Richard Strauss, from a photograph by Frederick Müller, Munich. Published by Jos. Aibl.

La línea entre resistencia, colaboración y pasividad es difícil de determinar con muchos artistas que trabajaban en el Tercer Reich. Si bien algunos se comprometían públicamente con el proyecto del nazismo, otros simplemente trataban de adaptarse lo mejor que podían al nuevo régimen: apoyaban a los que estaban en el poder cuando era posible y disentían sólo cuando eran amenazados personalmente. Un ejemplo de esto último se vio en el compositor Richard Strauss, absuelto en su juicio de “desnazificación” por inocente de cualquier vínculo con el Estado Nazi. Sin embargo, fue condenado por Thomas Mann luego de la guerra como “compositor Hitleriano”. Orgulloso de no estar involucrado en la política, manifestó que “todos me pueden dar la espalda. Simplemente me sentaré aquí, en Garmisch [su hogar en Alemania], para componer; para mí, todo lo demás es irrelevante”.

Nació el 11 de junio de 1864 y fue criado en el entorno culturalmente rico de Munich del siglo XIX. Incentivado por su deseo de tocar y componer, incursionó en la música tempranamente. En 1894, se casó con Pauline de Ahna y, en 1897, tuvieron a Franz Alexander, su único hijo. Strauss logró sus primeros grandes éxitos con las óperas que compuso antes de la Primera Guerra Mundial: Salome (1905), Elektra (1909) and Der Rosenkavalier (1911), que eran muy populares. Aunque era conservador y, a veces, antisemita, Strauss frecuentemente colaboraba con el intelectual, en parte judío, Hugo von Hofmannsthal; era gran admirador de Mendelssohn y tenía muchos amigos judíos.

Una de las principales preocupaciones de Strauss era fortalecer la situación económica de los músicos de Alemania. Toda su vida luchó por que se revisara la política de derechos de reproducción, hubiera mejor seguro y protección laboral y se incrementaran los fondos gubernamentales para los músicos profesionales. Su evaluación de la política habitualmente se basaba en el apoyo a la cultura, particularmente la música, y esto aparentemente fue el origen de su inicial apoyo al Tercer Reich. Strauss fue el primer presidente del Reichsmusikkammer  (Consejo de Música del Reich) y asumió el 15 de noviembre de 1933. Aunque esperaba que el puesto le permitiera alcanzar sus amplias metas musicales para Alemania, prontamente entró en conflicto con Havemann  y Furtwängler, las otras dos figuras principales de la organización.

Además de buscar proyectos más inocuos como mejorar la educación musical y proteger el derecho de reproducción de los compositores, Strauss también intentó reemplazar los trabajos de los compositores extranjeros con producciones alemanas, incluyendo las propias. Sin embargo, se negó a participar del proceso de “arianización” del mundo musical, en especial de poner en la lista negra a los compositores alemanes judíos. Incluso, ocasionalmente, movía sus influencias para minimizar la censura artística o limitar el impacto de las políticas restrictivas. A pesar de estos conflictos ocasionales, Strauss habitualmente se llevaba bien con el Partido Nazi. Probablemente la mayor fuente de conflicto con los nazis era su ego: al verse como el último de la fila, luego de los grandes compositores alemanes Bach, Mozart, Beethoven y Wagner, Strauss dijo en una oportunidad: “Soy la última montaña de una larga cadena de montañas. Después de mí viene el llano”. Cuando cumplió 70 años, el 11 de junio de 1934, recibió retratos enmarcados autografiados por Hitler y Goebbels, dedicados “al venerable gran maestro de tono, con respetuoso agradecimiento”.

Sin embargo, las relaciones pronto se tensaron. En 1929, luego de la muerte de su libretista von Hofmannsthal, Strauss empezó a buscar un nuevo colaborador, de igual talento, y encontró al escritor judío Stefan Zweig, con quien escribió la ópera Die Schweigsame Frau (“La mujer silenciosa”) en 1934. La obra se estrenó en Dresde bajo la dirección Karl Böhm en junio de 1935. Zweig, consciente de que esa sociedad podía comprometer la posición de Strauss, intentó varias veces renunciar a su puesto de colaborador pero Strauss se rehusó. El 17 de junio de 1935, la Gestapo interceptó una carta que Strauss le escribió a Zweig, en la cual decía que su trabajo como presidente del Consejo de Música del Reich era solamente una actuación. La carta llevó a la renuncia forzada del compositor y a la cancelación de todas las producciones de ópera (la ópera que escribió con Zweig no se volvió a presentar en la Alemania nazi). Para salvar la situación, Strauss le escribió una carta personal a Hitler, donde le aseguraba que la carta a Zweig “no representa lo que pienso ni mi verdadera convicción”. Nunca recibió respuesta. Aunque simbolizó el comienzo de su caída, este episodio no marcó el final de la carrera de Strauss en la Alemania nazi. Compuso el himno de los Juegos Olímpicos de verano meses después de su despido. El resto de sus obras se siguieron presentando en toda Alemania. Hubo varios ataques contra él con relación a las acusaciones de colaboración: había firmado un manifiesto contra Thomas Mann a principios de 1933, por ejemplo y, cuando a último momento se canceló una presentación del director de orquesta judío Bruno Walter, él accedió a reemplazarlo. Sin embargo, también sufrió muchísimo en mano de los nazis.

Este sufrimiento no sólo fue profesional sino personal. La nuera de Strauss, Alice, era judía y, según la ley racial nazi, también sus nietos. Strauss logró usar sus conexiones personales para evitar que su familia fuera acosada durante la Kristallnacht en noviembre de 1933. En 1942, se mudaron a Viena, donde obtuvieron la protección del líder de las Juventudes Hitlerianas y del líder del partido en Viena, Baldur von Schirach. A pesar de ello, hacia el fin de la guerra, mientras Strauss estaba afuera, los nazis arrestaron a Alice y la mantuvieron cautiva por varios días. Strauss tuvo dificultades para conseguir su liberación y mudó a Alice y a la familia a Garmisch, donde tuvieron que acatar arresto domiciliario hasta que terminó la guerra. Además, muchos miembros cercanos de la familia de Alice fueron deportados a Theresienstadt. Strauss escribió cartas para pedir que los liberaran pero como no tuvo éxito el compositor se dirigió personalmente hasta el campo de concentración. Fue en vano. Todos murieron o fueron asesinados en Theresienstadt o en otros campos.

Richard Strauss murió el 8 de septiembre de 1949, absuelto de cualquier afiliación nazi.

Referencias

Kater, M.H., 1997. The Twisted Muse: Musicians and their Music in the Third Reich, Oxford: Oxford University Press.  

Kater, M.H., 2000. Composers of the Nazi Era: Eight Portraits, Oxford: Oxford University Press.  

Kater, M.H. & Riethmüller, A. eds., Music and Nazism: Art under Tyranny, 1933-1945, Germany: Laaber.  

Meyer, M., 1993. The Politics of Music in the Third Reich, New York: Peter Lang.  

Peterson, P. ed., Zündende Lieder - Verbrannte Musik: Folgen des Nazifaschismus für Hamburger Musiker und Musikerinnen, Hamburg: VSA-Verlag.  

Prieberg, F.K., 1982. Musik im NS-Staat, Frankfurt/M.: Fischer.