Jazz en el Tercer Reich

Durante la República de Weimar, el jazz conquistó Alemania y en el proceso se convirtió en un símbolo de “los felices años veinte”. Sin embargo, ya se estaban gestando protestas por parte de los conservadores nacionalistas y los círculos de derecha. Después de que Hitler subió al poder en 1933, se intensificó el conflicto por el jazz. La denominada música fremdländisch (extranjera) tenía que ser erradicada. Luego de prontas prohibiciones en este aspecto y de la creación del Reichsmusikkammer (Consejo de Música del Reich), que significaría la exclusión de los músicos judíos e impediría el intercambio artístico con músicos extranjeros, hubo una fase liberal ya que los Juegos Olímpicos de 1936 se llevaron a cabo en Berlín. A pesar del éxito del nuevo estilo de jazz, swing, y del fortalecimiento de los denominados Swingjugend (Jóvenes del Swing), llegó más represión en 1937 y 1938. Los líderes de distrito del Partido Nazi, autoridades policiales y empresarios locales comenzaron a emitir numerosos decretos donde prohibían el swing, el jazz y el baile del swing en sus respectivas regiones, ciudades o sistemas locales. Pese a estas restricciones, la presencia del jazz continuó debido a la facilidad con la cual se burlaba a los inspectores y las tendencias a favor del swing que albergaban incluso algunos funcionarios nazis.

Luego del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el boicot a los productos culturales de las denominadas naciones enemigas y la prohibición del baile también afectaron al jazz. Sin embargo, el jazz experimentó un repunte en los años de la Blitzkrieg alemana. Tanto es así que, luego de los iniciales éxitos de guerra, la prohibición del baile del swing, por ejemplo, se levantó nuevamente. Por otra parte, trajeron bandas de jazz de países ocupados por Alemania o aliados con Alemania para reemplazar a los músicos alemanes convocados por los servicios armados. Estas bandas satisfacían las demandas de música popular sincopada de la población civil y de los soldados que no estaban en el frente. Por razones económicas, el régimen nazi incluso toleró por un largo tiempo la producción y distribución de películas y discos alemanes y extranjeros con contenido de jazz. Más aún, en varias ocasiones, el swing se usaba también en propaganda extranjera. Esto ocurría, por ejemplo, en grabaciones o programas de radio de la gran banda de propaganda “Charlie y su orquesta”, que se creó por orden del Propagandaministerium (Ministerio de Propaganda) de Goebbels. Recién el 17 de enero de 1942, se prohibieron los eventos de baile públicos y privados. La derrota en Stalingrado (del 31 de enero al 2 de febrero de 1943) y la proclamación de Goebbels de “guerra total” (18 de febrero de 1943) marcaron el final de la mayoría de los lugares de actuación de las bandas de swing, que finalmente condujo a la caída del jazz también.

A pesar de todas las campañas de difamación y prohibición, como así también de la encarcelación de algunos músicos y admiradores de jazz, no se puede decir que no hubo jazz alemán en el Tercer Reich. Sostenido por músicos profesionales y amateurs, bandas de jazz y también por entusiastas admiradores de swing y coleccionistas de discos, sería más apropiado decir que el avance del jazz se vio severamente perjudicado por las condiciones políticas. Esto hizo que la supervivencia del jazz dependiera en gran medida de resquicios en las políticas culturales nazis. Dichos resquicios existían puesto que las políticas culturales del Tercer Reich con respecto al jazz y a la música relacionada con el jazz estaban caracterizadas por la coexistencia de medidas contradictorias y ambivalentes, para las cuales no existía una estrategia unificada. Dependiendo de la dinámica interna de la ideología nazi y de los desarrollos de la política extranjera, las reacciones del nazismo frente al jazz oscilaban entre proscripción y prohibición por razones ideológicas, y tolerancia y apropiación por cuestiones económicas y de mercado. Esto explica por qué los nazis no decretaron una prohibición amplia y nacional del jazz ni tampoco emitieron la ley correspondiente.

Jazz en los campos

Aunque excluido por el régimen nazi por “degenerado”, los informes de testigos históricos y sobrevivientes corroboran que el jazz y la música relacionada con el jazz se podía escuchar en varios campos nazis. Estos informes no son una excepción, ya que existían experiencias similares con prisioneros de guerra, en campos de civiles extranjeros y campos de trabajo forzado, en campos de detención policial, en campos de prisioneros en Francia de Vichy, en el campo de tránsito holandés Westerbork, y en los guetos de  Lodz, Varosvia y Vilna, sin mencionar las sesiones secretas de jazz de los miembros de Swingjugend en los campos de concentración y detención juveniles. Algunos ejemplos servirán para dejar en claro el espectro de estas actividades de jazz.

En el primer campo de prisioneros francés, en Perpiñán, en 1942, por ejemplo, el vienés Erich Pechmann, encarcelado por su fe judía, cantaba blues y además imitaba instrumentos con su voz. A pesar de estos métodos simples, como cuenta Fred Wander, Pechmann lograba levantarle el ánimo a sus queridos compañeros prisioneros:

Cuando él tocaba, todo se tranquilizaba. Mágicamente producía sonidos de una banda entera […]. Por donde Pechmann fuera, transmitía tranquilidad a esa gente asustada.

Pechmann no sobrevivió a su detención. Murió de tifus el 4 de agosto de 1944.

Por otra parte, en noviembre de 1939, un grupo de estudiantes de Checoslovaquia fundó un octeto vocal llamado “Canten, canten, niños” (Sing Sing Boys) en Sachsenhausen.  Una parte de su programa consistía en números musicales de baile muy conocidos, basados en melodías de películas con arreglo de swing. Más allá de eso, usaban composiciones con el estilo de jazz de su líder musical Karel Stancl y también canciones satíricas del Teatro Liberado de Praga, que había sido cerrado en 1938 debido a sus tendencias antifascistas. Estas canciones contenían melodías con fuerte influencia de jazz de Jaroslav Jezek y sus presentaciones fueron prohibidas por los ocupantes alemanes. Josef Sárka describió los conciertos del grupo “Canten, canten, niños” en una carta:

Las presentaciones se planeaban con regularidad: sábado, domingo, pero también espontáneamente, cuando los prisioneros mayores del campo venían de visita, por ejemplo; o durante período de recreación, cuando no había problemas en el campo o cuando había pocas posibilidades de que las SS entraran en el campo.

A veces, hasta los mismo miembros de las SS se encontraban entre el público buscando distracción. Incluso aquellos prisioneros que no tenían suficiente energía u oportunidad de estar presentes en dichos conciertos, luego de una nota de Stancl, estaban agradecidos por el ánimo y el espectáculo: “no puedo pensar en una sola aparición frente a mis camaradas que no fuera bien recibida, con satisfacción e incluso cierta cuota de agradecimiento”. Todos los miembros del grupo “Canten, canten, niños” fueron liberados por un programa de amnistía de prisioneros para la primavera de 1943.

En el campo de concentración de Buchenwald  en 1939 ya había planes para fundar un conjunto de jazz, pero recién se pudo llevar a cabo cuatro años más tarde con el apoyo del Comité Internacional del Campo de prisioneros ilegal. Esta organización había logrado ubicar prisioneros políticamente activos en posiciones clave de la burocracia del campo. Herbert Weidlich, activo administrativo, ahora podía designar a todos los músicos de la orquesta de jazz “Ritmo” al trabajo especialmente creado de “protección de transportes”. Esto daba suficiente tiempo para ensayos, que se realizaban secretamente durante el tiempo que oficialmente se destinaba al trabajo. Otra ventaja era que los músicos no estaban amenazados por tareas peligrosas o demandantes físicamente. Sobre todo, la ‘manipulación’ de traslados desde Buchenwald a otros campos garantizaba una provisión constante de personal. Con el tiempo, “Ritmo” se convirtió en una gran banda con personal multinacional que iba de amateurs a profesionales. Los prisioneros más grandes, quienes al principio habían rechazado este jazz burgués, reconocieron que las actuaciones servían para levantarle el ánimo a los prisioneros y también para camuflar los encuentros ilegales del comité del campo. Los conciertos se llevaban a cabo en cuadras específicas y, con el conocimiento de las SS, también en eventos de entretenimiento en las barracas de películas, para que allí también se pudiera escuchar jazz. A través de los músicos recién llegados y designados a la banda, los integrantes de la banda se familiarizaban con los últimos avances de estilo en el jazz. Según Jiri Zák, un piloto norteamericano que había sido baleado le contó a la banda sobre bebop y el taller de Gillespie y Parker en la calle 52.

Debido a su posición especial de “campo de espectáculos”, Theresienstadt  tenía a su disposición una extraordinaria libertad cultural y una prominente vida musical (cualitativa y cuantitativamente). Junto con las numerosas actuaciones de música clásica, había conciertos de jazz regularmente. Bedrich “Fritz” Weiss, combo de clarinetista y saxofonista de jazz, fue uno de los primeros grupos musicales que se formó allí. Además, los músicos de jazz y de baile encarcelados acompañaron espectáculos de cabaret y se agruparon para formar varias bandas. La más famosa de éstas fue “Músicos de swing del gueto”, que surgió de una banda amateur checa bajo el liderazgo del pianista Martin Roman y se convirtió en una gran banda. Su música habitualmente era rechazada por los prisioneros de mayor edad del campo, mientras que los más jóvenes, como Klaus Scheurenberg, pensaban que los músicos eran todo un éxito.

Se presentaba extraordinario “Jazz negro” […] sin la objeción de las SS. Para nosotros, gente joven, la música del Café Vienés era aburrida, pero el nuevo estilo de los “Músicos de swing del gueto” nos mantenía a flote a través de las actuaciones semanales frente al café.

Esta popularidad e incluso su actuación en una película de propaganda sobre el campo no pudieron, sin embargo, proteger a los “Músicos de swing del gueto” de la deportación a Auschwitz-Birkenau.  Aquellos que habían sobrevivido a la selección formaron el corazón de la nueva banda del campo. El guitarrista Coco Schumann habló al respecto en una entrevista:

Entonces el Kapo del campo [líder de trabajos comando] y el Lagerälteste [líder del campo] llevaron a cabo una fiesta para los Blockältesten [líderes de las barracas], etc. Y nosotros tocábamos. Ellos entraban con ropa y zapatos de mujer. Luego se embriagaban hasta estar borrachos. Uno de ellos se sacó el zapato y yo tuve que tomar champaña de ahí […]. Pero como suelen ser los criminales duros, cuando oyen música, empiezan a llorar como bebés.  

Mientras que los músicos de Theresienstadt podían crear un repertorio de jazz artísticamente ambicioso y puro, los músicos de Auschwitz se convertían en simples esclavos musicales y sus vidas dependían de la voluntad momentánea de las SS y los funcionarios. Puesto que los músicos les resultaban útiles, la banda del campo se salvó temporariamente de la cámara de gas. Luego, los músicos restantes fueron transferidos vía Berlín y Sachsenhausen al campo satélite de Dachau. Sólo algunos miembros del grupo “Músicos de swing del gueto” sobrevivieron a la Shoá.

Conclusión

Dependiendo del campo particular y la situación específica del campo, la función del jazz y de la música influenciada por el jazz variaba notablemente en los campos de concentración nazis. Por un lado, era un elemento esencial de la cultura ilegal y/o tolerada del campo; por otro lado, era un medio de propaganda y distracción para los secuaces del régimen nazi. En su propio campo de responsabilidad, algunos miembros de las SS prácticamente no se preocupaban por los lineamientos musicales del régimen. Por lo tanto, incluso el Rottenführer (un líder de las SS) Percy Broad tocó con el músico de jazz holandés en la sección de hombres de Auschwitz-Birkenau. Sólo a través de estas motivaciones diversas podía sobrevivir el despreciado jazz en los campos nazis. Asimismo, el saxofonista Miroslav Hejtmar resumió sus actuaciones con la orquesta de jazz “Ritmo” de Buchenwald:

La música que estaba totalmente prohibida por el Tercer Reich por ser “racialmente impura” se tocaba frente a un público tan multinacional en composición que bajo cualquier otra circunstancia no se habría reunido. Y todos esos oyentes entendían de qué se trataba, pero las SS no.

 

Referencias

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