Anton Bruckner fue uno de los mejores compositores alemanes del siglo XIX e influyó en gran medida en el desarrollo de la música en la Edad Moderna. Los artistas Arnold Schoenberg, Gustav Mahler, Wilhelm Furtwängler, Paul Hindemith y Herbert von Karajan, entre otros, encontraron inspiración en sus grandiosas e innovadoras sinfonías. Sin embargo, su pública incorporación en el mundo nazi y la declarada identificación de Hitler con el músico (fallecido hacía largo tiempo) afectaron notablemente la aceptación de Bruckner después de la guerra. A diferencia de Richard Wagner, el nombre de Bruckner no está empañado de antisemitismo (aunque, por otra parte, el mito sobre su vida nunca llegó al mismo nivel de Wagner). A pesar de ello, la música de Bruckner estaba íntimamente ligada a las operaciones del Tercer Reich y, finalizada la guerra, rara vez se lo escuchaba fuera del mundo alemán. Bruckner no fue explícitamente rechazado por su relación con los horrores de la guerra de Hitler, sino que simplemente fue dejado a un lado. Recién en las últimas décadas, los músicos y musicólogos de los Estados Unidos y Europa Occidental comenzaron a volcarse nuevamente a Bruckner para explorar tanto su música como su importancia para el Partido Nazi.

Anton Bruckner nació el 4 de septiembre de 1824 en el pueblo austríaco de Ansfelden. Su familia era pobre y religiosa. Inicialmente siguió los pasos de su padre y se convirtió en el maestro del pueblo. A temprana edad mostró interés por el órgano y ayudó a mantener a su familia tocando el violín en bailes locales antes de completar sus estudios para recibirse de docente. Pasó mucho tiempo hasta que Bruckner se dedicó a la música por completo. De hecho, su talento para componer se desarrolló realmente cuando ya tenía alrededor de 40 años. Después de mudarse a la ciudad capital de Viena, se desempeñó como profesor de música. Su primera sinfonía, si bien no fue su gran logro, se estrenó con éxito en 1868. Bruckner era un trabajador laborioso y pedagogo pero continuó siendo desconocido incluso una década después de dicha función. Finalmente, en 1880, fue reconocido como una de las estrellas de la esfera musical de Viena. Justo antes de morir, el 11 de octubre de 1896, estaba trabajando en su última sinfonía.

De esta biografía relativamente común, los ideólogos nazis construirían una narración elaborada y casi completamente de ficción del esplendor alemán y de la opresión judía. La biografía de Bruckner fue recreada como la historia de un campesino austríaco que encontró el éxito, un joven cuya conexión con la tierra y la sangre alemanas lo hicieron digno de la supremacía ‘aria’. Se enfatizaron ciertos aspectos de su vida: como docente que descendía de varias generaciones de docentes, Bruckner encajaba en la obsesión alemana a través de la educación y la crianza de futuras generaciones de ‘alemanes auténticos’. Otros aspectos de su biografía también sufrieron modificaciones: el devoto católico pasó a ser ‘un creyente en Dios’, un hombre que había rechazado la religión formal en pos del tipo de espiritualidad nacionalista que Hitler prefería.

A pesar de haber compuesto muchas obras para la Iglesia, se decía que su música representaba la profunda espiritualidad que emanaba el mundo eclesiástico. Según la leyenda, su primer encuentro con Wagner lo inspiró para dejar su trabajo como organista de iglesia y convertirse en sinfonista. Gran parte de su biografía fue inventada por la prensa nazi, ya que la música de Bruckner no tuvo una gran aceptación mientras él vivía.

Para los musicólogos nazis, Bruckner fue la víctima final de la abominable burguesía judía. La indiferente recepción de los críticos de música vieneses fue atribuida, por consiguiente, a simple discriminación racial: un compositor brillante y miembro ‘puro’ de la raza alemana había sido atacado, sometido o simplemente ignorado por la conspiración judía que tenía a la ciudad de Viena en sus manos. Como nativo austríaco y artista menospreciado, Bruckner daba la imagen ideal de identificación para el otro artista menospreciado, Adolf Hitler. Como Goebbels anotó en su diario personal: para Hitler, el compositor fue ‘un campesino que conquistó al mundo con su música’, una figura análoga a la del führer mismo. También había un aspecto funcional en la importancia de Bruckner para la historia de la música nazi: como austríaco, Bruckner servía para encarnar las fantasías pangermanas del Partido. Se dice que luego de que Hitler escuchara la Sinfonía nº 7 de Bruckner gritó: ¡¿Cómo alguien puede decir que Austria no es alemana?! ¿Hay algo más alemán que nuestro antiguo y puro ‘austrianismo’?

No se puede negar el papel importante que tuvo Bruckner en la vida musical del Tercer Reich. Sus obras eran considerabas -simplemente y sin necesidad de excusarse- alemanas. Pasaban su música antes de discursos en los encuentros de Nuremberg y era uno de los compositores que más se escuchaba durante el régimen nazi. El Partido Nazi donó importantes sumas de dinero a la Sociedad Bruckner, entregó muchos premios Bruckner y llevó a cabo conciertos Bruckner. También planificó un gran festival de música para competir -en tamaño y gloria- con el festival Wagner de Bayreuth. Para el líder de Reich, la música de Bruckner tenía el poder de limpiar y reconstruir a la debilitada raza germánica. Luego de perder la Primera Guerra Mundial y con la degeneración de la República de Weimar, sólo había una solución:

¡retornar a las fuentes puras! ¡¿Qué otra cosa puede ser más pura que la profunda religiosidad de Bach, Beethoven y Bruckner?! Especialmente ahora, el arte consagrado de Bruckner encontró un suelo fértil; finalmente fue comprendido. Para miles de personas, fue la guía hacia un bello mundo espiritual.

 

Referencias

Gilliam, B., 1994. The Annexation of Anton Bruckner: Nazi Revisionism and the Politics of Appropriation. The Musical Quarterly, 78(3), 584-604.  

Korstvedt, B. M., 1996.  Anton Bruckner in the Third Reich and after: An Essay on Ideology and Bruckner Reception. The Musical Quarterly 80 (1), 132-160.

Meyer, M., 1993. The Politics of Music in the Third Reich, New York: Peter Lang.  

Potter, P., 1998. Most German of the Arts: Musicology and Society from the Weimar Republic to the end of Hitler's Reich, New Haven: Yale University Press.  

Prieberg, F.K., 1982. Musik im NS-Staat, Frankfurt/M.: Fischer.