Hans Joachim Moser, hijo del respetado violinista Andreas Moser, nació en 1889 y a temprana edad mostró interés por la música. Luego de servir en el ejército en la Primera Guerra Mundial, se convirtió en profesor de musicología en la Universidad de Halle y luego consiguió trabajo en Heidelberg y Berlín. Años antes de que llegaran los nazis al poder, Moser expresó muchos miedos ultraconservadores que eran comunes en esa época. Escribía quejas sobre la creciente urbanización, culpaba a los Estados Unidos y a los judíos por transformar la música en un recurso y estaba preocupado por el destino de la música eclesiástica en esa sociedad cada vez más laica. Como nacionalista que era, estaba orgulloso por el hecho de que Alemania, a pesar de la inflación del período de entreguerras y de la destrucción ocasionada por la Primera Guerra Mundial, tuviera más instituciones musicales per cápita que cualquier otro país del mundo. Durante los años de la República de Weimar, defendía la centralización de la escena musical alemana por medio de una cámara nacional de música, convencido de que

Si Alemania posee un arte y una profesión que ejercen total influencia, a pesar de toda la enemistad y distancia que hay en el mundo, estos son la música alemana y el compositor (en segundo lugar sólo para nuestras ciencias). Uno no debe permitir que esta arma verdaderamente pacífica y noble se oxide por falta de uso.

Si bien era la corriente de pensamiento, estas ideas al principio no eran muy populares entre los nazis, quienes obligaron a Moser a renunciar de su puesto poco tiempo después de subir al poder. Sin embargo, su compromiso para con el pueblo alemán y para defenderlo de los ataques “degenerados” hizo que finalmente los nazis lo aceptaran: en 1938 lo convirtieron en el representante musical del Ministerio de Propaganda y luego lo ascendieron a secretario general. Además de su carrera activa en el mundo editorial, Moser también pertenecía a la Ahnenerbe (“Sociedad de la Herencia Ancestral Alemana”), una rama de las SS. Dicha sociedad era un movimiento multidisciplinario dedicado a comprender más profundamente la raza aria. Además de escritores, antropólogos y folcloristas, había varios musicólogos que exploraban la historia musical a través de una óptica racista. La casa editorial que manejaba dicha sociedad era activa y Moser, con muchos otros musicólogos, escribía mucho para ella.

En su lucha por mantener a su amplia familia, Moser solicitó un puesto permanente en la Ahnenerbe. Sin embargo, cuando revisaron sus antecedentes, vieron que en 1934 había escrito cosas positivas sobre algunos compositores judíos en un diccionario musical. Este comportamiento traicionero estaba enfatizado por una falsa entrada en el “Diccionario de judíos en la música” de Herbert Gerigk, que incluía a Moser como judío. Por supuesto que Moser protestó enérgicamente y fue absuelto de toda sospecha de sangre judía. No obstante ello, Gerigk continuó insistiendo por muchos años en que era judío. Estas complicaciones lo convirtieron en un empleado inadmisible de la elite de la Ahnenerbe, pero su trabajo gustaba tanto que lo incentivaron a seguir escribiendo con un seudónimo.

Luego de 1945, Moser deseaba que la música ayudara a dar fuerzas y consuelo a una Alemania derrotada. Consiguió trabajo en varios conservatorios de música y universidades en el período de la posguerra y lo premiaron con una Medalla Mozart de honor de la ciudad de Viena en 1963 por sus aportes a la musicología. Hans Joachim Moser falleció en agosto de 1967.

 

Referencias

Meyer, M., 1993. The Politics of Music in the Third Reich, New York: Peter Lang.  

Potter, P., 1998. Most German of the Arts: Musicology and Society from the Weimar Republic to the end of Hitler's Reich, New Haven: Yale University Press