Una de las herramientas importantes de la resistencia francesa fue la composición de miles de canciones de resistencia; sin embargo, esto históricamente fue ignorado en parte por la humildad con la que se llevó a cabo. Las cartas que sobrevivieron de muchos de esos compositores explican que su motivación estaba relacionada con expresar fidelidad hacia Francia, canalizar el odio y la burla hacia el enemigo, unir a los opositores de la Alemania nazi y mantener viva la fe en la liberación. Una de las compositoras, Suzanne Soulé, escribió en una carta de 1945:

Mis rimas no son muy complejas pero compuse esta canción durante la ocupación, por lo tanto es una canción de resistencia. Para mí fue la única forma de expresar mi odio pero también mi esperanza.

La mayor cantidad de canciones que sobrevivieron las recopiló Paul Arma y su esposa Edmée en 1945. Quería rescatar del olvido a muchos compositores, poetas y canciones que fueron escritas como actos de resistencia durante la Segunda Guerra Mundial y reconocer los esfuerzos realizados y los peligros que enfrentaron sus creadores.

Entre los compositores de la colección de Arma había desde enfermeras, profesores y maestros, hasta espías y prisioneros. Representan a 178 hombres y 46 mujeres, entre los cuales se encontraban veteranos de la Primera Guerra Mundial -como Victor Rocca y Henri Gioan, que habían editado La Chanson du pain (La canción de pan) entre 1914 y 1918- y también la obra de un niño de 12 años de edad, Colette, quien escribió la canción patriótica La Bravoure d‘un colonel (La valentía de un coronel) sobre Charles de Gaulle. Al menos 75 de los escritores eran combatientes de la resistencia, ya sea en el grupo de guerrilleros Maquis, en las Fuerzas Francesas del Interior (F.F.I.), o bien estaban involucrados como saboteadores.

Algunos de los compositores ya se habían consagrado como cantantes, tal era el caso de Gabirle Cousinou, cantante y poeta, Géo Gaillard, compositor de Deux-Anes (Dos burros) y Noctambules (Noctámbulos), y Jean Pinchon, quien brindó conciertos a prisioneros de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Otros eran compositores profesionales, como el copista de música Achille Coevet, el director de orquesta Paul Mariton, el organista Eugene Carpentier y el mismo Arma. Sin embargo, el resto eran aficionados que estaban deseosos por utilizar el talento que tenían a su disposición para expresar su resistencia a la ocupación de Francia.

Un tercio de los poemas que se encontraban en la colección estaban escritos para melodías originales. El resto utilizaba melodías ya existentes, lo cual tenía dos ventajas: en primer lugar, era más fácil para la gente recordar las melodías de las canciones; y en segundo lugar, la gente podía cantarlas sin llamar demasiado la atención. Roger Tabar, prisionero en un stalag (campo de prisioneros de guerra alemán) durante la Segunda Guerra Mundial, explicó que el día en que se enteró del desembarco de los aliados escribió una canción en base a la melodía de Maréchal, nous voila! (¡Mariscal, aquí estamos!), una canción patriótica sobre Pétain, pero con la letra cambiada a Aujourd’hui, les voila, les voila! (¡Hoy, aquí están, aquí están!) así podía tararearla sin temor a ser atrapado.

Muchas canciones simplemente resurgían de canciones populares de la Segunda Guerra Mundial, como La Madelon (Madelon) de Louis Bousquet y Camille Robert. Fue traducida al español y al inglés como “Madelon, seré fiel al todo el regimiento”. También fue interpretada por la alemana Marlene Dietrich el 14 de julio de 1939 para conmemorar la Toma de la Bastilla durante la Revolución Francesa y se convirtió en una canción favorita de la resistencia. Madelon llegó a ser venerada en forma similar a la Virgen María: como un símbolo de Francia.

Otras canciones fueron adaptadas del repertorio del cabaret y del café-concert, como la melodía de Dino Olivieri J’attendrai (Esperaré) de 1937, cantada por Rina Ketty. Gisele Boutrie se apropió de ella en la zona costera prohibida en junio de 1941 y fue interpretada por Tino Rossi y Jean Sablon. La letra describe la situación de guerra: interferencia de radio, racionamiento, colaboración y la espera por el desembarco de los aliados. Esta canción también la cantaban las esposas, las novias y las madres de soldados en Francia y se convirtió en la canción de la suerte durante el retorno del millón y medio de prisioneros de Alemania.

Algunas canciones procedían de la década anterior, de 1930, que se convirtió en una especie de ‘Edad de Oro’ de los combatientes de la resistencia. Muchas de estas fueron popularizadas por el cine y de hecho varias películas se convirtieron en sí mismas en una herramienta de la resistencia.

Los textos de las canciones tendían a centrarse en cuestiones de actualidad de aquel momento, condenaban a Vichy, a Pétain, a la milicia, a Laval, a los nazis y a Hitler, pero manifestaban agradecimiento a los aliados, en particular a Inglaterra, pero también a los Estados Unidos, a Rusia, a Grecia y a Australia. Varias canciones aludían a los éxitos militares franceses del pasado, como la Revolución, el Imperio o la Primera Guerra Mundial, mientras que otras se referían a héroes franceses como Carlomagno, Saint Louis, Henri IV y Richelieu. Por encima de todo había un fundamental amor por Francia, con los símbolos patrios recurrentes, como la bandera, la Cruz de Lorena y La Marsellesa.

Muchas de las canciones se cantaban clandestinamente en grupos íntimos de amigos y se difundían oralmente. Esto, en sí mismo, era un acto de resistencia, ya que los nazis hicieron que la simple posesión de un texto de resistencia fuera un acto ilegal. Pero otras se escribieron y se trasladaron secretamente en bolsos, se enviaron por correo, se pusieron en transportes públicos o se publicaron en periódicos clandestinos con el fin de difundir los esfuerzos de la resistencia. Por ejemplo, el periódico clandestino Les Crans publicó una canción de resistencia diferente en cada una de sus ediciones. Louis Petiot, uno de los compositores, hizo que un camarada de la resistencia reprodujera su canción dos mil veces en Reims y la circulara por la Francia ocupada. Incluso llegó a Londres, donde fue transmitida por Radio-Londres (la emisora de radio de la resistencia) en el programa Francais parlent aux Francais (Los franceses les hablan a los franceses). Al mismo tiempo, algunas canciones escritas en Inglaterra fueron transmitidas por Radio-Londres con el fin de pasarlas en Francia, como ocurrió con una de las canciones más famosas de la resistencia francesa: Le Chant des Partisans (El canto de los partisanos). Este sistema de circulación se hizo conocido como le principe de la chaine (el principio de la cadena) e involucró a algunas personas reconocidas, como el pianista ciego Charles Humel, quien decidió asumir la tarea de distribuir canciones de resistencia en cada ciudad que visitó. Humel escribió un documento llamado Chaine de la Libération (Cadena de la liberación), que explicaba en detalle cómo tener éxito en la transmisión de canciones de la resistencia y expresaba su esperanza de que la creación de una inmensa cadena “liberaría al mundo del tormento”.

Entre las historias exitosas estaba la canción Chant de guerre du maquis (Canto de guerra de los combatientes de la resistencia) de Maurice Vovard, que fue transmitida por toda la Dordoña, y La Marche des maquisards (Marcha de los combatientes de la resistencia) de Georges Adet, que se distribuyó desde Vandea hasta Poitiers. A partir de 1944, estas canciones fueron adoptadas por las Fuerzas Francesas del Interior y por batallones del ejército francés, que colaboraban con su transmisión y conservación.

Las canciones de resistencia también jugaron un papel importante en la liberación de Francia. La canción de Charles Humel, Liberation, se cantó en uno de los suburbios de Marsella el 26 de agosto de 1944 para calmar una lucha callejera. Posteriormente se publicaron más de veinte mil copias. En Vichy, la misma canción fue interpretada por una orquesta de 140 músicos el 17 de agosto de 1944 y en la glorieta de un parque el 27 de agosto, cuando la ciudad fue liberada. En Niza, veinte mil personas vieron a Marguerite Constantin-Fortin cantar Le chant héroique de la Résistance (Canción heroica de la resistencia) de Blanche Gabrielle el 11 de marzo de 1945, cuando la ciudad fue liberada, y tuvo el acompañamiento de una fanfarria por la paz. Luego, se enseñó la fanfarria a todos los niños de Cote d’ Azur. Después de la guerra, muchas de estas canciones fueron publicadas o grabadas, y las Fuerzas Francesas del Interior emplearon varias de las canciones como símbolos patrios del nuevo ejército francés.

Por Daisy Fancourt

Referencias

Chimello, Sylvia La Résistance en chantant (Paris, 2004).

Ferrari, Aldo ‘French Resistance Fighter and Member of the FFI’, Interview with author 16 July 2011, Saint-Maurice-les-Chateauneuf, France.

Marly, Anna Mémoires (New York, 2000).

Mathis, Ursula ‘Honte à qui peut chanter: le neuvième art sous l’Occupation’ La Vie Musicale Sous Vichy, ed. Chimenes, (Brussels, 2001).

Meadel, Cecile ‘Pauses musicales ou les éclat ants silences de Radio-Paris’ La Vie Musicale Sous Vichy, ed. Chimenes, (Brussels, 2001).