El compositor Hans Pfitzner nació el 5 de mayo de 1869 en Moscú pero se mudó con sus padres de origen alemán a Alemania mientras todavía era un niño pequeño. Sus padres apoyaban su talento musical y además su padre era violinista. Luego de completar sus estudios musicales en Frankfurt, Pfitzner trabajó como docente en Berlín para mantenerse y para mantener a su familia. Su primer logro llegó en 1905, cuando se presentó su segunda ópera Rose vom Liebesgarten (La Rosa del Jardín del Amor, 1901) en Viena, bajo la dirección de Gustav Mahler. Pfitzner estaba contento con el resultado, que marcó el comienzo de su larga amistad con Mahler y su familia. Sin embargo, a pesar del éxito de la ópera, el compositor permaneció al margen del mundo musical alemán, sin el dinero ni el respeto que él sentía que merecía.

Recién cuando estaba por cumplir cuarenta años, Pfitzner obtuvo un puesto respetable: el de director de ópera y director del conservatorio de Estrasburgo en Alsacia-Lorena. Al dirigir las funciones en esta lejana base occidental de la cultura alemana, Pfitzner se vio como un baluarte que defendía la nación alemana, los valores y la cultura contra una Francia “degenerada” y “corrupta”. Quizás su mejor composición, la ópera Palestrina, se estrenó en 1917, mientras estaba aquí. La ópera fue recibida con entusiasmo y contribuyó con el desarrollo de un culto de seguidores de esta “genialidad no reconocida”. La guerra, sin embargo, interfirió con su esperada fama y éxito nacional.

Con la derrota de Alemania en 1918, la fe espiritual y la seguridad material de Pfitzner desaparecieron. Alemania perdió Alsacia con Francia y Pfitzner tuvo que dejar atrás sus posesiones y su carrera. Éste terminó siendo un momento crucial para el compositor, quien se sintió pisoteado a nivel personal por su expulsión. Durante los años de la República de Weimar, el autodenominado ‘Hans Pfitzner, el alemán’ comenzó a tomar las armas activamente contra “los enemigos del Reich”. Cada vez más antisemita, creía que Weimar era el resultado de una conspiración judía internacional y lamentaba el hecho de que:

Durante la vergüenza y el crimen de una revolución… los trabajadores alemanes y el pueblo alemán permitían que los criminales rusos judíos los sedujeran; los entusiasmaban tanto que terminaban negando a sus héroes y benefactores alemanes.

Al ver una relación directa entre la degeneración política y racial de la era de Weimar y sus tendencias musicales modernistas, Pfitzner creía que la música alemana estaba bajo el ataque feroz de dos amenazas: la atonalidad (sentía un odio apasionado por el sistema de doce tonos y su maestro, Arnold Schoenberg) y el jazz, “la expresión musical del americanismo”. Admiraba mucho a Wagner y veía al judío como el opuesto básico del alemán, pero desarrolló una variedad más sutil de antisemitismo que diferenciaba al buen alemán nacionalista judío de los judíos extranjeros malos. No obstante ello, su lealtad siguió siendo clara. Mientras Hitler estuvo encarcelado, luego del intento de golpe fallido en Múnich, Pfitzner envió un libro con la dedicatoria 'Para Adolf Hitler, el gran alemán. De Hans Pfitzner. 1 de abril de 1924'.

Sin embargo, Pfitzner no pudo encontrar apoyo incondicional entre la elite nazi. En 1943, Goebbels escribió en su diario que Hitler “se oponía enérgicamente a Pfitzner. Lo cree mitad judío, lo cual, según sus registros personales, no es así”. En mayo de 1934, al cumplir 65 años, a Pfitzner lo ‘jubilaron’ con una jubilación ofensivamente baja. Intentó buscar reconocimiento entre empleados de menor rango dentro del Partido Nazi y se volvió activo en organizaciones nazis tales como el Frente Laboral Alemán. Se desempeñó como director de orquesta en tierras ocupadas luego del inicio de la guerra, dio conciertos para los alemanes que vivían en Polonia, Alsacia y Holanda y así ganó el patrocinio del director del Generalgouvernement, Hans Frank. Luego de varios conciertos exitosos en Cracovia, Frank le escribió una carta personal para agradecerle por su gran apoyo político-cultural puesto al servicio de la lucha del pueblo alemán en el este. A pesar de estos logros, lo consideraban poco confiable y hostil hacia los objetivos políticos del Reich. Nunca se unió al Partido Nazi y se mantuvo al margen de las políticas partidarias. Incluso ocasionalmente rechazaba requerimientos del Partido: se rehusó a condenar a algunos de los grandes artistas judíos con los que había trabajados en el pasado y rechazó un encargo de reescribir una partitura de Mendelssohn para  Sueño de una noche de verano, para lo cual adujo que él no podía mejorar la música (aunque había sido compuesta por un judío).

No obstante ello, Pfitzner fue uno de los compositores más exitosos de la época nazi y se presentó frecuentemente por toda Alemania. Si bien no obtuvo el éxito que deseaba, sobrevivió a los años de la posguerra, mejor que lo esperado. Durante su juicio de desnazificación, no fue encontrado culpable, al igual que Furtwängler, Egk y Strauss. Pfitzner falleció en Salzburgo en mayo de 1949.

Referencias

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