En 1938, el mismo año en que la Alemania de Hitler anexó Austria, el director de orquesta de Salzburgo, de 30 años de edad, dirigió la Ópera Estatal de Berlín en una producción de Richard Wagner: Tristán e Isolda. El espectáculo fue maravilloso y el director de orquesta austríaco, Herbert von Karajan, fue ovacionado por su excelente desempeño. Inmediatamente después, firmó un contrato lucrativo con la discográfica Deutsche Grammophon. Si bien ya era miembro del Partido Nazi, von Karajan iba rumbo a convertirse en uno de los principales músicos del Tercer Reich. Sin embargo, como muchos otros músicos alemanes no judíos, von Karajan salió relativamente indemne de la Segunda Guerra Mundial y se convertiría en uno de los artistas más grabados del mundo. Todos conocían su egocentrismo y ambición, pero sus convicciones políticas eran tan ambiguas que la esfera musical de la posguerra hizo la vista gorda.

Herbert von Karajan nació el 5 de abril de 1908 en Salzburgo. Era hijo de un exitoso médico. De joven estudió música  y dirección de orquesta en su ciudad natal. En 1929, comenzó a trabajar como director de orquesta en Ulm y en 1934 fue designado Kapellmeister (maestro de capilla) en Aquisgrán, donde permaneció hasta 1941. Se unió al Partido Nazi en 1933 ó 1935 y su descubrimiento llegó en 1938, cuando surgió como el favorito de las elites nazis. En Berlín se hizo conocido como director de música contemporánea (aceptada a nivel político), particularmente de las obras de Carl Orff y Richard Strauss. Luego de una función en 1941, de la popular obra Carmina Burana, el compositor dijo con admiración: “la orquesta bajo la dirección de Karajan suena fantástica”. Von Karajan luchaba constantemente por avanzar en su carrera pero le molestaba la figura sobresaliente de Wilhelm Furtwängler, un hombre que a pesar de su ambigua relación política con el Tercer Reich era el indiscutido y máximo director de orquesta alemán. La competencia entre el joven von Karajan y Furtwängler no pasó desapercibida, pero pocos pensaban que von Karajan representaba un desafío real. Una princesa rusa exiliada escribió que von Karajan “está muy de moda y algunos suelen considerarlo mejor que Furtwängler, lo cual es un disparate. Definitivamente tiene talento y mucha pasión pero es un engreído”.

Si bien von Karajan nunca se involucró explícitamente en ningún asunto político, se benefició de la reorganización del mundo musical bajo el régimen de Hitler. Cuando Richard Strauss fue despedido por haber defendido a un libretista judío, Peter Raabe obtuvo su puesto y von Karajan, a su vez, ocupó el puesto de Raabe en la Ópera de Aquisgrán. Eventualmente, Goebbels lo incluyó en su lista de músicos “bendecidos por Dios”. Sin embargo, no fue inmune al amor inconstante del führer. En 1939, von Karajan dirigió una obra de Wagner, Die Meistersinger, que fue un fracaso total. Hitler, presente entre el público, lo tomó como una ofensa personal y teóricamente nunca lo perdonó. Todavía más escandaloso aún, von Karajan se casó con Anita Gutermann, la heredera de una fortuna textil quien tenía un abuelo judío.

A pesar de ello, lo mismo que amenazó su carrera en el Tercer Reich fue lo que la salvó cuando la guerra terminó. Después de la guerra, los soviéticos presentaron una prohibición para las funciones públicas del director de orquesta. Su ingreso voluntario en el Partido Nazi muchos años antes de que empezara la guerra era suficiente para condenarlo. Sin embargo, para 1947, se habían levantado todas las prohibiciones y pudo trabajar y dirigir orquestas libremente. La limpieza de su nombre se debió en gran medida a su esposa ‘mitad judía’: él recurrió a su condición de judía para alegar “resistencia” al Reich. Algunos historiadores creen que mintió deliberadamente para quedar absuelto luego de su proceso de desnazificación. De cualquier forma, su carrera avanzó hacia la fama y el dinero. En 1955, von Karajan comenzó a trabajar como director de música en la Filarmónica de Berlín, además de dirigir la Ópera Estatal de Viena y el Festival de Salzburgo. Trabajó en Londres y en todo el mundo. Permaneció como director artístico de la Filarmónica de Berlín hasta que se jubiló en 1989 por su delicado estado de salud. Al poco tiempo de jubilarse, von Karajan murió en Salzburgo. Fue uno de los directores de orquesta más adinerados y famosos del mundo.

Referencias

Kater, M.H., 1997. The Twisted Muse: Musicians and their Music in the Third Reich, Oxford: Oxford University Press.  

Meyer, M., 1993. The Politics of Music in the Third Reich, New York: Peter Lang.  

Morwood, J., A Good Old Stick. Review essay of Herbert von Karajan: A Life in Music by Richard Osborne. The Musical Times, 140(1867), 71-73.