Una de las publicaciones más conocidas en el mundo de la musicología nazi fue el Lexikon der Juden in der Musik (Diccionario de judíos en la música) de Herbert Gerigk. Fue tan popular que en 1943 había miles de copias circulando por todo el Reich alemán. El libro, que aparentemente incluía un listado completo de músicos judíos y mitad judíos, aprovechaba para difamar a artistas famosos de la escena musical judía, como Meyerbeer, Mendelssohn y Mahler. Gerigk fue uno de los musicólogos más influyentes de su época, honrado con el título de Leiter der Hauptstelle Musik beim Beauftragten des Führers für die Überwachung der gesamten geistigen und weltanschaulichen Schulung und Erziehung der NSDAP (“Líder del Área Musical por orden del Führer para la Supervisión de todo el Iluminismo Intelectual e Ideológico del Partido Nazi”). Su variada carrera bajo el régimen de Hitler ilustra las diversas formas en que la música estaba involucrada con la ideología nazi. Luego de la guerra, tuvo una vida confortable, como solía ocurrir con los musicólogos durante las acciones de desnazificación en la posguerra.

Gerigk nació el 2 de marzo de 1905 en la ciudad alemana de Mannheim. Aunque se oponía al jazz y a la música atonal, no hizo acusaciones racistas explícitas: con frecuencia, escribía favorable e imparcialmente sobre compositores judíos. Sin embargo, a principios de 1930, se vio un cambio firme en sus opiniones políticas. El musicólogo comenzó a preocuparse por las tendencias ‘orientales’ de la música alemana y adhirió a la teoría de que los judíos como raza eran responsables de la desilusión nacional de Alemania luego de la derrota en la Primera Guerra Mundial. Repentinamente empezó a escribir sobre antisemitismo, y así justificó su falta de éxito profesional previo. Con la esperanza de eliminar la competencia judía, que según Gerigk impedía que los ‘arios’ (como él mismo) obtuvieran reconocimiento, escribió y habló públicamente sobre sufrimiento que los judíos les causaban a los alemanes en el ámbito musical.

Gerigk se hizo famoso como un importante musicólogo nazi. De hecho, incluso en el marco de la ideología nazi, se lo conocía por ser particularmente conservador y crítico. Fue uno de los pocos nazis que condenó la popular ópera de Werner Egk, Die Zaubergeige (“El violín mágico”) y, en 1936, su dura crítica en el estreno de la ópera Carmina Burana de Carl Orff fue lo que en parte retrasó el éxito que luego obtuvo la obra. Gerigk era un trabajador entusiasta y meticuloso y su Reichsmusikkammer (Consejo de Música del Reich) fue una de las divisiones más activas de la Reichskulturkkammer (Cámara de Cultura del Reich) de Alfred Rosenberg. Sus empleados asistían a todo concierto importante de Berlín, leían publicaciones de música relevantes y le presentaban críticas de obras a Gerigk. Su pasión por obtener información de la gente lo condujo a contactar a alumnos de universidades y academias de música para reunir información sobre las políticas de los profesores. Con los años, su poder y reputación aumentaron a paso firme. Supervisó la publicación de serios estudios en musicología independientemente de la oficina de Rosenberg, que controlaba varias casas editoriales. Cuando Rosenberg tomó el control del antiguo periódico antisemita Die Musik, Gerigk finalmente encontró una vía para manifestar lo que pensaba con regularidad. En 1937, lo nombraron editor de la revista, para la cual había escrito varios artículos antisemitas.

Hacia fines de 1930, el Partido sintió la necesidad de crear una guía racial completa de la música alemana. Dado que previamente habían atravesado innumerables escándalos debido a información errónea o diccionarios incompletos (sucedió que artistas ‘arios’ fueron acusados de ser judíos y también se les permitió a músicos judíos continuar trabajando), los funcionarios del Partido querían tener un solo libro de consulta. El diccionario de Gerigk, un proyecto de gran alcance, se incluyó en la publicación del Partido Nacionalsocialista sobre “Investigación sobre la cuestión judía”. Si bien tenía errores e inexactitudes, en general era más detallado que cualquier otro trabajo previo de esa naturaleza. El libro empezaba con la orgullosa afirmación que decía:

No obstante ello, Gerigk continuó y pidió la ayuda de los lectores para que rastrearan nombres importantes. El diccionario demostró ser un trabajo de actualización permanente. En una edición posterior, Gerigk decidió extender la cobertura del libro para incluir no sólo ‘judíos’ y ‘mitad judíos’ sino también agregar a la lista negra a todos aquellos que tenían ‘sangre judía’. Como era de esperar, su diccionario desató numerosas batallas por la identidad racial. Los familiares de músicos fallecidos y, en ocasiones, los músicos vivos, solían presentar quejas por la inclusión de sus nombres en el libro de Gerigk.

En 1943, Gerigk reflexionó sobre el impacto positivo que su diccionario había tenido en la vida cultural alemana. Cuando recordaba la era anterior al nazismo, le advirtió a sus lectores que no olvidaran las épocas en que

Los alemanes estaban a punto de quedarse sin hogar en su propia tierra. Los judíos ocupaban la mayor parte de los puestos clave. Aparte de eso, los francmasones y exponentes de otras entidades políticas fuera del Estado también tenían influencia en la música. Es muy instructivo reflexionar sobre las condiciones de aquella época.

Estaba convencido de que su diccionario era una pieza fundamental para resolver este problema.

La carrera de Gerigk recibió otro empujón cuando le dieron otro ‘puesto cultural’, esta vez como parte del programa militar de expansión y conquista del Reich. En su nuevo puesto, Gerigk era responsable de robar o bien ‘recuperar’ objetos de interés musical de tierras anexadas o invadidas por Alemania. En principio estuvo en la ocupada París, donde recolectó botines de música valiosos, incluyendo autógrafos de Gluck y Wagner. También participó de viajes a Europa Occidental. Allí, se apoderó de objetos que pertenecían a coleccionistas y músicos judíos. Entre sus diversas adquisiciones había archivos de música folclórica de Minsk, Varsovia y Cracovia.

A pesar de su apoyo al régimen nazi, que estaba bien documentado, y por el papel que jugó en arruinar las carreras de cientos de músicos, Gerigk logró prosperar en los años de la posguerra. Su pasado nazi, bien documentado por sus numerosos enemigos, le prohibió obtener un puesto de tiempo completo como académico en una universidad alemana. Sin embargo, Gerigk logró un confortable nivel de vida como crítico de música en Dortmund y continuó siendo un autor activo por décadas después de la guerra: publicó una enciclopedia musical y varios artículos y libros en los años 70’. Herbert Gerigk falleció el 20 de junio de 1996 en Dortmund a los 90 años.

Referencias

Dümling, A., 2002. The Target of Racial Purity: The Degenerate Music Exhibition in Dusseldorf, 1938. In Art, culture, and media under the Third Reich, ed. Richard A Etlin. Chicago: University of Chicago Press.  

Levi, E., 1994. Music in the Third Reich, London: Macmillan.  

Meyer, M., 1993. The Politics of Music in the Third Reich, New York: Peter Lang.  

Potter, P., 1996. Musicology under Hitler: New Sources in Context. Journal of the American Musicological Society , 49(1), 70-113

Potter, P., 1998. Most German of the Arts: Musicology and Society from the Weimar Republic to the end of Hitler's Reich, New Haven: Yale University Press

Prieberg, F.K., 1982. Musik im NS-Staat, Frankfurt/M.: Fischer.  

Weissweiller, E., 1999. Ausgemerzt! : das Lexikon der Juden in der Musik und seine morderischen Folgen., Köln: Dittrich-verlag.