Una de las políticas nazis más perjudiciales para la música y para los músicos estuvo relacionada con el  Sonderstab Musik (el equipo de trabajo especial para el área musical), creado en 1940 como parte del Einstazstab Reichleiters Rosenberg (Comando Rosenberg para el Imperio; el equipo de saqueadores nazis de Alfred Rosenberg) que coordinaba la confiscación de las piezas musicales que pertenecían a los judíos de toda Europa. Saquearon 8.000 pianos, incluyendo los instrumentos de la famosa intérprete Wanda Landowska. (Después de la liberación, más de 2.000 objetos musicales fueron encontrados en el Palais de Tokyo, en París). El Sonderstab Musik también cumplió con el papel ideológico de juntar y enviar a Alemania toda la correspondencia y los manuscritos relacionados con los compositores judíos, prohibió las composiciones judías tradicionales y llevó a cabo una ofensiva contra la música judía 'degenerada'.

Vichy se hizo eco de esta campaña a través de la Commissariat General aux Questions Juives (Comisión General para Asuntos Judíos) que, entre otras cosas, espiaba a los compositores judíos y evitaba activamente las presentaciones de su música. Los músicos judíos tenían que contar con una autorización especial para poder tocar y no se les permitía tocar en salas subvencionadas con fondos públicos ni en la radio. Tampoco cobraban derechos de autor. A partir de 1941, los judíos fueron excluidos de la Orquesta Nacional e incluso se les prohibió escuchar la radio.

Para evitar esto, algunos judíos protagonizaron acciones violentas de resistencia, como el intento de sabotaje a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Berlín el 19 de mayo de 1942 en Lyon. Otros, como el compositor polaco-francés Norbert Glanzberg, encontraron la manera de burlar las reglas vendiendo canciones directamente a cantantes como Edith Piaf. Otros judíos trabajaron para preservar la música judía a través de una red de conciertos clandestinos bajo tierra. Los conciertos dedicados a las obras de Darius Milhaud tuvieron lugar en la Francia ocupada y en Provenza y estuvieron organizados por Henri Dutilleux y Manuel Rosenthal, el Príncipe y la Princesa de Polignac y la condesa Pastré, entre otros.

La condesa Pastré emprendió una serie de proyectos para ayudar a los músicos judíos. Albergó a cuarenta músicos en su castillo durante la guerra y en 1940 fundó la Association pour que l’esprit vive (Asociación para mentes agudas), donde los artistas encontraban refugio y a su vez podían participar de conciertos y conferencias sobre el renacimiento de la cultura. Entre los músicos que frecuentaban su casa estaba Georges Auric, quien participaba de actividades de resistencia. Los conciertos incluían obras de Martinu, Mihalovici, Honegger y Mozart, para quienes se celebró un festival en 1942. La condesa Pastré quiso honrar la espiritualidad de Mozart en lugar de la imagen de genio alemán enfatizada por la propaganda nazi. En julio de 1942 la condesa puso en escena la producción Songe d’une nui d’été (“Sueño de una noche de verano”) de Jacques Ibert (considerado un músico judío por el estado de Vichy) con la orquesta nacional dirigida por el director de orquesta judío Manuel Rosenthal. En un clima de recursos limitados, en el castillo se hicieron disfraces con cortinas para los cincuenta y dos actores. Después de la guerra, la condesa continuó desempeñando un papel importante y organizó un festival en honor a Mozart en Aix-en-provence en 1948.

Otra importante defensora y protectora de los músicos judíos fue Marguerite Fournier, quien hospedó en su casa a artistas como Martinu y Charles Munch en 1940 y también organizó conciertos de obras francesas como Cantate du Narcisse (La Cantata de Narciso) de Tailleferre. Asimismo, Cecile de Valmalete creó Les heures musicales (Las horas musicales) para ayudar a los refugiados. Recibió a intérpretes, artistas y oradores para discutir sobre música clásica, organizó un concierto de canciones compuestas por el poeta Jacques Prévert y el compositor húngaro-francés Joseph Kosma en 1942  y ese mismo año también abrió una escuela privada. Todos estos individuos excepcionales brindaron una libertad controlada para los judíos y los refugiados durante la ocupación, y protegieron y garantizaron la supervivencia de la música judía a pesar de su censura por parte de los nazis.


Por Daisy Fancourt

Referencias

Alviset, Josette ‘La programmation musicale à Vichy: Les apparences de la continuité’ La Vie Musicale Sous Vichy, ed. Chimenes, (Brussels, 2001)

Curtis, Michael Verdict on Vichy: Power and Prejudice in the Vichy France Regime (London, 2002)

Krivopissko, Guy and Virieux, Daniel ‘Musiciens : une profession en résistance ?’ La Vie Musicale Sous Vichy, ed. Chimenes, (Brussels, 2001)

Sprout, Leslie ‘Les commandes de Vichy, aube d’une èra nouvelle’ La Vie Musicale Sous Vichy, ed. Chimenes, (Brussels, 2001)