La insignia de cinco puntas que el campo de trabajo Kratzau-Chrastava (un campo satélite de Gross Rosen) emitió para Helen Waterford la identificaba como prisionera. Waterford fue internada en el campo desde octubre 1944 hasta mayo de 1945. Museo Conmemorativo del Holocausto de los Estados Unidos (N00098). Cortesía de Helen Waterford.

Gross-Rosen se abrió en agosto de 1940 como un sub-campo de Sachsenhausen. Situado cerca de una cantera de piedras en la Baja Silesia, este campo de concentración se convertiría en un gran complejo de campos con una amplia red de sub-campos propios. Las alrededor de 26.000 mujeres que estuvieron aquí lo convirtieron en un campo de trabajo con una de las mayores concentraciones de mujeres prisioneras. Si bien las condiciones en los campos de mujeres eran ligeramente mejores que las condiciones en los campos de hombres, las mujeres también eran obligadas a llevar a cabo trabajo físico arduo en las fábricas, en la construcción y en la agricultura. En total, aproximadamente 40.000 personas murieron aquí, la mayoría de ellos judíos. De los que sobrevivieron, los más conocidos fueron los que salvó Oskar Schindler, un empresario nazi que salvó la vida de muchos de los que contrató para trabajar en su fábrica de municiones y que fueron eventualmente deportados a un sub-campo de Gross-Rosen. Las SS comenzaron a evacuar Gross-Rosen en el invierno de 1944 y miles de personas murieron en las marchas de la muerte. El campo fue liberado por los soviéticos en febrero de 1945.

La música era parte de la vida cotidiana de Gross-Rosen. Con frecuencia, los domingos, había presentaciones que incorporaban sketches teatrales y musicales. Estos espectáculos de variedades a menudo eran acompañados por una banda de tres instrumentos y un cantante. A pesar del contexto, estos conciertos eran extremadamente populares entre el público de prisioneros. También hay evidencia que indica que las SS ordenaban la realización de eventos culturales con el fin de distraer a la población del campo. Un concierto forzado se llevaba a cabo un domingo por la tarde en el verano de 1943 cuando

todos los prisioneros tuvieron que volver a sus barracas. En nuestra habitación el encargado de la barraca nos ordenó que cubriéramos las ventanas y cantáramos en voz alta... cuando oscureció y se nos permitió dejar de cantar, abrimos las cortinas y vimos llamas de fuego que salían de la chimenea del crematorio. Se podía percibir el olor a carne quemada. A la mañana siguiente corrió el rumor por todo el campo de que partisanos polacos habían llegado al campo en dos camiones y que luego habían sido eliminados.

Este uso de la música para esconder los horrores del campo continuó hasta el final de la guerra.

Referencias

Fackler, G., 2000. "Des Lagers Stimme"– Musik im KZ. Alltag und Häftlingskultur in den Konzentrationslagern 1933 bis 1936, Bremen: Temmen.  

Langbein, H., 1994. Against All Hope: Resistance in the Nazi Concentration Camps, 1938-45, New York: Paragon House.  

Weinreich, R. ed., 2002. Verachtet, verfolgt, vergessen:Leiden und Widerstand der Zeugen Jehovas in der Grenzregion am Hochrhein im "Dritten Reich", Hausern: Signum Design.