en el que confiaban y que habían llegado a amar, fue un gran golpe psicológico.

Hans Gál fue arrestado por un oficial de policía civil y fue enviado en primer lugar a Huyton (un campo de tránsito cercano a Liverpool, que funcionaba como ‘lugar de clasificación’) y luego al Campo Central de la Costanera, también conocido como “Central”. Tanto Huyton como Central estarían entre los peores campos de internamiento.

Las condiciones de los denominados campos de tránsito, incluyendo a Huyton, eran inadecuadas. La comida era mala y escaseaba. Los hombres inicialmente dormían sobre bolsas de paja en el suelo. Sin embargo, el campo estaba tan abarrotado de gente que ni siquiera había suficiente paja y muchos hombres dormían directamente sobre el piso mugriento. La actitud de las autoridades de Huyton en ocasiones podía tornarse agresiva. Gál describe la reacción de un oficial quien, luego de confiscar instrumentos musicales de un interno, le sacó el paraguas a otro y en ese momento llovía mucho.

El Campo Central no era mucho mejor, en especial al principio. Los internos rápidamente apodaron a la cafetería como “el salón de la hambruna”. Los socorristas que colaboraban describían a las autoridades del Central como “estrictos y poco comprensivos”. No había privacidad. Los nazis constituían aproximadamente el diez o quince por ciento de la población del Campo Central: los nazis no estaban separados de los reclusos anti nazis y judíos (a pesar de las decisiones del tribunal de 1939, estaban todos juntos y esto era así en todos estos campos). Cuando comenzaron las liberaciones, el porcentaje de nazis en comparación con los que no eran nazis aumentó. Además hay que tener en cuenta que también había sobrevivientes de campos de concentración alemanes en estos campos, alrededor de ciento cincuenta solamente en el Campo Central. Uno de ellos era el abogado y talentoso violonchelista Dr. Fritz Ball de Berlín, quien tocaba música de cámara con el compositor (y pianista) Gál. La mano derecha de Ball había quedado extremadamente dañada por congelamiento a partir de su encarcelamiento en Sachsenhausen.

A pesar de esta realidad, los internos generaron una vida musical notablemente activa. La falta de ocupación significativa es un desafío psicológico importante para cualquier prisionero; sin embargo, los artistas (incluyendo los músicos) lograron continuar trabajando incluso bajo estas difíciles circunstancias. Fue una ventaja psicológica. La música también levantaba el ánimo del público de internos.

Los “conciertos hogareños” pronto pasaron a ser algo habitual. Estos típicos conciertos gratuitos eran organizados por los mismos reclusos y además eran muy populares. Hacían entradas para asegurar asientos y los programas se repetían para satisfacer la demanda. Algunas veces se tocaba música recientemente compuesta como Huyton Suite de Gál. Esta joya fue compuesta para una flauta y dos violines; una combinación poco frecuente pero seleccionada en función de lo que Gál tenía disponible en el campo.

Pronto algunos internos comenzaron a ser deportados a Canadá y a Australia. Los ensayos de Huyton Suite se interrumpieron cuando dos músicos fueron enviados a Canadá. El trío, recientemente formado, fue nuevamente disuelto cuando los músicos fueron transferidos a la Isla de Man. Nadie podía predecir por cuánto alguien sería retenido en cierto campo.

Finalmente, Huyton Suite se presentó con éxito en el Campo Central. Gál señaló que la obra fue “hecha a medida” para su público. En la música, a través de la flauta, se simulaba “la toma de lista”, que era una característica cotidiana de la vida en el campo de internamiento. Irónicamente, la función de estreno en el Central fue interrumpida porque tenían que tomar lista en el ‘mundo real’.

Otra obra musical original fue la revista “¡Qué vida!”. La iniciativa se llevó a cabo en septiembre de 1940 e involucró a toda la comunidad artística del Central, incluyendo a Gál, quien escribió la música. Si bien la obra tenía como objetivo principal convertirse en un entretenimiento, también hacía observaciones más profundas sobre la experiencia misma del refugiado, particularmente en dos partes serias: “Balada del pobre Jacob” y “Balada del refugiado alemán”. Otras representaban aspectos específicos del internamiento: “La canción del alambre de púas”, “La canción de la cama matrimonial”, etc. Incluso el ruido de los músicos al practicar se plasmó en una sección que incluía una mezcla divertida de citas de famosas piezas musicales clásicas.

Los internos finalmente fueron liberados a través de los denominados “Libros Blancos”. Sin embargo, estos no solucionaban la injusticia inherente al internamiento masivo, sino que se focalizaban en la utilidad pragmática de cada candidato en el esfuerzo bélico del momento. En el Libro Blanco emitido en julio de 1940, había dieciocho categorías y las liberaciones se decidían sobre una base estrictamente utilitarista. En estas limitadas categorías, los críticos señalaban que incluso personas como Thomas Mann y Einstein habrían permanecido encerradas. En respuesta a la considerable presión política, las categorías de liberación se fueron ampliando gradualmente y el segundo Libro Blanco se emitió en agosto de 1940. No obstante ello, todavía no se consideraba a la mayoría de los internos, incluso con estas nuevas condiciones ampliadas. Con el tercer Libro Blanco (octubre de 1940), hubo una categoría específica que finalmente contemplaba a los artistas. En noviembre de 1940, las condiciones de liberación se ampliaron aún más por virtud de un simple comunicado redactado en la Cámara de los Comunes.

En 1940, Hans G. Furth era un joven pianista que estaba encerrado en Hutchinson. Furth sintió que se benefició de la tutoría provista por los músicos mayores y por un grupo de monjes cartujos que estaban encerrados. Años después recordó su liberación:

Los ingleses emitieron un Libro Blanco y si uno entraba en alguna de las categorías que existían podía ser liberado. Si eras un combatiente anti-nazi, si tenías un trabajo indispensable para el esfuerzo bélico… todo tipo de razones. ¡Pero yo no encajaba en ninguna de ellas! Y no sentía ‘ganas’ de salir… Estaba bastante cómodo. Entonces me llamó el comandante y me dijo:

- ¿Por qué sigues aquí?

- Bueno, Señor, no entré en ninguna categoría.

- ¿Qué significa que no entraste en ninguna categoría? Eres un excelente pianista.

- Y cuando observé una de las categorías decía: “Músicos mundialmente famosos recomendados por el Club Penn”.

Y añadió: - ¿Por qué no te presentas?

- No soy famoso a nivel mundial- respondí.

Y comentó: - Bueeeno… ¡Puedes decir que ESPERAS ser famoso mundialmente!

Entonces me presenté y dije: -¿Me pueden liberar con la esperanza de que me convierta en un músico mundialmente famoso?-. Y así fue, me liberaron. Vaughn Williams fue el que firmó mi liberación.

Hans Gál fue liberado prontamente por estar en la categoría de dificultad médica: sufría de una enfermedad de la piel. De hecho, había escrito la música para “¡Qué vida!” desde una cama de hospital. Cabe mencionar que a pesar de las importantes dificultades que había atravesado (perdió su puesto de director del Conservatorio de Mainz, lo obligaron a abandonar Alemania y luego el país donde nació, prohibieron su música), Gál tomaba su internamiento británico como “el peor período de su vida”. A pesar de ello, permaneció un día adicional, luego de su liberación oficial, para estar en la función final de la revista que, a través de la música, transmitió la esencia del período de internamiento británico.

Por Suzanne Snizek

Referencias

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