En 1933, el año en que Hitler subió al poder, se cumplía el 50º aniversario de la muerte del compositor Richard Wagner y hubo una conmemoración en el festival de Bayreuth bajo el nombre “Wagner y la nueva Alemania”. La conexión entre el compositor de ópera del siglo XIX y el dictador del siglo XX existió desde los inicios del Partido Nazi y se fortaleció y desarrolló durante todos los años del dominio de Hitler. Es probable que no haya ningún otro músico tan ligado al nazismo como Wagner y ninguna otra música tan contaminada con asociaciones ideológicas del Tercer Reich.

Richard Wagner nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813. Su familia pertenecía a la clase trabajadora y tenía ocho hermanos. Después de su nacimiento, la familia se mudó a Dresde y luego a Praga. De joven, el teatro captaba su atención y veía a la música como una expansión de su interés por el escenario. Decidió dedicarse a la composición e ingresó en la Universidad de Leipzig para estudiar música. El precoz casamiento con la actriz Minna Planer se debilitó dado que ambas partes incurrieron en infidelidad y el músico novato se mudó a Riga, París y luego nuevamente a Dresde, en busca de éxito artístico e intentando evitar a sus acreedores. Tuvo su primer gran éxito con la puesta en escena de su ópera Rienzi. Sin embargo, también se involucró con el movimiento nacionalista clandestino - una participación que lo forzaría a exiliarse luego de la revolución de 1848. En 1850, escribió su conocido ensayo Das Judentum in der Musik (“El judaísmo en la música”), en la cual negaba que los judíos fueran capaces de verdadera creatividad. Según Wagner, el artista judío sólo puede “hablar imitando a otros y hacer arte imitando a otros; no puede hablar, escribir o crear arte por su cuenta”.

En Zurich, Wagner sufrió dificultades económicas durante años, pero su lento ascenso hacia la fama y el dinero comenzaron con la asunción de Luis II al trono bávaro en 1864. Con el apoyo financiero del rey, volvió a Alemania (esta vez a Munich) con su esposa. También inició un romance con Cosima von Bülow que, junto con sus controvertidas óperas, dañó la reputación de Wagner y recibió presiones para abandonar Munich. No obstante ello, se casó con Cosima, con quien tuvo tres hijos. La familia se estableció en la ciudad bávara de Bayreuth, donde construyó un teatro de ópera especial para el estreno de su ciclo de cuatro óperas épicas, Der Ring des Nibelungen (“El anillo del nibelungo”). Durante estos últimos años, creció tanto su popularidad como su compromiso público con el antisemitismo. A pesar de su odio por el judaísmo, Wagner mantuvo amistades cercanas con muchos judíos y no parecía apoyar ninguna teoría racial claramente desarrollada.

Falleció de un ataque cardíaco durante unas vacaciones en Italia el 13 de febrero de 1883.

Casi cincuenta años después, el 30 de enero de 1933, Hitler fue nombrado Canciller de Alemania. Unos días después, la Sociedad Nórdico-Alemana Richard Wagner del Arte y la Cultura Germánicos publicó un comunicado a través del cual inauguraba las celebraciones de Bayreuth. Señaló que Wagner ‘les había dado a los alemanes un arte nacional independiente al haber creado Bayreuth’ y declaró que:

Así como Richard Wagner creó “El anillo del nibelungo” por fe en el espíritu alemán, la misión del pueblo alemán… es reflexionar sobre sí mismo y terminar su organización teniendo en cuenta el espíritu germánico nacional de Richard Wagner. De esta manera, todos los ideales de la Sociedad Nórdico-Alemana Richard Wagner tendrán un impacto político real en el estado, en la nación y en el mundo que nos rodea.

Con el apoyo de los grupos de presión industriales y los militares alemanes, la Sociedad Wagner promovió la música de su ídolo como símbolo de una solución a la amenaza del bolchevismo y del judaísmo y también como la representación más pura de la gloria de la raza germánica. Muchos miembros de la Sociedad también estaban involucrados en la Kampfbund für deutsche Kultur (Organización de Combate por la Cultura Alemana).

El éxito de la Sociedad al promover la música de Wagner se debió tanto a sus esfuerzos propagandísticos como a las predilecciones personales de Hitler, quien sentía una conexión muy profunda con Wagner. Ya en 1924 afirmó que veía que el futuro de Alemania se manifestaba en la música del compositor. También estaba influenciado por los escritos del yerno de Wagner, el ‘teórico racial’ Houston Stewart Chamberlain, y se hizo amigo de sus hijos, particularmente de su nuera Winifred. Luego de que Hitler se transformara en Canciller de Alemania, su fascinación por Wagner se convirtió en una especie de culto nacional. El Festival Bayreuth se usó como una oportunidad para difundir la propaganda nazi. La música de Wagner ocupaba un lugar destacado en los eventos del Partido Nazi, donde se incluían también fragmentos de Rienzi y Die Meistersinger von Nurnberg (“Los maestros cantores de Nuremberg”).

Sin embargo, es difícil determinar la naturaleza exacta de la relación entre Wagner y el nazismo. Hitler pocas veces mencionaba a Wagner en sus escritos y rara vez en público. Cuando hacía referencia a Wagner, no era en relación con el antisemitismo sino como líder alemán y visionario. Más aún, la música e ideología de Wagner no se habían adoptado a nivel general; sólo donde concordaba con las preocupaciones del nazismo: las obras como Tristán e Isolda y Parsifal, por ejemplo, fueron ignoradas. Aunque las óperas de Wagner reflejan una cosmovisión nacionalista que hace eco de la visión del nazismo, no se pueden describir como ‘música nazi’. Además, no se puede negar el impacto del compositor y sus obras sobre el dictador. Según las memorias de Hitler, fue su visión adolescente de Rienzi lo que le hizo comprender por primera vez su destino: fortalecer y unir al Reich alemán. Para cuando cumplió 50 años, pidió los originales de varias óperas de Wagner y, en contra de la voluntad de la familia del compositor, se los llevó con él a su búnker. Esta herencia pesa sobre la música y para muchos nunca podrá liberarse de la mancha que le dejó la adoración de Hitler. A Wagner todavía se lo considera controvertido hoy en día y prácticamente no se lo escucha en Israel.

Referencias

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Kater, M.H. & Riethmüller, A. eds., Music and Nazism: Art under Tyranny, 1933-1945, Germany: Laaber.  

Meyer, M., 1993. The Politics of Music in the Third Reich, New York: Peter Lang.  

Nemtsov, J. & Schroder-Nauenburg, B., Musik im Inferno des Nazi-Terrors: Judische Komponisten im "Dritten Reich". Acta Musicologica, 70(1), 22-44.  

Prieberg, F.K., 1982. Musik im NS-Staat, Frankfurt/M.: Fischer.